Ricardo Lorenzetti apuesta a la estabilidad

Ricardo Lorenzetti apuesta a la estabilidad
Mientras en el mes de marzo desde la Casa Rosada sorprendían con el adelantamiento de las elecciones legislativas el presidente de la Corte Suprema de Justicia convino con sus pares emitir una señal fuerte de previsibilidad anunciando su continuidad.
En la cena de fin de año de 2004, la Asociación de Magistrados de Santa Fe tuvo un invitado de honor: Ricardo Lorenzetti, profesor universitario y reputado abogado de Rafaela que acababa de ser designado ministro de la Corte Suprema. A la hora de los brindis, uno de los dueños de casa le apuntó. "Conocemos bien tu predisposición al diálogo, pero cuando tengas que enfrentarte a la realidad te va a venir muy bien esto que te regalamos hoy", le dijo. Lorenzetti -‘El Mono’, para sus amigos santafesinos-desenvolvió el regalo enseguida. Se rio a carcajadas: eran dos guantes de boxeo.

Nunca se los calzó tanto como le auguraron: se asentó en el cargo, a pesar de que no había sido juez antes, y supo despegarse rápido de cualquier relación previa con Cristina Fernández, que fue quien lo impulsó para el puesto. En dos años fue erigido presidente del tribunal, también bendecido por un Gobierno que gusta de exhibir las mejoras en la Corte como uno de sus logros. Desde entonces, los esfuerzos de Lorenzetti se dirigen a diseñar lo que él define como ‘políticas de Estado’ para la Justicia y a seguir marcando diferencias con el poder político.

En marzo, mientras la Casa Rosada sorprendía con el adelantamiento de las elecciones legislativas, Lorenzetti convino con sus pares emitir una señal fuerte de previsibilidad. Dejó trascender que los jueces a los que se ubica más cerca de la salida -Raúl Zaffaroni, Juan Carlos Maqueda- permanecerán en sus sillones, mientras que él continuará como presidente por tres años más. Aunque la reelección formal va a celebrarse recién en diciembre, Lorenzetti creyó conveniente salir a mostrar que su tribunal tiene agenda y criterios propios. ‘Estabilidad institucional’, lo resume.

De los tres poderes, es por lejos el que más ha hecho en este rumbo. Durante esta gestión, la Corte empezó a divulgar sus sentencias a horas de ser dictadas. Hizo accesible en su web el recorrido que siguen sus expedientes antes de cada fallo, para evitar sospechas de cajoneo, y las reuniones que los jueces mantienen con las partes. Estrenó un sistema inédito de audiencias públicas en los casos de relevancia institucional y reglamentó la posibilidad de que terceros interesados se presenten como amici curiae (amigos del tribunal), elevando los niveles de debate. Metió mano en el Cuerpo Médico Forense y en el de Auditores. Y dictó, por cierto, unos cuantos fallos importantes: el que ratifica la imprescriptibilidad de los crímenes de lesa humanidad (caso ‘Simón’), el que intenta sanear la cuenca del Riachuelo (‘Mendoza’), el que fijó nuevas reglas para el ejercicio de la libertad sindical (‘ATE’), el que ajustó los haberes jubilatorios (‘Badaro’) o el que llamó la atención sobre los presos detenidos en comisarías bonaerenses (‘Verbitsky’), por citar unos pocos. Algunos fueron tan ambiciosos que a la Corte le faltaron herramientas para monitorear su acatamiento.

De los avances más trascendentes es la creación de un Centro de Información Judicial (CIJ). La corporación de jueces fue históricamente reticente a darle publicidad a muchas de sus decisiones, que en definitiva son actos de gobierno y debieran ser públicas por regla. Ahora la Corte administra un sitio web con información actualizada (de los temas que le resultan de interés). Parte de los progresos en este sentido son hacia el interior de los Tribunales, donde resisten ciertos reductos de secretismo.

Quedan otras cuestiones pendientes. La Corte, por ejemplo, sigue tratando cantidades inmanejables de casos (unos 10 mil al año, más de 100 veces más que su par de EE.UU., según el último estudio de la Asociación por los Derechos Civiles). Además, es deseable que agilice el mecanismo para acceder a las declaraciones juradas patrimoniales de sus integrantes. Y se espera que dicte las sentencias que permitan desincriminar el uso personal de drogas y poner límites a los DNUs.

Si otra cosa ha caracterizado a la gestión de Lorenzetti es la intención clara de que los fallos de la Corte estén a la altura de las necesidades y de los problemas reales de los ciudadanos. En algún momento, también, el máximo tribunal del país deberá acercar a los magistrados al resto de la sociedad y derogar la acordada que convierte a los jueces en los únicos funcionarios que no pagan el impuesto a las Ganancias. Tal vez sea uno de los retos para la segunda etapa de Lorenzetti al frente de la Corte. El Cronista.

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