A revender que se acaba el mundo

En internet, un ticket que River entregó sin cargo a sus socios cotizaba ayer a 150 pesos; los que se vendieron en las ventanillas a 200 ya cuestan 600 y siguen en ascenso. "Soy un comerciante, no hago nada ilegal", afirma un operador de ese mercado informal.
El contraste en tan clásico como el River-Boca. En las boleterías oficiales, los hinchas hacen cuadras de cola y muchos llegan a la ventanilla apenas para ver el cartelito de "entradas agotadas". En internet, mientras tanto, se ofrecen tickets para cualquier sector del estadio, en cuotas, con tarjeta o efectivo, y –por supuesto– mucho más caros que los oficiales: una platea baja que los socios pagaron 200 pesos anteayer, se ofrece en 600. La mayoría de los vendedores se esconde, pero Crítica de la Argentina conversó con uno que defiende su rol: "Soy un comerciante", dice, "no hago nada ilegal".

En Mercado Libre, De Remate y Más Oportunidades se venden entradas de todo tipo para el superclásico. Incluso, para la popular de Boca, aunque todavía no se las entregaron ni a los socios. Las generales de River (gratis para socios) arrancan en 150 pesos. Las visitantes, más cotizadas, cuestan desde 280 pesos. Hay plateas Belgrano altas en oferta por 510 pesos; a los socios, River se las entrega sin costo contra la exhibición del carnet al día. Las Belgrano y San Martín Bajas, que se entregaron a cambio de 200 pesos, cuestan 600.

La enorme mayoría de los oferentes usa seudónimos. Hay que hacer una oferta para conocer un celular al cual llamar; las consultas anteriores son todas por internet. Y las respuestas, anónimas. Mercadotickets ofrece localidades para el superclásico a cara descubierta. Al menos, la empresa publica su teléfono y dirección, una esquina de Pilar. El dueño atiende el llamado. No quiere decir su nombre, pero sí explica a este diario qué hay detrás de la reventa superclásica.

"Yo estoy bien asesorado", dice, "y sé cómo hacer todo legalmente".

Según este vendedor, el modus operandi es enviar a sus empleados a los alrededores del estadio ("no en las inmediaciones, porque ahí sí es una contravención") a tentar a quienes consiguieron una entrada. A los socios de River, por ejemplo, que obtuvieron sus populares sin costo, les ofreció 80 pesos. El vendedor dice que aceptaron 34 personas. Y que otros buscan su ticket pensando en venderlo y lo llaman directamente. "Yo les hago firmar una hoja membretada a los que me venden sus entradas, para que se sepa de dónde las saqué", asegura el hombre. Sabiendo que su explicación suena demasiado inocente, insiste: "El que es amigo de (el presidente José María) Aguilar y las recibe por debajo de la mesa, es otra historia".

La gran ventaja de un vendedor que publica sus antecedentes es generar confianza en el comprador. Muchas de las preguntas que responden los vendedores anónimos son intentos de averiguar si no se trata de una estafa. "Quiero saber de dónde provienen las entradas", pregunta una posible compradora a alguien que tiene cero ventas realizadas y existe como vendedor desde hace dos días, "porque está lleno de entradas truchas". "Quedate tranquila que son legales", responde el vendedor desconocido, que sólo develará su teléfono una vez que la interesada haga una oferta y quede comprometida a comprar el ticket. Si no acepta, atrás vendrá otro comprador: el domingo, el estadio estará completo.

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