La riesgosa negativa de Alemania

Por Paul Krugman

The New York Times

NUEVA YORK.- Entonces, la situación es ésta: la economía enfrenta su peor caída en décadas. La respuesta más común a una crisis económica, es decir, reducir las tasas de interés, no está funcionando. La ayuda gubernamental a gran escala parece ser la única manera de detener la caída en picada.

Pero hay un problema: los políticos conservadores, aferrados a una ideología obsoleta -y, tal vez, apostando (equivocadamente) a que sus electores están en una buena posición para capear la tormenta- obstaculizan el camino hacia la acción.

No hablo de los senadores republicanos que torpedearon el intento de ganar tiempo para las automotrices estadounidenses, sino de la canciller alemana, Angela Merkel, y de sus asesores económicos, que se convirtieron en el mayor obstáculo para un muy necesario plan de rescate para Europa, que enfrenta una crisis tan grave como la de Estados Unidos.

Los problemas más agudos están en la periferia europea, donde las economías más pequeñas están sufriendo crisis que recuerdan mucho las pasadas de América latina y de Asia: Letonia es la nueva Argentina; Ucrania, la nueva Indonesia.

Pero alcanza también a las grandes economías europeas: Gran Bretaña, Francia, Italia y, la mayor, Alemania. Como en Estados Unidos, la política monetaria -reducir las tasas de interés- está llegando al límite. Eso deja como única forma para evitar el peor colapso desde la Gran Depresión el uso agresivo de políticas fiscales: aumentar los gastos o bajar los impuestos.

Todo el mundo advierte la necesidad de un gran estímulo fiscal paneuropeo. Todos salvo los alemanes. Merkel se convirtió en la "señora No": en caso de que se implemente un rescate europeo, ella no quiere participar. Peer Steinbrück, su ministro de Finanzas, fue incluso más allá: denunció los planes de otros países europeos y acusó a Gran Bretaña de embarcarse en "un craso keynesianismo".

Los líderes alemanes parecen creer que su economía está en buen estado y que no necesita ayuda. Están ciertamente equivocados. Sin embargo, lo peor no es la mala evaluación de su situación, sino la manera en que la oposición de Alemania está impidiendo que Europa enfrente en conjunto la crisis.

Los países europeos, individualmente, se encuentran en situación muy similar. Cualquier gobierno que actúe unilateralmente se enfrenta con la casi cierta posibilidad de endeudarse sin conseguir crear mucho empleo a nivel doméstico.

Sin embargo, para la economía europea en general, esa clase de filtración es un problema mucho menor: dos tercios de las importaciones promedio de un miembro de la UE proceden de otros países europeos. Esto significa que un estímulo coordinado ofrecería más respaldo al euro que muchos esfuerzos individuales descoordinados.

Pero es imposible que exista un esfuerzo europeo coordinado cuando su mayor economía no sólo se niega a aceptarlo, sino que además desprecia públicamente los intentos de sus vecinos de contener la crisis.

El gran no de Alemania no durará eternamente. Ifo, un respetado instituto de investigación, advirtió que ese país pronto enfrentará su peor crisis económica desde la década de 1940. Si eso ocurre, Merkel y sus ministros seguramente reconsiderarán su postura.

Pero en Europa, como en Estados Unidos, lo crucial es el tiempo. En todo el mundo, las economías caen, mientras se espera que alguien articule una política eficaz. ¿Cuánto daño se hará antes de que esa respuesta finalmente se articule?

Comentá la nota