Los riesgos del gradualismo cambiario

Por Eduardo Luis Curia

Bajo los estrépitos de la aguda debacle financiera internacional se sedimenta un cuadro recesivo mundial ?con todas sus implicancias, como las megadevaluaciones? que dispara un enorme desafío para la producción y el empleo nacionales.

Tanto más se preservarán estos factores en la medida en que logremos, en ese contexto, hacer viable nuestra economía en términos externos.

Es el famoso tema de la "restricción externa", ahora captado en medio de la pesadumbre internacional.

Para encarar la situación, simplificando, existirían dos grandes opciones: la súbita y la gradualista, y sería esta última la que estaría prevaleciendo.

La línea de separación entre ambas pasa, naturalmente, por el enfoque de la variable básica: el tipo de cambio. Según se asuma éste, así serán las consecuentes proyecciones sobre la demás políticas: por ejemplo, de ingresos, fiscal, antiinflacionaria y sobre otros retos, como el ligado a decisiones de portafolio.

Por de pronto, al gradualismo se lo justifica a través de una versión muy parcial y discutible de flotación administrada. Sus ventajas se darían en materia de precios y de reacciones de portafolio, con sus secuelas financieras y de liquidez.

Una depreciación más brusca, se dice, perjudicaría el frente de los precios empujando al alza. Además, habría tribulaciones que deslizarían depósitos y liquidez en pesos hacia el dólar. En este marco se inscribe la política del Banco Central de cortar rápido el curso alcista de la divisa, vendiendo reservas (cash y a futuro) e incitando al alza de tasas de interés (mientras se crea una "canilla" para habilitar algo de liquidez).

Resguardo insuficiente

En lo inmediato, este criterio luce exitoso: se controla el valor de la divisa y se confía en que los otros aspectos operen acorde. No obstante, en una visual más extendida, ese éxito se subordina, creemos, al desarrollo del plano real (producción, empleo y comercio exterior).

El gradualismo arranca sin el principal resorte de aliento exportador y de amparo ante las importaciones: un tipo de cambio más ajustado.

Por supuesto, quedan las medidas comerciales protectivas contra las importaciones, pero éstas deberían "exponenciarse" dada la debilidad cambiaria, lo cual no es del todo fácil (retalión, etcétera).

Además, persistiría el daño a las exportaciones. Recuérdese, de paso, que ya veníamos resignando mucha paridad real.

En definitiva: el riesgo del gradualismo es un resguardo insuficiente de la producción, del empleo y del comercio exterior del país. Es obvio que el frente fiscal también se expone.

Si este cuadro se confirmara, la perspectiva devaluatoria sería aun más forzada, reciclando los temas que se creían resueltos: ajustes anticipados de precios, presiones de portafolio hacia la divisa. ¿Contestaríamos con más tasas?

El enfoque súbito, aunque ahora en retirada, ofrecía más ventajas en la faz productiva y social, y hasta en la fiscal. Con un marco integral de política, la reacción de portafolio al respecto pudo ser puntual.

Y en cuanto a los precios, una coordinación de ingresos salariales más activa y preventiva podía ahorrar temores, y en su caso, ante algún desajuste, dar paso en el tiempo a una suma remunerativa compensatoria.

Lo clave es captar las alternativas que pesan: una de ellas, por desgracia, es la recesión y la pérdida de salarios por suspensiones y despidos.

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