El riesgo de salvar a los moribundos

Roger Cohen

The New York Times

NUEVA YORK.- Yo solía vivir en Miami y volar por Pan Am para cubrir diversos acontecimientos: la caída de Pinochet, los levantamientos en la Argentina, el trillonario índice de inflación en Brasil. Mejor que no nos olvidemos: las cosas han mejorado en América latina. Pero lo que ocupa mi mente no es el estado de la región, sino más bien Pan Am.

Pan Am, que había sido una importantísima línea aérea internacional de Estados Unidos desde la década de 1930, quebró en 1991. Como otras empresas estadounidenses, murió en el mercado porque cometió un error garrafal. El abandono -de gente y de empresas- siempre ha caracterizado a Estados Unidos. Nadie subsidió a US Steel o a la automotriz Packard en la convicción de que el mundo sería inconcebible sin ellos.

Al llegar a Estados Unidos desde Europa, me resultó vigorizante esa suerte de reinvención. Si se observan las 40 primeras empresas de capitalización de Europa, se verá que la mayoría de ellas están allí desde hace décadas. Pero no en Estados Unidos, la patria de Google y de e-Bay. El abandono y el descarte requieren muerte y nacimiento. La preservación artificial de lo inerte entorpece el advenimiento de lo nuevo.

Estados Unidos dejó morir a Pan Am. Italia mantiene a Alitalia con vida a pesar de que la aerolínea ha sido durante años un cadáver andante. Y ahí lo tienen: dos continentes, dos culturas empresariales. Al menos lo eran hasta hace muy poco, cuando la gravedad del colapso financiero estadounidense hizo que el Tesoro descubriera que uno de sus tabúes, el socialismo, puede resultar útil para mantener con vida a empresas.

Enfrentémoslo: el American International Group (AIG) no tendría por qué existir si el riesgo, los mercados, la transparencia, la responsabilidad y otros pilares del capitalismo significaran algo. Lo que nos lleva al drama actual protagonizado por General Motors y Chrysler, en una desesperada persecución de miles de millones de dólares del dinero de los contribuyentes que, según dicen, es esencial para su supervivencia.

Ford ha dicho que, por ahora, no necesita dinero federal para sobrevivir: de alguna manera, está en mejor estado.

Ya sé, hay cientos de miles de empleos en peligro y otros cientos de miles más de manera indirecta. Esta no es una economía que cree nuevos empleos para compensar los perdidos. ¿Por qué los trabajadores de las automotrices deberían recibir peor trato que los banqueros?

Son preguntas angustiosas. Pero igualmente angustioso es ver a Estados Unidos convertirse en la tierra del mantenimiento de vida al estilo Alitalia en vez de ser la tierra del abandono al estilo Pan Am.

Si las "Tres Grandes" han creado durante años los modelos equivocados con sus tecnologías equivocadas, mientras sus competidores se adaptaban a un mundo cambiante, al menos uno de ellos debe pagar el precio.

Barack Obama, que está a favor de un rescate reducido y estricto, ha observado: "No queremos que el gobierno dirija empresas. En general, históricamente el gobierno no ha hecho eso demasiado bien". Es cierto. La quiebra no es lo mismo que la disolución. En el campo de las aerolíneas, United Airlines, que declaró quiebra en 2002 y volvió a emerger en 2006, es un ejemplo. Si las cosas llegaran a ese punto tras la declaración de quiebra, Estados Unidos podría vivir con dos empresas automotrices en vez de tres.

Toda la crisis financiera se funda en la muerte de la responsabilidad: el ansia de dinero fácil no se detuvo. Todo el mundo se enriqueció con los valores tóxicos. Bernard Madoff es tan sólo el último ejemplo.

La irresponsabilidad también ha caracterizado a Detroit. No veo que la responsabilidad pueda restaurarse con un rescate. Obama tiene una tarea más profunda que cambiar la economía: cambiar la cultura. En vez de adoptar la idea de los subsidios europeos, debe poner miles de millones en otros ejemplos europeos más inspiradores: trenes de alta velocidad o asistencia médica universal.

Los estadounidenses siempre han vivido en una nueva frontera, al menos en su imaginación. Han sido necesarias muertes como la de la maravillosa Pan Am para que siguieran contemplando el horizonte en vez de mirarse el propio ombligo. El riesgo de salvar a los moribundos es un descuido de los más vitales? y el costo a largo plazo de eso es incalculable.

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