La revancha que Kirchner buscaba

Por Joaquín Morales Solá

Otra vez la rebelión rural está en el centro de la escena y de la política. Los propios dirigentes rurales debieron archivar ayer cualquier aire de moderación, porque en el último año nunca hubo tanto malestar como ahora entre los productores rasos del campo con el gobierno de los Kirchner. El veto presidencial a las exenciones del pago de las retenciones para los productores bonaerenses más afectados por la sequía colocó a los ruralistas en el paro y cerca de las rutas. Las cosas podrían ser mucho peores: el Gobierno analiza en reserva (aunque lo haya negado) un aumento de las retenciones a la soja, que llegarían al 45%. Hoy están en el 35 por ciento.

Los máximos dirigentes rurales se preguntaban ayer sobre el proyecto final de Néstor Kirchner. "¿Acaso está buscando el argumento de que nosotros los echamos del gobierno? No deberíamos dárselo", dijo uno de los cuatro integrantes de la Comisión de Enlace. Pero ninguno está en condiciones de garantizar la paz rural, sobre todo si se produjera un fuerte aumento en las retenciones a la soja. "Sería la declaración de una guerra nuclear", dramatizaron.

Kirchner está más pendiente de la revancha que de otros proyectos. Jamás les perdonó a los ruralistas que hayan sido los autores de su primera derrota en 20 años de política. Es posible que ahora los entrevea, también, menos fuertes o más débiles que hace un año. Sea como sea, el ex presidente prefiere esos contendientes a cualquier otro, aunque sólo fuere para conservar alzada una bandera personal.

El proyecto sobre una suba importante de las retenciones se estudió sobre la mesa de Olivos en el fin de semana último. Quedó en la mesa, pero no fue archivado. Dicen que a Néstor Kirchner le brillaron los ojos cuando le dijeron que ese aumento significaría un ingreso adicional para el Estado de cerca de 1000 millones de dólares para el presupuesto de 2010. Es cierto que el precio de la soja es el que más subió en los últimos tiempos; ahora se acerca a los 400 dólares la tonelada, según una información de hace 48 horas proporcionada por el Mercado de Chicago.

El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, desmintió ayer esa información, pero el ministro suele desmentir informaciones que después resultan ciertas. ¿No fue él quien dijo que el fútbol debía resolver los problemas del fútbol una semana antes de que se estatizaran las emisiones televisivas del fútbol? El proyecto sobre las nuevas retenciones simplemente se pospuso para permitir una siembra normal de la soja, que se hace entre septiembre y octubre, dijeron confiables fuentes oficiales. El Gobierno teme, en síntesis, que otra confiscación de la renta rural desaliente a los productores y estos decidan sembrar muy poco en la próxima campaña sojera.

Aníbal Fernández tiene otro problema, además: los dirigentes rurales le creen menos que a Néstor Kirchner. Un clima de tensión y expectativa entre la dirigencia ruralista era fácilmente perceptible ayer, luego de que trascendiera la versión sobre el aumento de las retenciones a la soja y antes, inclusive, de que las entidades declararan el nuevo paro. Un chequeo de último momento les había advertido también a esos líderes agropecuarios que el anuncio del aumento se había postergado, pero que no se había excluido definitivamente.

"Quieren fijar las retenciones a las soja en el 45 por ciento, para negociar luego el 40 por ciento", afirmó un alto funcionario oficial. La soja paga actualmente el 35 por ciento de retenciones.

El veto presidencial de ayer fue tomado, a su vez, como la revelación de que la guerra no ha cesado. Por eso, el paro. Ningún dirigente rural cree que existió un "error" de los legisladores oficialistas, sobre todo en la Cámara de Diputados. El proyecto que aprobaron por unanimidad los diputados y senadores, sobre la exención del pago de retenciones para productores de varios partidos bonaerenses, fue presentado por Francisco de Narváez en enero. Pasó por las comisiones y por los recintos de las dos cámaras; nadie advirtió nada.

"La sorpresa y el error pudieron existir en el Senado, donde el proyecto estuvo poco tiempo y venía aprobado por Diputados, pero es imposible que hayan sucedido en la cámara baja", precisó un ruralista.

Ellos creen que hubo un trasiego de favores con varios diputados para la aprobación de las facultades delegadas al Ejecutivo, que el Gobierno está desconociendo ahora. Entre esos favores habría estado la exención del pago de retenciones para los productores de la provincia de Buenos Aires.

Desenfreno

Los argumentos oficiales son poco consistentes. Pero el desenfreno no es exclusivo del Gobierno. El vicepresidente de CRA, Néstor Roulet, cometió un serio error cuando amenazó que toda la producción sojera se comercializaría en los lugares eximidos de retenciones. Eso es imposible. El beneficio abarcaba a los productores del lugar y no a cualquier productor.

"El decreto 1128 de ayer (que vetó las exenciones) se convirtió en otra resolución 125", exageró un dirigente rural. ¿En sus consecuencias económicas? No, desde ya. La similitud entre una y otra decisión radica en el hecho de que ambas abroquelaron a los distintos sectores rurales.

El efecto se sintió ayer mismo, cuando Eduardo Buzzi, jefe de la Federación Agraria, declaró que no apoyaba el proyecto de ley de arrendamiento que está en la Cámara de Diputados.

Ese proyecto, que expresa viejas ideas de la Federación Agraria, había sido motorizado por el oficialismo para dividir a la Comisión de Enlace. "No le creo a los Kirchner", disparó Buzzi; y cerró el debate: "Tampoco es ésta la oportunidad de tratar esa cuestión".

La estrategia del Gobierno parece zigzagueante: avanza en una dirección en la misma medida que retrocede. Conclusión: la dirigencia rural estaba ayer tan abroquelada como lo había estado durante el conflicto del año pasado. El paro fue su consecuencia más predecible.

Todos esos dirigentes quieren zafar de la encerrona a la que parece llevarlos Kirchner. Vuelven a hablar de Kirchner y no de Cristina.

El propio De Narváez responsabilizó personalmente al ex presidente del veto de la víspera. ¿Cuál es la encerrona? "Si aumentaran las retenciones, estaría claro que quieren volver al mismo conflicto, potenciado, de hace un año. Pero ahora el Gobierno viene de una derrota. ¿Qué están buscando? ¿Hasta cuándo podremos contener la bronca del interior? ¿Quieren la guerra total?", se preguntaba, sin respuestas, uno de los más conocidos líderes agropecuarios. "No debemos entrar en esa lógica", se resignaba, por último. La lógica de Kirchner es la de la confrontación, para ganar o para perder.

Busque lo que busque, lo cierto es que Kirchner actúa como un cazador furtivo y preciso: el campo, el fútbol y Carlos Reutemann fueron los últimos blancos de sus disparos. No hay una construcción de un futuro con ninguno de ellos. Sólo está saldando cuentas del pasado e imaginando las condiciones de su destino, político y personal.

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