Riquelme no abrió la boca y declarará la semana próxima

Los abogados del jugador pidieron postergar la declaración para reunir más elementos.
La puerta de hierro apenas deja ver a la pelota. La Bombonera está cerrada y sólo hay hermetismo. Habrá que dar la vuelta a la manzana, por el pasaje Tomás Espora, para encontrar una hendija y poder espiar. Ahí anda Juan Román Riquelme. Está sentado en el césped junto a Javier García y Luciano Figueroa. Habla, seguramente, de bueyes perdidos. Lo hace adentro. Porque afuera, más allá de la guardia periodística y de ese grupo de hinchas que sólo quiere pedirle un autógrafo y no pedirle "huevos", nunca se lo verá. Como un fantasma, Román abandonó el estadio sin dejar rastros. Igual que el resto de sus compañeros, prefirió el silencio. A pocos días de una posible consagración local, la boca estuvo sellada.

El único que pudo escuchar al enganche fue un oficial de Justicia quien, antes del inicio del entrenamiento, le acercó una cédula de notificación a Riquelme en la cual se le comunicó que tendrá que presentarse a declarar hoy ante la Fiscalía 9, a cargo de la doctora María Florencia Zapata. Sin embargo, los abogados del futbolista solicitaron postergar la declaración para la semana próxima y así reunir elementos para su defensa. La funcionaria aceptó el pedido.

Riquelme deberá explicar por qué agredió verbalmente a Agustín Pozzetti, el pibe al que le dedicó el gol del triunfo ante Racing, el que le pidió garra, según declaró en su raid mediático. A la figura azul y oro la acusan de incitación a la violencia, ya que en el momento en que descargó toda su bronca contra el joven plateísta, otros simpatizantes se acercaron a increparlo.

En el entorno de Riquelme aseguran que la situación se exagera porque se trata de él. Y recuerdan que alguna vez Carlos Bianchi, Mauro Boselli y Rodrigo Palacio le hicieron gestos a la tribuna.

Ayer, los compañeros respaldaron a Riquelme en el medio de un debate que tuvo calor en la web: ¿Tienen derecho los hinchas a insultar a los jugadores por el sólo hecho de pagar una entrada?

Lo cierto es que, como en sus mejores tiempos, Riquelme le hizo una gambeta a la prensa y los curiosos. Dejó su camioneta en un lavadero, se subió al auto de un amigo y se presentó en el entrenamiento. Se fue con Hugo Ibarra, a quien le llevaron el coche por Wenceslao Villafañe. El club ya había resuelto cerrar las puertas por el clásico entre Huracán y San Lorenzo. Tenía la excusa perfecta para evitar que los jugadores se pronunciaran. Y Román aprovechó para irse callado. Ya tendrá mucho que hablar con la fiscal. La pena que podría caberle por la contravención va de 200 a 2 mil pesos y entre 5 y 10 días de arresto.

Comentá la nota