¡Ay ay ay ay, qué risa que me da..!

BOCA: Más allá de los títulos y del rendimiento del equipo, Ischia logró algo difícil en un plantel tan numeroso: que todos los jugadores estén contentos. A lo Bianchi.
Carlos nos tenía a todos contentos, muy motivados, a los que jugaban y a los que no".

La frase se repite tanto que sí o sí termina por convertirse en una máxima, en un secreto develado evidentemente difícil de imitar, porque si lo hiciera cualquier técnico podría ser tan exitoso como Carlos, como Carlos Bianchi. El otro Carlos, sin embargo, va por el camino de su maestro y tal vez por haber estado tantos años como fiel ladero, parece haber aprendido esa enseñanza clave. Hoy, en Boca, salvo tres casos puntuales que estallaron el año pasado (ver aparte), los tiene a todos contentos.

Nexo de Bianchi con los jugadores, hombre del cuerpo técnico que más cerca estaba del grupo y que servía para amenizar el respeto que imponía el DT, ahora en su etapa como técnico principal se reencontró con varios jugadores a los que había conocido a mediados de 1998 sin títulos en su currículum y no perdió su esencia: serio a la hora de hablar en serio, divertido y bromista cuando el momento lo amerita y por sobre todo, nada distante con el jugador (llama a todos por el nombre de pila). Y en base a esa confianza ganada anteriormente, es que logra llevar adelante el funcionamiento del grupo con un buen trato entre las partes.

Ya en uno de sus primeros días en Boca, detrás de un arco, habló a solas con Palermo y Riquelme, los dos referentes principales de este equipo. Enseguida, ahí nomás, los tiene a Ibarra, Battaglia y Abbondanzieri, a quien pidió (decisión inteligente) para armonizar el vestuario y solucionar la interna. En la banca de estos peso pesados, algo que no es nada sencillo de conseguir, se sostiene el Pelado. Después, detrás de estos generales, se encolumnan las otras figuras y los más chicos. "Martín y Román ya estaban cuando llegamos en el 98. A Hugo lo trajo Carlos. Y Sebastián jugaba en la Quinta", recuerda de quienes no estaban consagrados y hoy son estrellas y lo respaldan.

La tarea más difícil, una vez logrado el consenso entre los grosos y su felicidad, es contar con el plantel más rico de la Argentina y no tener conflicto a la hora de concentrar a 20 jugadores, elegir a los 11 titulares, a los siete suplentes y a los dos que quedan afuera entre tantos nombres y juveniles que piden lugar. "Por ejemplo, no es difícil tener seis delanteros como los que tengo y concentré para el partido con Tigre. El tema es que ellos entiendan que por ahí una vez no les toca estar. Uno trata siempre de que todos se sientan importantes y deben saber que no es definitivo que hoy le toque jugar a uno y mañana a otro", explica Ischia, sobre la situación actual que le toca afrontar con Palermo, Palacio, Figueroa, Mouche, Noir y Viatri, sus tres duplas de ataque.

Una de las claves para tenerlos contentos, más allá de que todos siempre quieren ser titulares y que a nadie le gusta sentarse en el banco, es que promete y cumple. "Quedate que vas a tener más lugar", le prometió a Damián Díaz, uno de los que casi no había aparecido en el 2008, y de a poco lo fue incluyendo al menos en el banco. Lo mismo con la mayoría de los juveniles, quienes no se habían sentido a gusto con los técnicos anteriores pero sí con el Pelado. Así, cuando les cumple, ellos le responden y se muestran satisfechos. "Me dio la oportunidad de jugar muchos minutos en Boca y le estoy muy agradecido. Es el único técnico que no tuvo miedo y me puso. Por eso, si me necesita, juego de cualquier cosa", dice Pochi Chávez.

En ese rol de estar cerca del jugador también es importante su yerno y profe alterno, Diego Rousse, ya que, por una cuestión generacional, Angel Celoria no cumple esa función (sí se dedica a la planificación y tácticas) y el PF Juan Manuel Alfano se aboca más de lleno a los trabajos físicos. "Ahora también está Bianchi, que aporta seriedad y respaldo, y un día charla con un jugador, otro día con otro y así...", explican allegados al técnico.

De la misma forma funciona con los lesionados, a quienes se les acerca a charlar casi diariamente para saber de su estado. "No me hace falta decirle a Carlos que tengo ganas de jugar. Ya lo sabe. Porque siempre se acerca, me pregunta cómo estoy de la lesión y le digo que me muero por volver a atajar", cuenta Javier García, a quien el técnico no descuida pese a la llegada del Pato. Alvaro González y Paletta están en la misma situación que García y les pasa lo mismo.

"Carlos trata de tenernos a todos contentos y motivados, a los que juegan y a los que no". La respuesta también se repite con otro Carlos pero que es de la misma escuela. Con Carlos Ischia.

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