Los riesgos del abrupto giro en la estrategia externa

Por: Marcelo Bonelli

La creación de un fondo para abonar la deuda externa deja atrás los planes del ministro de Economía, incrementa el aislamiento financiero y expone las reservas a embargos.

La inesperada decisión de crear un fondo para abonar la deuda externa implica un claro giro en la estrategia que anunció Amado Boudou para normalizar la presencia de Argentina en los mercados internacionales.

La medida apunta a "no cumplir" con las exigencias que pide la comunidad financiera para regularizar la situación de la economía local y a independizarse de las presiones del Fondo Monetario, el Club de París y Tesoros de naciones industrializadas, como el de Estados Unidos.

Así surge de las interpretaciones, que de la inesperada medida, se hicieron en el Fondo Monetario y también entre varios miembros del Grupo de los 20, donde existe una creciente tensión para que Argentina cumpla con algunas reglas elementales de las finanzas internacionales.

La improvisación de la decisión abrió ya demandas de fondos buitres para cobrar sus deudas de las reservas argentinas. Clarín confirmó que la medida la adoptó en soledad el ex presidente Néstor Kirchner y que fue comunicada recién a los funcionarios económicos entre el viernes pasado y el lunes. Fue un proceso de decisión similar al del pago al FMI se blanqueó totalmente en la larga reunión que la Presidenta y Kirchner tuvieron el viernes en Olivos con el jefe de Gabinete y el ministro Boudou. Antes hubo consultas con Martín Redrado y Carlos Zannini.

La resolución implica un giro y un cambio en el plan de normalización financiera que ideó y publicitó Boudou en la reunión del Fondo en Estambul y después en el G-20 de Escocia. El ministro propició un programa de seducción que incluía cuatro etapas: solucionar el tema de los holdouts; volver al mercado voluntario de deuda para abonar los vencimientos del año próximo; aceptar la revisión del FMI y acordar con el Club de París. El "atajo" que se adoptó desarticuló por completo ese programa de Boudou. Sólo quedó la postergada reapertura del canje.

Fue ese motivo -y no otro- el que obligó al ministro a exagerar el anuncio del Fondo de Garantía, para disimular el fracaso de su estrategia. Habló de erradicar las dudas de un eventual "default" de la Argentina, cuando ni aún los acérrimos críticos esperan una cesación de pagos en el 2010.

En cambio, Kirchner impulsó la medida de apropiarse de parte de las reservas del BCRA con otro objetivo: no aceptar las exigencias que la comunidad financiera le reclama a la Argentina, para prestarle a tasas razonables por debajo del 10%.

Boudou recibió advertencias de ministros y operadores financieros internacionales: mientras Argentina no haga los deberes, sólo habrá crédito caro.

Así, Kirchner se "garantiza" tener el dinero sin sobresaltos para pagar los vencimientos independizándose de las exigencias de los mercados. En otras palabras: no se van a normalizar las actuales distorsiones económicas. Kirchner evalúa también dos alternativas: usar esos fondos excedentes para adquirir parte del paquete de YPF que los españoles pretenden transferir o utilizar el efectivo para cancelar la deuda con el Club de París.

Para eso, Economía cometió una serie de tropelías. La solidez institucional del DNU es dudosa al no estar constituida la Comisión Bicameral de seguimiento de decretos de necesidad y urgencia. Pero peor aún: la apropiación de las reservas del BCRA abre la posibilidad de embargos judiciales sobre esos dineros a los que son adictos los fondos buitres.

Clarín confirmó que ayer los fondos buitres EM Limited y el MNL Capital ya hicieron una presentación concreta al juez de Nueva York. Thomas Griessa le dio curso: pidió información al Banco Central y envió exhortos a Suiza y Basilea. Martín Redrado advirtió el peligro dentro del Gobierno y exhortó a actuar con el máximo "profesionalismo" para evitar poner en jaque judicial a los dólares acumulados.

Ahora las naciones líderes del Grupo de los 20 tienen una actitud hostil hacia la Argentina. Para apaciguar esa crítica le reclaman a Cristina Kirchner medidas mínimas para cualquier economía de mercado: estadísticas creíbles, auditorías del FMI y recrear la seguridad jurídica y el clima de negocios. Se trata de reclamos similares a los de los hombres de negocios locales.

La unidad del movimiento empresario argentino se consolidó con la designación de Jaime Campos como titular de la AEA y también el aval que tuvo en la UIA la decisión de Héctor Méndez de acompañar la movilización del campo. Esa unidad asustó a la Casa Rosada y provocó una reacción oficial: ahora se quiere mostrar políticamente a la Presidenta en diálogo con los hombres de negocios.

Por eso ayer en el movimiento empresario existía malestar por la forma cómo se organiza un encuentro reservado con Cristina Kirchner. La reunión se hará en la Quinta de Olivos el martes y de ella participarían unos 40 hombres de negocios. Pero la invitación sería selectiva y discriminatoria contra algunos líderes económicos.

Así, el Gobierno intenta utilizar políticamente a esos empresarios y mostrar una supuesta adhesión de los hombres de negocios al kirchnerismo, cuando en realidad existen evidentes y fuertes criticas a su actual gestión.

La manipulación de la invitación hizo que algunos importantes hombres de negocios ya desistieran de participar. El influyente Paolo Rocca anunció que no va y se excusó con un viaje al exterior programado. La resistencia obligó ayer a algo inusual: el ministro Julio De Vido y el secretario Oscar Parrilli hicieron fuertes presiones para que los empresarios participen y no desairen a la Presidenta. Para eso le endulzaron los oídos: prometen un por ahora dudoso anuncio de Cristina Kirchner.

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