River es puro desconcierto y no sabe cómo salir del fondo

El jueves enfrenta a Las Chivas por la Sudamericana y debe remontar un 1-2 en contra.
El hincha grita en la tribuna visitante. No para. No entiende. Ya ni insulta. Hasta esas ganas le sacaron. Por un rato se la agarró con los jugadores y pidió "huevo" y amenazó con "hacer quilombo si no ganan la Copa". Pero en la mayor parte de la tarde alentó. Sintiendo vergüenza de lo que el equipo le transmitía desde la cancha de Lanús. Perdiendo la voz solamente para demostrar que en la tribuna se vive el fútbol de otra manera...

Los dirigentes se miran sin entender. Analizan el plantel que tienen y caen en la cuenta de que en el uno por uno el de River supera a la mayoría de los clubes de Primera División. Pero el equipo va último. La crítica hacia ellos es bien dura desde varios lados. Nadie se salva por más que los nombres en la previa los avalaban.

El entrenador gesticula. Hace cambios. Mete pibes. Saca titulares. Manda unos jugadores para México adelantando el viaje para que se alejen del ambiente que hay por Núñez repleto de presión. Y apuesta a que los que se quedan acá van a reaccionar y a dar vuelta la historia. Mentira. Nada de eso pasó. El equipo fue una lágrima. No fue equipo. Habla con los periodistas en un monólogo (ver ¡Qué declaración!) en el que se echa la culpa de todo para no decir lo que siente. Sus ojos llorozos hablan... Su mano derecha vendada, también. La impotencia manda.

Los jugadores no hacen nada. Ayer jugaron pésimo. Nadie se salvó. Fueron 9 diferentes al del partido ante Newell's y dio lo mismo. Solamente Daniel Vega y Gustavo Bou repitieron desde el arranque respecto a aquél partido que terminó en empate entre semana. Vega tuvo responsabilidad en los goles. Musacchio y Merlo se comieron el arranque del primero por pasarse mal la pelota y reaccionar tarde. Tuzzio nunca cortó a tiempo y perdió en varios cruces con Sand. Gerlo metió como siempre pero por momentos le dieron la pelota a él para que fuera salida y eso no es lo suyo. El pibe Giménez es un pibe y como quiso demostrar de entrada que tiene con qué, vio una amarilla bien rápido y quedó condicionado. Galmarini y Archubi perdieron mil pelotas y los carriles fueron lo que mejor explotó Lanús, nada más que agregar. Mauro Díaz es todavía demasiado tiernito para ponerse al equipo al hombro. Bou es el único que intenta algo diferente pero la soledad en sus intentos lo hace inofensivo. Salcedo no patea al arco, no cabecea y no gana una. Barrado jugó de 5 y eso no es lo suyo, y encima perdió la pelota que derivó en el segundo gol. Rosales apareció como wing derecho pero perdió más de las que ganó y Ríos aportó sus ganas pero de poco sirvieron. La nada misma.

Los jugadores de Lanús hablaron de los de River. Blanco contó: "Los vi deconcertados, sin hablarse"; Bossio agregó: "me llamó la atención ver tan flojo a River"; y Sand fue contundente: "me da lástima ver así a River". Clarito.

Hinchas, dirigentes, técnico, y jugadores. Todos en una historia que los desconcierta. Porque River está último, en dos fechas seguidas, además, por primera vez en la historia del profesionalismo. Porque transita por la peor racha negativa de su vida futbolística con 11 partidos sin ganar. Porque la única victoria, ante Central, en la 2da fecha, ya ni se recuerda. Porque no parece que la historia cambiará en lo inmediato. Y porque perder ya no sorprende. Es costumbre.

Un dato: una vez que River perdió ante Chivas de Guadalajara 2 a 1 en el partido de ida en el Monumental, y tras jugar uno de los mejores partidos de los últimos meses, Simeone y su cuerpo técnico se propusieron lograr 7 de los 9 puntos que se venían en el torneo local para llegar a la revancha ante Chivas "con el ánimo en alza". River ganó 1 punto. Perdió ante Gimnasia de Jujuy y Lanús, y empató ante Newell's. 'Hace falta describir como está el ánimo para la revancha del jueves? No.

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