El rival del presidente afgano no se presentaría al balotaje

Abdullah amenaza con boicotear la elección de noviembre por temor al fraude.
El principal candidato presidencial opositor afgano, Abdullah Abdullah, planea boicotear la segunda ronda electoral de la semana que viene próxima frente al mandatario Hamid Karzai al anunciar hoy el retiro de su postulación. Pero ayer la secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton, le restó importancia a la medida al asegurar que el balotaje "será legítimo aún en caso de un eventual boicot de Abdullah".

La segunda vuelta en Afganistán está planea para el 7 de noviembre. "No creo que tenga nada que ver con su legitimidad. Es una elección personal que se puede tomar o no", explicó Clinton. "No sería un caso sin precedentes, otros países se confrontaron con el problema, cuando un candidato decide renunciar".

El supuesto retiro de Abdullah se debería a falta de garantías sobre la seguridad y el respeto de la legalidad. El ex canciller -que quedó en segundo lugar en la primera vuelta el 20 de agosto-, dijo esta semana que podría retirarse de la segunda vuelta a menos que fueran destituidos tres ministros del gabinete, entre ellos el de Interior, así como el presidente de la Comisión Electoral Independiente (CEI) antes de ayer, sábado.

Según las acusaciones de Abdullah estos funcionarios trabajan para favorecer la reelección de Karzai y no quieren evitar el fraude electoral como el que ensombreció los comicios de agosto y donde, según una investigación respaldada por las Naciones Unidas, hubo casi un millón de votos fabricados a favor de Karzai.

"El gobierno tiene hasta la media noche de hoy (por ayer) para cumplir con nuestras condiciones", dijo un colaborador de Abdullah. "Si estas personas no son cesadas, se volverá a jugar al mismo juego, se producirá el mismo fraude y declararán a Karzai ganador, por lo que no queremos formar parte de este proceso", aseguró.

Pero funcionarios del gobierno afgano ya dijeron que las demandas del opositor no son prácticas y, por lo tanto, no sucederán.

Con ese boicot -explicaron varias fuentes- se minaría la credibilidad de la votación y del nuevo gobierno. La crisis político en Kabul ocurre mientras el presidente estadounidense Barack Obama intenta determinar con sus asesores su estrategia en Afganistán, lo que incluye la decisión o no de aumentar o no el número de tropas.

Un gobierno afgano debilitado dificultará la decisión de Obama porque podrían todavía más en contra el respaldo público en EE.UU. al envío de más tropas. Sobre todo tras conocerse ayer que, en los últimos tres meses, más de 1.000 soldados estadounidenses resultaron heridos y en parte gravemente mutilados. La cifra -según publicó The Washington Post- equivale a una cuarta parte del número total de soldados norteamericanos heridos desde que comenzó la guerra contra el terrorismo en 2001.

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