River quedó con el ánimo por el piso para jugar el Clausura

El golpe fue tremendo. A no dudarlo. Y hay una y mil muestras recogidas en la intimidad de River por Clarín en las últimas horas que el equipo vivió en Asunción, y en las primeras en las que llegó a Buenos Aires, que lo prueban. Hoy el equipo anda a los tumbos.
Y lo peor es que nadie se anima a decir adonde parará eso de andar viviendo a los machucones permanentemente. Porque eso de tocar fondo cada vez se le hace más recurrente. Y el fondo, además, cada vez parece encontrar un lugar más profundo.

Cuentan que el vestuario del Defensores del Chaco, ahí en donde River entregó la clasificación a la Copa Libertadores ante un Nacional de Paraguay ya eliminado, fue puro silencio. Que no se habló. Que ahí se decidió que por primera vez desde que es entrenador de River, el técnico Néstor Gorosito no iba a charlar con la prensa. Y que los jugadores tampoco. Hubo poco intercambio de palabras "porque si se hablaba demasiado iba a haber lío y reacciones", según le confesaron a este diario desde bien adentro de ese vestuario devastado anímicamente.

La salida del estadio fue una fila india a puro silencio desde el vestuario al micro, y desde el micro al piso 3 del Sheraton Asunción en el que el plantel cenó y descansó hasta ayer a la mañana. No hubo ni un hincha en la puerta de ese hotel para protestar. No había fuerzas para ellos que viajaron en micro o en avión desde Buenos Aires o desde el norte de nuestro país para ver a "su" River. La indignación les sacó hasta esa manera de expresarse, al menos hasta mañana cuando River sea local ante Gimnasia de Jujuy, en el Monumental desde las 19.30.

Ayer, el equipo se entrenó en el predio en el que practica la selección paraguaya a puertas cerradas. Hubo una charla entre Gorosito y sus jugadores en las que no se buscó culpables sino un poco de ánimo en ese plantel que no reacciona. De ahí fueron al aeropuerto después de un almuerzo liviano en el que tampoco hubo palabras...

Y en el aeropuerto ni una sonrisa. Ni una mirada al Free Shop --paseo clásico de los jugadores--. Nada. Y en el avión, silencio. No se comió. Apenas alguno tomó una gaseosa y nada más. Lo único que hubo fueron algunas preguntas para saber si en el aeropuerto de Ezeiza había hinchas haciendo la gran San Lorenzo y protestando...

Bajaron los pasajeros del avión y fueron a un micro; los jugadores, mientras tanto, se dirigieron a otro y esperaron allí mientras estaban custodiados por 2 patrulleros y varios policías. Ahí hubo un revuelo porque los jugadores, al confirmar que no había hinchas afuera, querían bajar por su cuenta y dirigirse a sus autos con los que el miércoles al mediodía habían llegado a Ezeiza. Finalmente, y después de varias discusiones con la policía aeronáutica, Gorosito y sus ayudantes, Borelli, Dabove y Buscaglia, más los dirigentes Israel, Cuiña y Singerman, el auxiliar Velentini, el jefe de seguridad, Miguel Arévalo, y el jefe de prensa, Ricardo Dasso, pasaron caminando por el lobby de Ezeiza mientras los jugadores dejaban el aeropuerto en micro hasta la salida del peaje que da a la Riccheri y allí les alcanzaban sus autos. Increíble.

Hoy River trata de lograr ánimos en donde no hay. Su mundo está consternado porque se vio sorprendido por algo que en realidad no lo debió sorprender. Porque lo de andar eliminado no es algo nuevo, es algo con lo que convive por más que enfrente a rivales mínimos como San Martín de Porres y Nacional de Paraguay.

Vale repasar los últimos torneos internacionales para afirmarse en esa observación: Copa Libertadores 2007: afuera en Primera ronda ante el Caracas de Venezuela al que lo sacó de su país, lo hizo jugar en Cúcuta, y al que, inexplicablemente, después de un tumulto en un partido previo al de River, le echaron 5 futbolistas por informe del árbitro. Copa Sudamericana 2007: eliminado en un mano a mano con Arsenal al que no le convirtió en 180 minutos y Daniel Passarella renunció después de ese partido. Copa Libertadores 2008: San Lorenzo, con dos hombres menos, lo dejó out después de ir perdiendo 2 a 0. Copa Sudamericana 2008: Chivas de Guadalajara, también después de ir perdiendo 2 a 0, lo eliminó en cuartos de final y renunció Diego Simeone.

Listo. No hace falta explicar nada más. Los ejemplos hablan.

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