Ricardo quedó knock out

Desde Punta del Este el ex gobernador Ricardo Colombi quedó en la mira del millón de correntinos que no salen de su asombro por las expresiones de quien fuera primer mandatario provincial.
El furibundo ataque a Natalio Aides, no desmentido por Ricardo, lo dejó en falsa escuadra no sólo con la comunidad judía, en un momento muy especial, sino ante el común de la gente que no comparte el estilo de la agresión como forma de hacer política.

Cierto es que el spot del Gobierno fue inoportuno y hasta de mal gusto, pero ello no justifica, ni mucho menos, la reacción destemplada del ex intendente de Mercedes, Ricardo Colombi, quien con sus dichos no agredió a la persona del periodista en cuestión, sino a la comunidad judía en su conjunto, dejando en evidencia un desprecio hacia el pueblo judío difícil de comprender.

No pocos pensaban que el ex gobernador saldría a la palestra negando los dichos que fueron conocidos por boca del propio injuriado, dado que no lo fueron en una comunicación al aire, sino en una conferencia telefónica.

Por aquello de que el que calla otorga, las expresiones atribuidas a Ricardo tomaron fuerza a partir de su silencio, quien tuvo el tiempo suficiente para desmentirlas, evitando el efecto "boomerang", que excede -incluso- a la propia comunidad afectada por sus dichos.

Esta vía del silencio seguida por Ricardo no lo favorece, aunque vale la pena recordar que en los últimos meses ha hecho lo propio frente a la profusa difusión de un buscado acercamiento al matrimonio presidencial para lograr el apoyo del poder central en su pretensión de pelear la Gobernación en 2009.

Distintos medios se hicieron eco de esta intentona, a la postre fallida, de volver al redil kirchnerista, en el que supo estar y dicen no pocos periodistas -habitués del Parlamento- que el propio senador Colombi admitió "off the record" la existencia, según él, de llamados de la Casa Rosada para intentar acercarlo.

En los hechos, la cosa habría sido distinta. El interesado y gestor habría sido el propio Ricardo, quien en la pulseada final perdió frente a quien a la postre resultó el delfín en Corrientes del matrimonio presidencial, el caso de Fabián Ríos, que pasó a ocupar en plenitud ese andarivel, desplazándolo de sus pretensiones de ser investido con el poder del Gobierno central para enfrentar a la alianza gobernante.

La movida no habría sido del agrado de dirigentes de segunda línea de la UCR correntina, interesados en volver a conquistar la confianza del Comité Nacional, que nunca dejó de mirar con recelo la posición de Ricardo, quien quedó al borde de la expulsión con motivo del famoso voto en la Cámara de Diputados de la Nación a favor de la modificación de la ley del Consejo de la Magistratura.

Ahora, mientras se aguarda que por la vía judicial o por la política se habilite el proceso electoral interno que supondrá además la salida anticipada del interventor José Luis Bellia, el ricardismo ha acentuado su debate interno respecto a qué hacer, convencido -como están muchos de los dirigentes de segunda línea- que ya Ricardo no tiene la libre potestad de resolver por el conjunto.

Un intendente en ascenso, que habitualmente expresa el pensamiento de un amplio abanico del ricardismo crítico, dejó en claro que el debate hacia adentro no puede demorarse para reformular la estrategia del sector frente a lo que será un 2009 complicado, tanto en lo interno como en la general, en el que el mayor problema a resolver es la política de alianzas y la carencia de recurso

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