RIVER / LAMELA: EL NUEVO CRACK - "Mi espejo es Messi"

El pibe que el Barsa se quiso llevar a los 12 años creció 30 centímetros, es la promesa de las Inferiores, irá a Mendoza con Gorosito y dice: "Quiero demostrar que todo lo que se habló de mí no es mentira".
"Me encanta tirar caños y taquitos. Hago la bicicleta o invento algo. Pero los goles son goles".

Así hablaba Erik Lamela en el 2004. Y así habla ahora, sin cambiar ni un punto ni una coma. Claro que entre ambos momentos hay cuatro años de diferencia, un incipiente estirón físico y la sorpresiva convocatoria para ser parte de la Primera en la pretemporada.

"No veo la hora de que llegue el 5 de enero. Esto es un sueño, pero lo tomo con calma. Todavía no conseguí nada. Tengo muchas ganas de aprender".

A Lamela la vida ya lo curtió en el ejercicio de enfrentar el "éxito". Ese bagaje le sirve para sobrellevar todos los cambios que protagonizó en los últimos meses: pasó de suplente a titular de su categoría, fue convocado por primera vez a la Selección Sub 17 y, sin un paso previo por la Reserva, le mostraron los boletos para ir a Mendoza.

"Tuve momentos malos y supe salir adelante. Si me vuelve a pasar, me va a costar mucho menos. Aprendí de los errores".

Tenía 12 años cuando su caso recorrió el mundo. El Barcelona le ofreció 120.000 euros por temporada. Nike se sumó con una propuesta de 8.000 anuales. Sus padres escucharon. En River se desesperaron por frenar la operación. "Queremos tener a los mejores, y él es uno de ellos", decía Joan Laporta. "Es un caso de piratería", decía José María Aguilar. Y también aportaban lo suyo desde Johan Cruyff hasta Julio Grondona. En el medio, el chico padecía un raid mediático con epicentro en Videomatch. Mucho, sí.

"Hasta me cambió la vida en el fútbol. Cada vez que salía a la cancha, los rivales me volvían loco".

Ese pibito zurdo que prometía, pesaba 41 kilos y medía 1,53 metro. Hoy registra en la balanza 73 y en el centímetro, 1,83. Pero este salto no le resultó gratis. Tardó en acomodar su talento innato en su nuevo cuerpo. Su desarrollo físico fue tan pronunciado que Erik debió aprender a convivir con sus piernas largas y con un físico que resultaba extraño y gigante para lo que estaba acostumbrado a maniobrar su cabeza.

Había sufrido por ser suplente debido a la demora en su maduración ("es cierto que cuando chocaba, perdía, pero no quería quedarme afuera"). Y después, el colmo de los colmos, le tocó padecer los avatares de su crecimiento.

"Cada vez me estoy sientiendo más cómodo con mis piernas".

Era tan chiquito que en Novena casi no jugó. En Octava recuperó la motivación pero no la titularidad. Y en Séptima, sí, mostró la expresión máxima de su juego. Llegó a disfrutar de su tercer título y a anotar 13 goles en el torneo. Aunque nada iguala al último que hizo ante Gimnasia.

"Me tiraron un pelotazo, el línea cobró offside y la piqué. El arquero de ellos me empezó a insultar. Entonces, a la jugada siguiente, me la tiraron larga y probé la rabona".

Erik juega de enganche o mediapunta. Muchos observan en sus zancadas un parelelismo con el Pipita Higuaín. El mismo coincide en que todavía no tiene la explosión de su niñez. Este año ocultó una lesión en la zona lumbar porque no tenía ganas de dejar el equipo.

"Es difícil ser como Messi. Pero igual, Lionel es mi espejo".

El otro referente de Lamela es Jonathan Torres ("un distinto"), punta de Colegiales. Es que sus entrenamientos no finalizan a la hora de volver de River. En el club de padel que administra su familia o en su casa, el fútbol sigue. Es un fanático del Ascenso y también de las ligas europeas.

"Antes que nada, sueño con jugar en River. Por eso me quedé".

En River le dieron un porcentaje de una futura venta y una beca escolar para sus hermanos. Tuvo otros tratos especiales. Este año, por caso, lo eligieron especialmente para realizar un curso de entrenamiento cerebral. Esto no incidirá directamente en su manera de jugar, pero sí es una muestra de lo que genera ahora que está considerado por muchos como la gran promesa de las Inferiores de River junto con el Keko Villalba. También pasa varias horas semanales por los aparatos del gimnasio. La otra práctica la tiene en el Instituto del club, donde finalizó cuarto año con un boletín impecable aunque "me quedó Recreación para marzo".

"Barcelona y Sevilla me siguen mandando cosas. Creo que es por cariño".

Erik llegó al club en el 2000. La rompía en el baby de Drysdale y en Pedro Lozano de Devoto cuando deslumbró a Galdino Luraschi y Pepe Morales, los detectores de talentos de River. Pronto aprendió a jugar en cancha grande.

"Quiero demostrar que lo que se habló de mí no es mentira".

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