Los riesgos de que la recuperación deje gusto a poco

Por Hernán de Goñi

Diciembre es un mes de balances. Y como tal, nos obliga a establecer una medida propia de éxitos y fracasos. Funcionarios, empresarios y analistas se preguntan si se tomaron las decisiones adecuadas o si se pudo actuar mejor.

Aunque las circunstancias cambian todos los años, una de las pocas constantes que es fácil observar es que la insatisfacción es inversamente proporcional a la ubicación en la pirámide social y de poder. El Gobierno asegura que hizo todo lo necesario y los que dependen de un salario sienten que su situación personal siempre resulta devaluada.

Es natural que haya brecha de expectativas, pero no es saludable que haya distancia entre lo sucedido y lo percibido. El 2009 se despide con un retroceso del PBI de al menos 3% por el efecto combinado de menores exportaciones, escasa inversión y una cosecha quebrada por la sequía. La recesión no fue tan fuerte como se esperaba, pero profundizó el desempleo. Fue un año malo, sí, pero se lo pronosticó terrible. EE.UU. sin duda lo pasó peor.

El 2010 va a ser un período de recuperación, pero impone tener claro el punto de partida. El Gobierno debe ser el primero en entender que sin escenarios realistas y objetivos consensuados, cualquier mejora económica seguirá dejando gusto a poco.

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