"Hay que revalorizar la palabra acordar"

El representante de los sectores exportadores de fruta de la región rescató el papel que tiene el asociativismo en el sector y trasladó ese esquema a las relaciones laborales.

El presidente de la Cámara Argentina de Fruticultores Integrados, Oscar Martín, expuso su convencimiento de la necesidad de trasladar el esquema de acuerdos que es constitutivo del asociativismo en la actividad primaria regional, a las relaciones laborales de la fruticultura. Rescató los laudos y el acuerdo que se logró esta temporada con lo que se evitó un inicio con conflictos que "hubieran significado el fin de la fruticultura".

Martín es la tercera generación de productores, nació en Cipolletti y cumplió esa semana 61 años. Está orgulloso de hacer sobrevivir a la cooperativa frutícola de Neuquén con un esquema de asociativismo en una época donde todas estas entidades desaparecieron merced a la globalización.

¿Quién es Oscar Martín?

Soy hijo de productores, tanto de parte de mi madre como de mi padre. En la cultura que uno va recibiendo año a año se va nutriendo de los valores del productor y se va haciendo carne de esa realidad. Mis padres hicieron un gran esfuerzo para que estudiara, soy contador público, presidí la entidad que representa a esos profesionales en la provincia de Río Negro. Siempre estuve ligado a la producción. Desde el punto de vista profesional, mi primer cliente, por instrucciones claras de mi padre, fue la Cooperativa Frutícola de Neuquén. Trabajé también en empresas vinculadas a la industria del jugo. Fui contador y asesor del Sindicato de la Fruta, de la Obra Social del Sindicato de la Fruta. Tuve la cultura del productor de parte de mis padres y me nutrí de los aspectos económicos por mi trabajo profesional.

Existe el mito que los que trabajan la tierra intentan que sus hijos no continúen con esa tarea. ¿Cómo fue su caso?

Mi padre y mi madre siempre querían que tuviera un título. Estaba instalado "mi hijo el doctor" porque los inmigrantes no querían que sus hijos pasaran las penurias que tuvieron que pasar ellos. En ese aspecto sí, pero nunca dejaron de inculcarme el compromiso con la tierra. Mi padre era productor de lúpulo. Durante mis vacaciones trabajaba en la cosecha. Mi padre me mostró los momentos gratos y los ingratos. En la cooperativa siempre tuve el apoyo de todos, de acompañar, de compromiso. Va surgiendo un compromiso. El mejor lugar desde el punto de vista profesional fue la cooperativa, mi primer cliente profesional. En el ''97, hay que recordar esa época lo que fue para el cooperativismo por el proceso de globalización, junto con un grupo de productores jóvenes que conducíamos la cámara de productores del Limay, fui presidente de la cámara, decidimos defenderla porque es nuestra, de los productores.

¿Cuál fue la clave para sobrevivir porque todas las cooperativas desaparecieron?

Hay que recordar que durante ese período se produjo la quiebra de FACA. Participaba con la cooperativa en FACA pero desde el punto de vista del sector frutícola, vivimos de cerca la quiebra. También la crisis de ACA. Un grupo de productores nos hicimos cargo de la Cooperativa Frutícola del Neuquén, conocida como el Ancla, Zabaleta, fundada en agosto de 1944 por un migrantes italianos y españoles y productores de la zona. En el ''97 me hice cargo de la presidencia y logramos encauzarla. Primero saneando sus finanzas y hoy en día está viva, está funcionando, es una herramienta que tenemos los productores de la colonia para defender nuestro producto.

Existió una asociación de cooperativas en la región a partir de la FACA, quebró, y varias cooperativas quedaron en el camino y otras no. A partir de ahí surge la necesidad de integrarse. En la producción de peras y manzanas el eje central es la exportación y para cubrir la cadena logística del productor al consumidor en el exterior, es necesario armar estructuras complementarias. El productor aislado no sirve. En la cooperativa nos integramos con el grupo PAI Sociedad Anónima. Es un grupo de medianas empresas de productores, genuinas, que conformaron este aglomerado y nos permitió acceder a los mercados de destino. Esto nos permitió administrar el puerto de San Antonio, contratar buques charteados con destino fijo a África, Europa o Estados Unidos. Esto funcionó a partir del asociativismo.

¿Nunca lo tentaron a ser el CEO de una gran empresa a partir del conocimiento que tiene usted del negocio frutícola?

Para mí la gran empresa es mi empresa. No es un problema de tamaño, es mi empresa. Mi grupo que es PAI y otros también. La cooperativa exporta cerezas orgánicas al mercado americano, el mercado más exigente del mundo. No sé qué es gran empresa. En última instancia la ecuación económica se logra con la sumatoria de los resultados positivos, no con los tamaños de las empresas.

¿Por qué revaloriza estos conceptos? ¿Es una mala palabra acordar?

Pareciera que sí. Soy un productor, estoy asociado a la cooperativa, participo en la conducción. Hoy me toca estar al frente de la CAFI y lo quiero hacer con el mayor orgullo porque estoy representando a mi cooperativa. "Acordar" acceder a los grandes mercados que le agreguen valor a la producción. Éso es valorado porque somos el primer exportador del mundo de peras. Hay algunas cosas que estamos haciendo bien y otras no tanto. Equivocadamente, para algunos sectores la palabra acordar es una mala palabra. Parece que es más fácil no acordar que acordar, que acordar es ir contra la voluntad de la gente, que es malo. No es tan así. En esta temporada se ha logrado acordar y neutralizar el conflicto laboral que habíamos tenido el año pasado. Gracias a Dios estamos entrando al inicio de la temporada con acuerdos y con otros laudos. Con el Hielo, nos sentamos y acordamos, no hubo necesidad de laudo. Es muy positivo eso. Está bien acordar, es positivo. Vamos a seguir compartiendo y acordando necesidades y conflictos. Si no me pongo en el lugar del otro y el otro en mi lugar es imposible acordar. Este año ha habido dos laudos. Hay que empezar a recuperar la palabra acordar, tenemos que recuperar el concepto de sentarnos a una mesa y darnos la mano y decirnos, ésto es lo que pensamos, estamos de acuerdo. Darse la mano. Pareciera que darse la mano está mal. Acordar es compromiso. Tenemos que crecer todos juntos para ser una sociedad compatible, sino va a ser una sociedad de enfrentamientos.

¿Se llegó por los golpes o por un crecimiento?

Mucho tuvo que ver lo que pasó la temporada pasada. Volver a repetir esa experiencia hubiera sido el final de la fuente de trabajo. Pareciera que tenemos que caer al pozo en algunas situaciones para rebotar y empezar a pensar en positivo. Hay más gente hoy que le interesa acordar, es un avance, yo me anoto en ese grupo.

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