El riesgo de perder el tren

Por: Alcadio Ona

En 2014, Brasil tendrá el Mundial de Fútbol. Y en 2016, en Río de Janeiro, los Juegos Olímpicos. Eso significa inversiones que se miden en miles de millones de dólares, en construcciones, infraestructura, transporte urbano, hoteles y todo lo que uno pueda imaginar. Y mucho más que eso, representan oportunidades.Mientras tanto, Cristina Kirchner discutirá mañana con Lula da Silva, en Brasilia, las trabas argentinas al ingreso de una serie de bienes brasileños. Limitadas, según la versión local siempre presta a minimizar controversias. Pero por muy importante que sea proteger a la industria nacional, sólo el contraste entre lo que se negociará y las otras, colosales oportunidades revelan, aquí, incapacidad para ver algo distinto a lo más próximo. El cortísimo plazo, al fin.

Puesto de otra manera, hace mucho la Argentina debiera estar pensando en aprovechar las ventajas que ofrece Brasil: sea a través de asociaciones entre empresas, emprendimientos conjuntos o complementaciones productivas. O al revés: en cómo evitar que inversiones de aquí fuguen hacia allí o, directamente, que compañías locales pasen a manos brasileñas.

Tal cual se sabe, el riesgo de no subirse al tren a tiempo existe. Y nunca falta alguien listo para ocupar el espacio que otro no llena. Así, hasta puede desaparecer el beneficio de la cercanía.

Es parte de lo mismo el rudimentario sistema de Guillermo Moreno, que sólo autoriza importaciones contra exportaciones de igual monto. Como si fuese sencillo salir a vender de un día para el otro. Brasil considera a la Argentina un socio regional estratégico. Pero también tiene un margen de tolerancia. Y, encima, siempre discutiendo por los mismos sectores sensibles.

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