La revuelta obliga a Obama a buscar un delicado equilibrio

No quiere opinar sobre política interna iraní, pero enfrenta presión para condenar la violencia
WASHINGTON.- Las masivas marchas de protesta en Irán se convirtieron en un nuevo desafío a la política de "apertura" de Barack Obama, que mide sus reacciones entre la cautela de quien quiere mejorar su vínculo con Teherán pero soporta, al mismo tiempo, presiones internas en aumento para que alce la voz contra la creciente violencia.

Encontrar la respuesta a la indignada protesta callejera de los reformistas iraníes contra el cuestionado triunfo electoral del presidente Mahmoud Ahmadinejad no es el único expediente que arde en la Casa Blanca. De hecho, la crisis iraní se suma a las condiciones puestas por Israel para aceptar un Estado palestino y al insistente desafío nuclear de Corea del Norte.

Hace 72 horas, Pyongyang ratificó sus ensayos atómicos. Ayer, la Casa Blanca respondió con el mensaje de una firme alianza entre Washington y Corea del Sur, tal como quedó reflejado en la larga jornada de trabajo que el presidente Lee Myung-bak pasó con Obama y su equipo de gobierno.

De hecho, en una conferencia de prensa conjunta, ambos líderes dejaron en claro la intención de mostrar un frente unido y firme ante Corea del Norte, al insistir en que no permitirán que Pyongyang posea armas nucleares y que no se detendrán hasta la "completa desnuclearización" de la península coreana, según dijo el líder demócrata.

"Reafirmamos la fortaleza de nuestra alianza y el compromiso de Estados Unidos con la defensa de Corea del Sur", lo que incluye la protección de Seúl mediante su paraguas nuclear, señaló Obama. "Cuando los norcoreanos vean esta firme alianza entre Washington y Seúl, lo pensarán dos veces antes de tomar cualquier medida de la que se arrepentirán", acotó Lee.

En el otro frente, el del conflicto en Medio Oriente, funcionarios de la Casa Blanca se esforzaron por mostrar el lado positivo del paso dado por el primer ministro Benjamin Netanyahu, que aceptó la existencia de un Estado palestino. Y prefirieron eso antes que entrar a evaluar las difíciles condiciones que el premier israelí puso para ese reconocimiento: entre otras, la desmilitarización palestina.

Pero la joven administración demócrata sumó en las últimas horas otro desafío de modo explosivo: el estallido de violencia en un Irán convulsionado por el resultado electoral.

Obama, que ofreció su mano y un nuevo comienzo al mundo musulmán, mide gestos y reacciones entre la intención de preservar ese objetivo diplomático. Y la creciente presión de quienes le piden que reaccione ante el impacto de las imágenes que llegan sobre la revuelta callejera.

"Si intervenimos de forma prematura en el debate político iraní, nos arriesgamos a dañar involuntariamente a los que buscamos ayudar", previno ayer Karim Sadjadpour, experto en Irán del Carnegie Endowment for International Peace.

Hasta ahora, en grado creciente y con matices en la adjetivación, la Casa Blanca se mantuvo en un discurso revelador de que observa lo que ocurre en Irán con "interés e inquietud". Pero no va más allá.

En el Congreso hay ya voces que cargan contra la "pasividad" de Obama. Y esta diatriba, como empieza a ser habitual, incluye a demócratas. "Espero que el presidente Obama y los dos partidos hablen claro y fuerte sobre lo que está pasando en Irán", clamó Joe Lieberman, que, si bien se considera independiente, tiene raíz demócrata.

"El silencio del gobierno [de Estados Unidos] sobre la brutal supresión de los derechos democráticos en Irán es un paso atrás" para la política en Medio Oriente, dijo el diputado republicano Eric Cantor.

Poco a poco, los acontecimientos han hecho subir el termómetro del discurso oficial. "Estamos profundamente preocupados por los informes sobre detenciones violentas", dijo Ian Kelly, vocero del Departamento de Estado. "Pero también debemos tener en cuenta nuestros intereses nacionales", subrayó. Poco antes, el vocero de la Casa Blanca, Robert Gibbs, había dicho: "Evidentemente seguimos inquietos ante lo que vimos".

Después de las controvertidas elecciones, Obama admitió su preocupación por el estallido de violencia y defendió "el derecho de las personas a expresarse pacíficamente".

"No pretendemos intervenir en la vida interna de Irán", se atajó Obama, y prometió, una vez más, diplomacia para mejorar la relación con Teherán. Y ése es el objetivo con el que, a esta hora, parecen tamizarse las reacciones.

Los personajes

AYATOLLAH ALI KHAMENEI

Líder supremo de Irán

* Nombrado jefe de la revolución de por vida en 1989 por un consejo de 86 religiosos, Khamenei, de 69 años, es el máximo jefe espiritual, político y militar del país. Es, además, quien designa a seis de los 12 miembros del Consejo de Guardianes, principal órgano legislativo de Irán.

MAHMOUD AHMADINEJAD

Presidente

El ultraconservador mandatario iraní llegó al poder en 2005 gracias a una campaña populista en la que prometió mejoras sociales para la clase obrera. Su gobierno ha estado marcado por fuertes choques con Occidente por su programa nuclear y su llamado a aniquilar a Israel.

ALI RAFSANJANI

Ex presidente

Es actualmente el jefe del Consejo del Discernimiento, el más alto consejo de arbitraje, y de la Asamblea de Expertos, encargada de designar al líder supremo. Es un conservador pragmático, que se acercó al campo reformador tras su derrota ante Ahmadinejad, en 2005.

MIR HOSSEIN MOUSSAVI

Líder de la oposición

Primer ministro de Irán entre 1981 y 1989, Moussavi es el principal candidato opositor derrotado por Ahmadinejad en las elecciones presidenciales. De 67 años, se define como un moderado reformista y cuenta con el apoyo de los estudiantes, que lideran la ola de protestas.

MILICIA ISLAMISTA BASIJ

Integrada por unos 90.000 voluntarios, constituye una fuerza paramilitar subordinada a la Guardia Revolucionaria Islámica, que actúa en momentos de crisis.

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