Ricardo se bambolea entre los K y la UCR

Poco dispuesto a pasar por una interna en su partido, que sería convocada a instancias de la Cámara Electoral Nacional, el ex gobernador habría buscado acercarse al kirchnerismo, del que quedó afuera a partir de la opción del matrimonio presidencial de priorizar la alianza con su primo, el actual gobernador, ahora distante.
La decisión del Congreso del sello peronista en el sentido de impulsar un candidato propio complica los planes del ex intendente de Mercedes, que habría hecho difundir la posibilidad de volver al redil del poder nacional.

Una publicación realizada el último domingo por el diario Perfil sobre la posibilidad que Néstor Kirchner apueste sus fichas, en Corrientes, por el ex gobernador Ricardo Colombi, disparó una serie de versiones y conjeturas que fueron admitidas por el ex intendente de Mercedes en distintos ámbitos, incluso frente cronistas parlamentarios, ante quienes admitió que existían conversaciones, aunque las atribuyó a una iniciativa de la propia Casa Rosada, lo cual no pareciera responder a la realidad, aunque sí que hubo contactos a instancias de Ricardo con funcionarios de segunda línea de la Jefatura de Gabinete, ante la cual este miércoles intentarían gestiones junto a otros cinco intendentes de su sector para la obtención de ATN.

En los hechos, el ex gobernador no quedó conforme con las últimas declaraciones del presidente del Comité Nacional, Gerardo Morales, quien sin cortapisas señaló que la demora en la normalización se debe a que no existe la seguridad de que radicales correntinos retomen las relaciones carnales con el kirchnerismo, de las cuales, en su momento dieron cuenta, entre otras cosas, el voto de Ricardo a la controvertida ley del Consejo de la Magistratura, que le valió algo más que un tirón de orejas de parte de las autoridades nacionales de la UCR. Fue puesto en el banquillo para que se juzgue su conducta, contraria a las directivas del Comité Nacional.

Ahora que se aguarda que finalmente sea la Justicia Electoral la que active el proceso electoral interno, satisfaciendo la pretensión aún no formalizada del radicalismo gobernante que antes de esperar el fallo de la Cámara Electoral nacional deberá requerir administrativamente ante el Comité Nacional para luego recurrir a la jueza María Servini de Cubría.

El reciente fallo del máximo tribunal del fuero electoral en la cuestión planteada por el Gobernador santiagueño, Gerardo Zamora, no hizo sino confirmar el criterio jurisprudencial de la Cámara Electoral que, en sucesivos pronunciamientos, ha acotado la facultad de las autoridades nacionales, sean del partido que fuere, de intervenir los distritos y más de mantener las mismas, cercenando la facultad de los afiliados de expresarse democráticamente por la normalización.

Por lo que se sabe, la idea del ex intendente de Mercedes no sería, precisamente, la de competir en internas, quizás sabedor de que la relación de fuerzas no lo favorece o quizás teniendo en cuenta que la pelea por el poder -con internas y tres elecciones generales- más parece asemejarse a la campaña de Napoleón a Rusia, donde el general invierno terminó por minar las ansias del todopoderoso Emperador que terminó sus días en Santa Elena.

Hasta ahora, lo cierto es que Ricardo no ha observado una clara conducta partidaria, con un ir y venir que a la postre y hasta el momento siempre le ha salido mal, acaso olvidando una de las máximas que dice que los malos pasos para que valgan en política deben ser ganadores, una suerte que desde hace tiempo le es esquiva al ex gobernador.

En este marco cobra importancia la decisión adoptada por el sello peronista el último sábado que, al actuar en sintonía con el mandato del matrimonio presidencial, en el sentido de impulsar un partidario, terminó por abortar otras movidas nacidas del propio entorno kirchnerista que apuntaba a abrir líneas de entendimiento con otras alternativas, entre ellas el propio ex gobernador Ricardo Colombi, a quien las encuestas disponibles no parecen favorecerlo, quizás porque no se lo vea como un polo de poder con envergadura suficiente como para una pelea de largo aliento.

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