Riesgos de la intolerancia

Por: Ricardo Roa

Todo ocurrió en menos de 72 horas. El miércoles, el adjunto de Moyano había destapado el propósito real del acto de la CGT: conservar el control sindical. Y a la mañana siguiente, al mejor estilo de los 70, cargó contra la "zurda loca" de la CTA. Esa misma tarde Moyano y D'Elía anunciaban la participación de los piqueteros K. Un pacto con inconfundible olor a Kirchner. Pero alguien se asustó y Cristina pidió parar todo. Ayer Moyano le hizo caso (ver Moyano: "Sabemos convivir con todos los sectores").

Obvio, llegaron a la conclusión de que iba a causarles más costos que beneficios. Si no, era puro costo: el Gobierno iba a quedar prisionero de una operación finalmente ajena. Y pegado a dirigentes tan piantavotos como Moyano y D'Elía, que juntos son dinamita puesta en el campo propio.

Encima, podría haber enfrentamientos entre activistas piqueteros y de los gremios. Y hasta el riesgo de que la contramarcha programada por la izquierda movilizara más gente.

La Iglesia denunció ayer unas cuantas cosas que contaminan el clima social, como la conflictividad, la violencia verbal y la descalificación del que piensa distinto (ver La Iglesia dice que la "violencia verbal" debilita la democracia). Las tres estuvieron claramente expuestas en estas 72 horas.

Si hay alguien que primariamente debe preservar la tranquilidad y la tolerancia es el Gobierno. Y si hay alguien que no lo hace es el propio Gobierno, que cada vez más embiste y demoniza a cualquiera que disienta con el discurso oficial.

Lo que los Kirchner han intentado desde el primer día es que nadie les gane la calle. Y este último tiempo la han perdido por las peleas intergremiales y la que estalló por los planes sociales entre piqueteros y piqueteros y piqueteros contra intendentes. Esta última es una disputa política donde gane quien gane no cambia lo sustancial: la exclusión social seguirá como está.

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