Ríos enfrenta la hora del cambio

Tras la derrota en las legislativas, Fabiana Ríos tiene por delante el desafío de plasmar los cambios, no solo de nombres, que anunció. Por un lado, un nuevo rumbo para políticas de gobierno que no dieron a la sociedad las respuestas que reclamaba. Por el otro, la construcción de consensos para lograr el respaldo político que le de sustento a la nueva etapa de la gestión.
El revés electoral sufrido el 28 de junio obligó a Fabiana Ríos, a su Gabinete y a los principales referentes del ARI, a admitir lo que sistemáticamente negaron hasta el día previo a los comicios: que la sociedad rechazaba la gestión de gobierno y reclamaba cambios profundos en el marco de una fuerte crisis económica.

Casi dos años después de un triunfo que hizo historia en la política provincial y nacional, el partido gobernante llegó a las elecciones confiado en que aquél discurso que garantizaba transparencia en los actos de gobierno y una nueva forma de hacer política, le permitiría seguir en la senda de la victoria. Pero Ríos plebiscitó su gestión y perdió.

El Gobierno no supo o no quiso -o ambas cosas- interpretar las señales que le daba la sociedad a través de sus representantes ya sean políticos, gremiales o sociales, e incluso a través de los medios de comunicación que en tiempos de crisis se convierten en caja de resonancia del humor social.

La incertidumbre sobre la situación económica y la falta de medidas concretas para enfrentar una coyuntura desfavorable; la falta de diálogo con la oposición, con los sindicatos y con el sector privado; la ineptitud para comunicar a la sociedad la marcha de la gestión; y las desprolijidades en las negociaciones con inversores chinos para la instalación de una planta de metanol, a contramano del discurso de transparencia enarbolado históricamente por el ARI; fueron algunas de las señales ignoradas por el Ejecutivo. Ante ello eligió el camino de la victimización a través del discurso de la herencia recibida y de la existencia del complot golpista multisectorial.

Con el resultado puesto, la gobernadora anunció cambios de hombres y políticas, y también la apertura de nuevas instancias de diálogo.

Promesas a cumplir

La primera decisión de la mandataria fue deshacerse de los ministros de Obras Públicas y de Educación, dos de las áreas que recibieron fuertes cuestionamientos a lo largo de la gestión del ARI. A Daniel Lepez la UOCRA lo acusó de "no haber hecho ni una vereda ni poner un ladrillo", pese a los rimbombantes anuncios de obras financiadas por la Nación. En tanto, Darío Vargas no supo, cuando sucedió a Daniel Rabassa, aceitar las relaciones con los docentes luego de un desgastante conflicto salarial que hasta hoy no se cerró y que sigue latente.

Sin embargo, Ríos aún no resolvió el destino de la cartera más importante en la estructura ministerial: Economía. Luego de sostenerlo a capa y espada, le aceptó la renuncia a uno de sus funcionarios más fieles, Roberto Crocianelli, pero no nombró reemplazante. Hecho llamativo en función de las urgencias de la Provincia y de los cambios drásticos que anunció.

Uno de los argumentos del Gobierno es que no encuentra el hombre con el perfil adecuado para ocupar el cargo más caliente del Gabinete, pero la realidad marca que no hay quién esté dispuesto a asumir. Por eso fue el "no" que esgrimió el secretario de Promoción Económica y Fiscal, Fabio Delamata, cuando un sector del Gobierno lo propuso como ministro.

También es llamativo que la gobernadora, en esta nueva etapa, mantenga en su cargo al ministro de Gobierno, Guillermo Aramburu, responsable de la casi total falta de diálogo que tuvo el Ejecutivo durante el primer año y medio de gestión. Y es para tener en cuenta que el secretario de Gobierno y contestador oficial de críticas, Rubén Bahntje, no es precisamente el hombre ideal para limar asperezas y suavizar relaciones.

Reforma ministerial

Mientras tanto, distintos sectores de la sociedad coincidieron en que más que nombres es necesario cambiar políticas, pero sin embargo hasta ahora no hay indicios concretos de un rotundo golpe de timón.

Quizás Ríos espera que la Legislatura le apruebe la reforma a la Ley de Ministerios, que tiene entre su punto más saliente la creación de un mega ministerio de la Producción.

Esa cartera, de acuerdo a la planificación de la gobernadora, será la encargada de plasmar la idea del ARI de modificar la matriz productiva con el objeto de que la provincia deje de ser esencialmente recaudadora de impuestos. De esta manera, Economía adquiriría un perfil netamente técnico como encargada de definir y aplicar la política económica del Gobierno.

Sin embargo, el tratamiento y la posible aprobación del proyecto se concretarán recién en agosto, siempre y cuando el Gobierno aporte la información sobre los números de la economía provincial, condición que le impuso la oposición legislativa.

Sindicatos con expectativas

La otra pata del cambio de rumbo que anunció Ríos es el rediseño de la estrategia comunicacional del Gobierno, que incluye nuevas instancias de diálogo con la oposición. Luego de un encuentro con la diputada electa Liliana Fadul, el martes será el turno de la Intersindical para reunirse con la mandataria provincial. Luego, se estima, será el turno de los municipios, de los sectores productivos, del comercio y de los partidos políticos con representación legislativa, entre otros.

Si bien es cierto que fueron varias las iniciativas dialoguistas propuestas por el Gobierno en lo que va de la gestión, muy pocas tuvieron continuidad en el tiempo, como el caso del Consejo Económico y Social.

El gran condicionante fue que el Gobierno siempre intentó imponer agendas y tiempos, limitando los espacios de debate a su propia evaluación de los resultados de los cónclaves. Acotó así toda negociación salarial y laboral al ámbito de paritarias; toda discusión sobre deudas de coparticipación a los encuentros entre equipos técnicos; toda evaluación y diagnóstico de las realidades sectoriales a mesas generales pero sin integrar posteriores mesas chicas; o toda posibilidad de acompañamiento parlamentario a las leyes requeridas, a la entrega a cuentagotas de las informaciones requeridas por la oposición. Fuera de esos ámbitos, que también supieron de altibajos, los contactos fueron casi nulos, salvo en el ida y vuelta de la confrontación mediática.

De esta manera, el Gobierno también limitó su capacidad de generar los consensos necesarios para llevar adelante la gestión con un mínimo de sustento político. En definitiva, en el poder el ARI adoptó como estrategia para la construcción política el mismo estilo confrontativo que lo llevó a convertirse en símbolo de la oposición a los gobiernos de turno.

¿Podrá ahora revertir de Ríos esta característica?, ¿podrá además cambiar el rumbo de sus políticas para dar las respuestas que la sociedad le reclama? El tiempo lo dirá, pero lo cierto es que la debacle electoral le impuso barajar y dar de nuevo, y la coyuntura de crisis no le deja mucho margen de maniobra. Más si a eso se suma que la carrera hacia 2011 ya se largó, que ya hay varios anotados con posibilidades, y que en un año y medio de gestión perdió gran parte del respaldo popular que la llevó al poder.

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