Reutemann aguanta la presión y ya decidió enfrentar a Kirchner

Por: Julio Blanck

Carlos Reutemann resistió como pudo la última presión de la Casa Rosada para forzar la unidad del peronismo de Santa Fe y disimular así la menguada aceptación del kirchnerismo en esa provincia. Un emisario de la Casa Rosada le propuso bajar la lista que encabeza Agustín Rossi, jefe del oficialismo en la Cámara de Diputados, a cambio de colocar dos nombres en la suya. "Si quieren a esos dos de candidatos, pónganlos en la boleta de Rossi", respondió Reutemann con su sequedad habitual. Los nombres de esos kirchneristas malqueridos se reservan por razones de elemental delicadeza.

La supuesta atracción de la oferta era no dispersar el voto peronista santafesino, cuando se tiene enfrente a un rival de peso como el gobernante socialismo de Hermes Binner, aliado a los radicales y la Coalición Cívica. Pero a Reutemann hoy le importa más consolidar su perfil diferenciado del kirchnerismo para ponerse en marcha después de la elección de junio, y ya sin disimulos, hacia la candidatura presidencial de 2011.

La maniobra frustrada habla poco en favor del cuidado con que los operadores de Kirchner tratan a su propia tropa. Rossi ha sido leal hasta mucho más allá de lo políticamente aconsejable para su carrera, pero los kirchneristas duros no trepidaron en jugarlo como ficha de cambio, ofreciendo bajarlo sin anestesia. La negativa de Reutemann quizás le otorgue la posibilidad de una derrota dura, pero digna.

Al final, los kirchneristas anotaron su Frente para la Victoria, y Reutemann oficializó su propia lista, llamada Santa Fe Federal.

Los amigos de Reutemann, que no son muchos, cuentan que esta no es la primera vez que ejercita el "no", buscando alambrar su dominio en el peronismo provincial. Ya en los '90, pleno apogeo del menemismo que lo catapultó a la política y a su primera gobernación, se había negado a un pedido del riojano para llevar como candidata a senadora a Liliana Gurdulich y colocó en ese sitio a uno de los suyos, Jorge Massat. Esa negativa no supuso una ruptura con Carlos Menem, sino una delimitación de territorio, demostración que el peronismo siempre respeta.

Por cierto, hubo otro "no" ya legendario de Reutemann, cuando rechazó la candidatura, y la casi segura presidencia, que Eduardo Duhalde le ofreció en 2002. La relación de Reutemann y Duhalde quedó dañada desde entonces. Hoy, el santafesino y quienes lo acompañan no quieren saber nada con cualquier armado que huela a duhaldismo. Eso los diferencia del emprendimiento bonaerense que lidera Francisco De Narváez, en sociedad con Felipe Solá, bajo el auspicio de Mauricio Macri.

Esta ocasión parece diferente a las anteriores: sin apurar un quiebre definitivo en su vínculo siempre zigzagueante con Kirchner, Reutemann perfila un camino que lo puede poner, más temprano que tarde, como adversario abierto del actual patrón del peronismo.

Quizás la primera batalla directa sea por la presidencia del Partido Justicialista. Algunos aliados de Reutemann, como el gobernador cordobés Juan Schiaretti y el caudillo entrerriano Jorge Busti, ya amasan la idea de proponerlo como pronto sucesor de Kirchner, si la elección en la provincia de Buenos Aires resulta tan complicada para el oficialismo como se viene anunciado y Kirchner ve muy recortado su poder. Y si Reutemann, claro, gana la suya con claridad. "Hay que dominar el aparato", se ha escuchado en Santa Fe.

Si las cosas se dan de este modo en las urnas, antes que se defina qué pasará en el PJ, habría una movida los legisladores peronistas no kirchneristas para armar rancho aparte, dejando al kirchnerismo sin mayoría propia en Diputados y obligándolo por primera vez en seis años a compartir el poder.

El paso siguiente sería el tejido de una alianza nacional con los referentes del peronismo que salgan triunfantes de la elección de junio. Ahí las cosas se van a complicar más y Reutemann tendrá que demostrar hasta dónde está decidido a jugar su carta presidencial en 2011.

Por ahora alcanzan los gestos y las palabras escasas pero efectistas para estar en el candelero. Pero después de junio, si sus cálculos son ciertos, Reutemann va a necesitar temple político para aguantar la pulseada con Kirchner, flexibilidad para articular con otros jefes peronistas que son dueños de porciones de poder y van a reclamar su espacio, moderación y sentido común para convivir con un Gobierno y un poder partidario quizás en declive, pero imprescindibles para el funcionamiento institucional.

El desafío es grande. Antes que dentro de una semana cierren las listas tendrá que soportar nuevas presiones. Reutemann asegura que esta vez va en serio.

Comentá la nota