Reutemann sigue atrapado por su obsesión de evitar el desgaste

Por: Julio Blanck

Cierto aire de desazón atraviesa a los peronistas que no quieren saben nada más con los Kirchner. "Reutemann no atiende el teléfono", dicen los que quisieron hablar con él en estas horas confusas. "Scioli nunca va a terminar de diferenciarse", rezongan los que añoran los buenos tiempos del aparato duro del peronismo bonaerense

Unos y otros miran a Eduardo Duhalde como el más apto para articular la recomposición de un poder que hoy está ajado y disperso. Pero casi nadie lo ve como candidato a algo. Si alguna picardía tuvo la jugada de Reutemann al hablar de Duhalde para 2011, fue la de provocar el escozor inmediato de quienes saben que las encuestas terminan teniendo algo que ver con el resultado de una elección. Y las encuestas no lo favorecen a Duhalde, justamente.

En algo se parecen las tácticas de Reutemann y Kirchner: desde la noche electoral del 28 de junio los dos tratan de ganar tiempo.

La pareja gobernante distrajo con el diálogo y algunos gestos de supuesta concordia, hasta que más o menos recompuso sus líneas y entonces avanzó con su blitzkrieg en el Congreso, sin miramientos.

Ganar tiempo, para los Kirchner, es evitar la asfixia política que coloque la última palabra sobre sus decisiones en manos de otros. Eso podrá suceder en diciembre, cuando la composición del Congreso refleje la extensión y profundidad de su derrota en junio. Hasta entonces, seguirán ejerciendo en todo lo que puedan un poder que sigue siendo legal aunque su legitimidad haya sido jaqueada hasta la médula por el voto popular.

Para Reutemann, ganar tiempo es evitar que la urgencia de otros se transforme en la suya. Un par de semanas atrás Duhalde lo había apretado por los diarios: "Es el que está mejor ubicado, pero tiene que decidirse lo antes posible", dijo hablando de los presidenciables para 2011. Reutemann le contestó poniéndolo a Duhalde en la grilla de postulantes. Fue un modo de rechazar su padrinazgo. Pero también fue la expresión de un convencimiento: Reutemann y sus acompañantes más cercanos creen que Duhalde reflotó su proyecto presidencial, escondido bajo su declarada pretensión de volver a encabezar el peronismo.

"La gente va a empezar a pensar en los candidatos cuando se acerque la elección. Los que ahora están apurados son algunos políticos y el establishment", dicen cerca de Reutemann. Aseguran que va a lanzarse, pero nunca antes de enero próximo. Es un manejo particular de los tiempos. Como si las decisiones estuviesen sometidas solamente a la propia voluntad y nunca a las circunstancias.

Reutemann también transparentó su opinión al asegurar que Duhalde es el único dirigente capaz de rearmar el rompecabezas peronista y, desde allí, enhebrar un acuerdo más amplio, para dar sustento a una transición que ya se avizora llena de complicaciones. Articulador sí, candidato no: así lo ve a Duhalde, explican los exégetas que le han nacido al santafesino, siempre tan económico de palabras.

El camino de Reutemann se cruzó de nuevo con el de los Kirchner cuando la senadora Roxana Latorre, su ladera fiel durante años, acompañó al kirchnerismo en la votación del dictamen de comisión que permitió tratar ayer en el Senado la prórroga de las facultades delegadas y, con ellas, el mantenimiento del poder del Gobierno para fijar las retenciones.

Reutemann, quizás sobrepasado por las críticas virulentas de la dirigencia rural santafesina, se apuró a echarla de su lado. Rompió el bloque de dos que habían formado cuando se fueron del kirchnerismo. Admitió que "quedé en el barro y es difícil salir" y abundó en que "no tiene explicación" la actitud de Latorre. Con eso, dejó que florecieran generosas las peores sospechas, lapidando a la senadora.

Pero otros senadores de la oposición peronista contribuyeron, a su modo, con el propósito kirchnerista. Fuentes del Congreso aseguran que el puntano Adolfo Rodríguez Saá se fue de la reunión de comisión poco antes de la votación. Así le restó un voto a los que se oponían al dictamen, que se aprobó con lo justo. San Luis, como todas las provincias, está siempre necesitada de ayuda nacional. Los Kirchner manejan la caja con el rigor de siempre y así mantienen a la mayoría de los gobernadores bajo control, convirtiéndolos en una bravía manada de leones herbívoros.

La senadora Latorre insiste en que todo fue un error de interpretación y rechaza cualquier versión conspirativa sobre su voto. Otros peronistas, más filosos, dicen que lo que sucedió también fue consecuencia de la distancia que pone Reutemann con el control de la política cotidiana. Su obsesión es evitar el desgaste prematuro. Sería bueno saber cómo cree que le fue en estos últimos días.

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