River no juega a nada

El equipo de Simeone sigue en lo más bajo de la tabla, penúltimo y a 14 puntos del líder. El técnico grita mucho desde el banco, pero no se sabe qué tiene para decir.

Una pequeña luz. Buonanotte se escapa con velocidad de Ormeño. El Enano fue uno de los puntos altos de River.

Cuando empezó el partido, River, como consecuencia del triunfo de Huracán ante Independiente producido un par de horas antes, estaba último en la tabla, mientras que Gimnasia, con apenas un par de puntos más en este Apertura, estaba en el fondo de los promedios para el descenso. Con lo cual, si uno evalúa los méritos a través de los puntos conseguidos, se enfrentaban el peor equipo del campeonato contra el peor de los últimos tres años. Con esos antecedentes uno podría imaginarse que el partido podría ser poco atractivo, aburrido, mal jugado y sin interés. Y sin embargo, en los primeros 45 minutos las cosas no fueron así: fueron mucho peores. En el segundo tiempo mejoró mucho y jugaron solamente mal, pero al menos con otra intensidad y en un espacio más amplio. En este último lapso hubo algunas situaciones de gol y aparecieron los arqueros. Todo terminó en cero, como corresponde.

En la primera mitad podrían haber prescindido perfectamente no sólo de los arcos sino de 40 metros de cancha, los últimos 20 de cada lado. Muy tímidamente se intentaba jugar desde el borde de un área hasta el otro. Gimnasia es el equipo más inofensivo del torneo, y así lo demostró anoche. River sigue sin jugar a nada y sin entrar al área con pelota dominada. Todo lo que ofreció ofensivamente fueron disparos desde fuera del área y, en la segunda parte, cabezazos de Salcedo cerca del arco. El hecho de que en la era Simeone no le hayan cobrado ningún penal a favor tiene que ver claramente con eso. No se trata de una conjura arbitral, no hay pedidos ni jugadas confusas: simplemente River no juega la pelota en el área rival. Manteniendo este, digamos, estilo, el equipo del Cholo puede jugar cinco campeonatos más y para que le den un penal a favor vamos a necesitar un ataque psicótico de un defensor rival que, sin necesidad alguna, tome la pelota con la mano.

En el segundo tiempo, como suele suceder con River, el espectáculo se hizo menos tedioso. Los jugadores se cansan del roce continuo, buscan más el arco rival y la zona media se hace de transición rápida. Así, los dos equipos intercambiaban ataques, que finalmente eran bien resueltos por los dos arqueros. A lo largo de la etapa dejó una mejor imagen el equipo de La Plata, pero no porque haya desarrollado más elegantemente el juego sino sólo porque inclinó la cancha hacia el arco de Ojeda con cierto entusiasmo. De todas maneras, da la sensación de que es dificilísimo que hagan un gol.

Lo de River es extraordinariamente desalentador. Faltan nada menos que diez fechas, la mitad y un poquito del campeonato, y ya se juega sin ningún tipo de expectativas, como si fuera diciembre, dirigiera el técnico de las inferiores y hubiera crisis en la comisión directiva. Sólo queda el torneíto internacional y el devaluado superclásico, que vendrá dentro de dos semanas, una vez superada la irritación mensual con el equipo de Basile. Es muy poco lo que River puede ofrecer en términos de capital humano a esta altura del año. El arquero Ojeda, que ha respondido siempre con solidez, Ponzio, Ferrari y un poco de Buonanotte.

El resto tiene partidos mejores y peores, pero es evidente que están muy lejos de liderar una renovación en las expectativas millonarias. Algunos casos, como el de Augusto Fernández, que arrastra una inexpresividad extrema desde hace demasiado tiempo, ya parecen camino a provocar molestias en la tribuna. No hablemos de sus posibles reemplazantes, como Barrado, Archubi o Galmarini. Sólo Mauro Rosales jugando en esa posición da muestras de manifestar algunos signos vitales. Mientras tanto, al uruguayo Robert Flores parecen no darle más oportunidades, no se sabe muy bien por qué, pues si bien no tuvo la continuidad necesaria demostró un amor por la pelota y los pases a los propios compañeros que lo hacen merecedor de más tiempo en cancha.

El técnico sigue agitándose espasmódico junto al lateral, hablando incontrolablemente a lo largo de todo el partido. No se sabe muy bien qué tiene para decir.

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