El riesgo de quemarse las manos

Por: Ricardo Kirschbaum

Jaqueado por las justificadas críticas de la oposición y de los sectores productivos, el Gobierno intenta ahora corregir hacia afuera la imagen del INDEC. La iniciativa parece ser sólo eso, una cuestión de apariencia, porque hacia adentro del organismo habrá "un fortalecimiento", tal como lo afirmó ayer el ministro de Economía al anunciar que la entidad que agrupa a los bancos de capital nacional integrará los consejos consultivos para controlar las estadísticas oficiales.

Boudou estuvo junto a Norberto Itzcovich, director técnico del organismo y hombre puesto allí por Guillermo Moreno. Este funcionario fue aún más lejos porque corre el riesgo de quedarse sin manos, al decir que las ponía en el fuego por la labor que viene realizando el INDEC. Eso significa que para el Gobierno todos los cuestionamientos escuchados han sido meras expresiones opositoras, y las quejas de la gente sobre los aumentos de precios de los artículos de la canasta familiar se limitan a un problema de no elegir bien lo que se compra y el lugar donde se compra.

La actitud de no reconocer que se han estado distorsionando los números de la realidad es otra señal política que envía el matrimonio Kirchner: cambiar para que nada cambie, y no atender la cuestión principal que da sustento a las acciones políticas, que es recrear confianza.

Devolverle credibilidad al INDEC, para fundamentar con seriedad los datos de la actividad económica, es una necesidad del país que excede el capricho político de no dar el brazo a torcer. Y es una oportunidad para generar el clima adecuado para estimular y atraer inversiones productivas.

El hecho de que hayan incorporado a los banqueros, aunque algunos han acompañado largo tiempo al Gobierno, significa que Boudou hace movidas para mantener vivo a un INDEC herido.

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