El riesgo de la municipalización eterna

En la tarde de ayer, el presidente del bloque de concejales juecistas, Walter Nostrala, invitó al secretario general del Suoem a una reunión con el pleno de su bloque.
La reunión estuvo vedada a los presidentes de los demás bancadas, y el tenor de las conversaciones pertenecen al terreno de las hipótesis, más allá del comunicado que se analiza al final de la presente columna.

Hasta enero, Nostrala fue el secretario de Gobierno de Daniel Giacomino. Renunció "fundamentalmente por la ruptura" entonces verificada entre el intendente y Luis Juez. Al ocupar la banca de concejal, estuvo en capilla un tiempo porque se había vuelto poco confiable por la Nomenclatura del Frente Cívico, hasta que súbitamente fue "rehabilitado" por el líder del fin del choreo, catapultándolo a la presidencia del bloque de concejales hasta ayer en manos de la edil Graciela Villata.

¿Fue casual este movimiento de piezas en el ajedrez del juecismo? No, en absoluto. Desde el Frente Cívico se advierte que el cotidiano agravamiento del conflicto municipal continúa minando la salud política de Juez, y que esto debe terminar cuanto antes. Nostrala ha sido comisionado para esta tarea, en reemplazo de la desorientada Villata. Sus instrucciones son simples: frenar el desgaste de su líder sin fortalecer -simétricamente- al intendente. Menuda tarea.

La encomienda recibida por Nostrala parece ser de una alquimia imposible. Si se empeña en sacarle concesiones al Suoem para evitar un mayor deterioro hacia la figura del ex Intendente, colabora para la victoria de Giacomino; si, por el contrario, exacerba las pasiones gremiales para doblegarlo, profundiza el desgaste de Juez, automáticamente asociado a Daniele. La calle parece no tener salida para el flamante presidente.

Es muy probable que la hipótesis "pacifista" del Nostrala radicara en mutuas concesiones que acallaren de buena vez este conflicto del demonio que tantos dolores de cabeza le traen a su jefe. Pero hay poderosas razones que impiden que estos deseos se concreten en lo inmediato. Todo indica que Juez deberá seguir sufriendo al ritmo de los destrozos en la ciudad. Por ahora, lo hace en silencio.

La negociación imposible

Hay frases "políticamente correctas" que asombran por lo ingenuo. Una de ellas es la necesidad que el Suoem y el Municipio se sienten a negociar. Eso, precisamente, es lo que hacen todos los intendentes desde que asumen: tienen que negociar todas sus decisiones con Rubén Daniele. El invariable resultado es que los Intendentes terminan cediendo siempre, rendidos ante el poder fáctico del cacique sindical. Aunque ésta no es la situación del actual Lord Mayor.

Giacomino no tiene demasiado margen para negociar, por más que él y sus funcionarios tengan voluntad genuina de hacerlo. El razonamiento es simple: no hay más plata; por lo tanto, no se puede continuar pagando retribuciones que no constituyen, de modo alguno, derechos adquiridos. Suele olvidarse que el núcleo de las medidas adoptadas por Giacomino radica en el recorte de horas extras y de prolongaciones de jornadas, esto es, de prestaciones excepcionales y dispuestas, en teoría, exclusivamente por el intendente. El gremio considera que este tipo de emolumentos es un beneficio sin límite temporal al que sus afiliados deben gozar en justicia, y de cuya disposición se ocupan los delegados municipales. La torpeza del razonamiento exime de mayores comentarios.

No se puede negociar algo que es facultad institucional de Giacomino. Lo señala la propia Carta Orgánica cuando sostiene -en forma bastante optimista- que el intendente es el "Jefe de la Administración". Regatear con esta potestad significa abdicar del poder investido por el pueblo de Córdoba. El propio Giacomino lo dice sin embagues hoy en LA MAÑANA: "Si doy marcha atrás, gobierna el Suoem". Esta afirmación es todo un editorial de su parte.

Por lo tanto, o el Suoem acepta los recortes impuestos o la escalada es inevitable. La negociación, en tanto se entienda como un ámbito en donde las partes ceden mutuas porciones de intereses, no es posible en tal contexto; es, apenas, una celada semántica destinada a ocultar la brutal simpleza de la ecuación que Nostrala debe resolver cuanto antes por encargo de Juez.

El gran problema es que Daniele no pretende ceder un ápice. Para que no queden dudas, profirió ayer frases de antología: "Vayan preparando todas las cárceles de Córdoba porque no les va a alcanzar para meternos a todos"; o "amenazan con echarnos (...) nosotros también le vamos a echar leña a este fuego", entre otras linduras. El gremialista no está acostumbrado a ceder nada, nunca le hizo falta. A menos que cambie el ecosistema mediático tradicionalmente vigente la ciudad, sus hábitos salvajes no se modificarán. Porque convéngase que, cuando el Suoem cometió los mismos destrozos que los del lunes contra la gestión de Germán Kammerath en medio de un país que se hundía en el caos, buena parte de la "prensa independiente" y de la opinión pública prefirió soslayar los excesos gremiales y concentrarse en los defectos del intendente. Es duro pero debe decirse: sólo si la ciudad examina críticamente su pasada tolerancia con los desmanes de este gremio podrá alentarse alguna esperanza de terminar con el "intendente paralelo" que la azota sin piedad alguna. Ojalá haya una consulta popular que permita hacer apreciar la medida exacta del hartazgo popular con estos muchachos.

El comunicado interesado

Previsiblemente, tras la reunión Frente Cívico-Suoem surgió un comunicado llamado "Compromiso por la Ciudad", sugestivo déjà vu que reafirma la condición de aliados de los participantes. Allí se requiere de Giacomino reabrir la instancia del diálogo y se recomienda a los trabajadores que manifiesten en forma pacífica, dado que los desbordes sólo benefician a quienes quieren medrar con los recortes y afectar sus derechos. El discurso es bastante claro: los concejales juecistas no quieren recortes y sólo se limitan a aconsejar moderación en la protesta. Si triunfa el gremio y el ajuste no se produce, el municipio se hunde. Y el intendente naufraga con él.

¿Qué busca, entonces, la tropa de Nostrala? ¿Persigue la desestabilización de Giacomino? Sería aventurado afirmar tal cosa, pero no escapa a nadie que el Frente Cívico ha declinado ser parte de la solución. Su única, obsesiva intención, es que el conflicto termine lo más pronto posible, pues el riesgo de la municipalización eterna de Luis Juez es ya una posibilidad concreta, un riesgo que debe ser exorcizado.

Si el Frente Cívico no es parte de la solución pero, como parece ser el caso, desea terminar cuanto antes con esta agonía, ¿cuál es el final apropiado que se imagina? Descartada la sonrisa triunfal del intendente, no quedan muchas opciones. Un Rubén Daniele con los dedos en "V" supondría asociar al juecismo con tal victoria, con la inevitable repulsa de la opinión pública. Definitivamente, sólo un hipotético gobierno de Carlos Vicente sería el bálsamo que aventaría los presentes sufrimientos, aunque todo parecería indicar que, por ahora, es un sueño inconfesable de un grupo de adolescentes en la pubertad política, muy enojados con quienes los desplazaron del municipio más importante de la provincia.

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