El riesgo de usar atajos es olvidar la ruta principal

Por Hernán de Goñi

Cuando Cristina Kirchner comenzó su gestión, en diciembre de 2007, empezó a regir un aumento en las retenciones dispuesto por su marido un mes antes de entregarle el bastón presidencial. La soja pasó de tributar 27,5% a 35%, con el argumento de que era necesario crear un blindaje fiscal para afrontar los desafíos de la nueva etapa.

Un año después, en octubre de 2008, se anunció la estatización de los fondos de las AFJP. Entre los justificativos ofrecidos, se admitió que la inyección de recursos que iba a recibir el Estado ayudaría a despejar la incertidumbre sobre el cumplimiento de sus obligaciones financieras. El mismo objetivo había guiado la promesa de pagar al Club de París con reservas, plan que cayó en el olvido cuando la crisis financiera terminó en estallido global.

En 2009 se anunciaron operaciones de canje y la oferta a los bonistas que habían quedado en default. ¿Cuál es la lectura? Hace dos años que el Gobierno viene buscando atajos que le permitan dar certidumbre financiera a los tenedores de deuda. La aparición de nuevos planes revela que hasta el momento no ha conseguido satisfacer esa expectativa. La salida presentada ayer probablemente resuelva el 2010. Pero no quita la impresión de que en un año habrá que sacar otra idea de la galera.

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