"De River no nos vamos más".

RIVER: Fabbiani y Gallardo se conocieron en la práctica y se ilusionaron con devolverle el brillo perdido a River. "Venimos a dar una mano", dicen.
Todavía no caigo. Me tengo que agrandar un poquito, je, porque estar con Gallardo es cumplir un sueño. Anoche, por suerte ya con todo arreglado, no pude pegar un ojo...".

La sonrisa de Cristian Fabbiani se esconde bajo una gorra con visera que lo protege del sol. El Ogro, una hora después de presentarse en el predio de Ezeiza para corresponder a la invitación de Gorosito a comer su primer asado con el plantel, no puede creer lo que está viviendo. Ya se abrazó con Pipo, bromeó con su ex compañero Archubi, cruzó unas palabras con Abelairas y Galmarini y tuvo química de entrada con Radamel Falcao. A minutos de sentarse bajo una arboleda para compartir los primeros chinchulines con sus nuevos compañeros, el Ogro está entusiasmado por la propuesta de Olé: juntarse con Marcelo Gallardo, uno de los ídolos de su infancia, a quien acaba de conocer. A Fabbiani lo acompaña su tío y se suma el dirigente Rodolfo Cuiña, clave en la última charla con los dirigentes de Newell's. "Hice todo lo posible, estoy feliz de estar acá. Ojalá pueda adaptarme enseguida", cuenta el delantero, que espera el arribo del otro protagonista del encuentro. Faltan minutos para el almuerzo, y al delantero se le ilumina la cara cuando aparece el Muñeco. "Las ganas y el compromiso que tuvo Cristian por la camiseta fueron espectaculares", elogia, y rompe el hielo, el 10. La habitual desfachatez de Fabbiani, esta vez, es toda timidez. Ni habla. La cámara del fotógrafo retrata el abrazo entre los primeros refuerzos de Gorosito. "Estoy con mucha ilusión, con ganas de trabajar con humildad y de ponerme bien y serle útil al equipo", arranca Marcelo. Los dos estarán ausentes mañana, en el arranque ante Colón, pero Pipo los espera. A Fabbiani para la visita a Rosario Central y a Gallardo para principios de marzo. "Estamos con ganas de laburar, de dar una mano", coinciden.

Fabbiani llegó a Ezeiza a las 11. Tras pasar por el vestuario y conocer a los utileros, caminó lentamente hacia la cancha auxiliar, como pidiendo permiso. Gorosito, sonriente, le dio una bienvenida fugaz y regresó a los trabajos, mientras que el Ogro se paró junto a un arco como espectador de lujo. "Me dijo que disfrutara. El ya me conoce de Lanús. ¿Cuándo puedo jugar? Si es por mí, me gustaría estar el domingo. No estoy bien físicamente pero las ganas superan eso. Si no, tendré que esperar hasta la segunda fecha. Por lo que vi, es un plantel muy humilde. Uno los admira, por algo están en River. Jugar con Marcelo o si se diera lo de Ariel (Ortega) sería otro sueño por cumplir", dice Cristian, entusiasmado. "¿Si soy el Barros Schelotto de River? Je, ojalá que gane la mitad de lo que logró Guillermo", destaca el jugador que ya reservó la camiseta con el 99 en la espalda. ¿Por qué? "Porque uno de mis ídolos es Ronaldo y no había otro número", cuenta.

Gallardo, camisa negra impecable, tiene una silla plegable, que deja apoyada sobre una escalera. "Tenemos que cambiar las cosas negativas por positivas. Me gusta el desafío, es uno de los más grandes de mi carrera. River tiene que recuperar la mística ganadora", dice el Muñeco luego de darse el primer gusto de este 2009: volver a practicar con el plantel.

Los elogios entre ambos van y vienen. Como también es de ida y vuelta el convencimiento de que River puede (y debe) volver rápidamente a lo más alto de la tabla. "Marcelo y yo sentimos la camiseta. El ya la vistió y yo, como hincha, con todas las ganas que tengo, queremos que a River le vaya lo mejor posible", subraya el Ogro. Y no es un deseo pasajero. Los dos sueñan con el Clausura, con la Libertadores, sí, pero también con poder marcar una época. Por eso, mientras el olor a asadito ya es indisimulable, se miran, sonríen y vuelven a coincidir. "Esto es un sueño. Y lo sabemos. Por eso, de River no nos vamos más". Es palabra de hinchas...

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