Reutemann acorraló a Kirchner en una pelea que favorecería a Binner

Reutemann acorraló a Kirchner en una pelea que favorecería a Binner
Es improbable que Elisa Carrió intuyera que podría influenciar a su amigo Carlos Reutemann. Tampoco se puede afirmar que así haya sido. Lo que no se puede negar es que él llevó a la práctica el consejo de ella: "A los Kirchner no hay que temerles hay que enfrentarlos, y entonces ellos te temerán", y pasó a enfrentarlos abandonando el Frente para la Victoria. Se quedó en la vereda de la burguesía rural, en la que Néstor Kirchner lo tiene parado desde que ambos fueron colegas y comenzaron a nutrir la tirria mutua que siempre se profesaron.
Piedra en el zapato. El senador santafesino votando en contra y defendiendo a los de su clase (productores agropecuarios enriquecidos) de las retenciones de Lousteau se convirtió para los Kirchner en un paradigma de la oligarquía sojera, pero insinuando postularse a la Presidencia en 2011 mutó en la gran incomodidad de este verano.

Reutemann es, hasta ahora, el mejor presidenciable que tienen los peronistas en el país. Es un suplicio gobernar con un conflicto social que no se sabe cómo resolver, una crisis internacional sin precedentes y, encima, con un potencial sucesor parado en el umbral. A diferencia de las dependencias de origen, que la práctica política ordena romper rápidamente (como hiciera Duhalde con Menem y Kirchner con el primero), a un sucesor de peso hay desgastarlo pero jamás enfrentarlo. Si efectivamente obtuviera el poder pondría de inmediato al antecesor en la picota.

Por tal razón los Kirchner nunca critican a Reutemann en público y ahora ordenaron que ningún funcionario lo haga. Pero eso no quiere decir que no hayan buscado (y lo sigan haciendo) esmerilarlo hasta el último aliento. Esa situación es la que da espacio de maniobra al gobernador Hermes Binner.

Es revelador preguntarse por qué Reutemann decidió dar el portazo ahora y no antes o después. Sólo supo que podía hacerlo después de la repercusión positiva de su insinuación presidencialista de fin del año. No esperó más porque hubiese sido tarde. A nadie escapa que la crisis internacional se agrava y sus efectos se sentirían en el país tras las vacaciones, cuando se noten inflación, subas de tarifas, aumentos insuficientes de sueldos y, finalmente, precarización de empleo y despidos.

No es casual que Binner y Scioli hayan decretado ahora ajustes y ahorros en las provincias que gobiernan. O que el mandatario santafesino se expusiera otra vez al destemplado desaire de Cristina insistiendo en llevarle sus propuestas para solucionar las crisis del campo, que en Santa Fe y Buenos Aires tiene el agravante de una histórica sequía. Al igual que Binner y el gobierno nacional, Reutemann no desconocía que la presión del campo se les venía encima empujada por la inercia misma del conflicto y el agravamiento de las condiciones generales del país.

Horizonte tormentoso. Para Binner y los socialistas todos esos padecimientos juntos son una contratara perfecta de la idea de buenos tiempos con la que esperanzó a sus votantes. Explicar que muchas de las causas que los provocaron les son ajenas resultaría inocuo. Más aún en un año electoral, en el que los opositores harán colas para recordarle que comenzó 2009 anunciando un plan de desarrollo que elevaría drásticamente el discreto perfil de su gestión.

El dilema de todo gobernante en medio de una amenaza recesiva, inquietud social o una catástrofe natural (o todo eso junto) es conseguir fondos para recurrir en ayuda de los damnificados, paliar daños y realizar las inversiones que impidan el agravamiento de la situación. Fondos es lo primero que escasea en tales circunstancias. Nadie, menos en política, los suministra. Dicen que el rictus de Binner pareció una sonrisa al enterarse de la visita presidencial a Rosario. La mueca avalaría el rumor de que sería una jugada en la interna con el intendente Miguel Lifschitz.

El intendente de Villa Gobernador Gálvez, Jorge Murabito, revelando que consiguió fondos para obras públicas de Kirchner que lo citó a Olivos y le sugirió "pedir lo que quiera", irritó al Lole. "Con esos 50 millones 10 de nuestras comunas tendrían un montón de cosas en un año electoral", dicen que lamentó.

Lole no acompañó a Cristina en los últimos viajes a los que fue invitado. De modo que su negativa a integrar la comitiva a España no fue lo que enojó a Néstor. En cambio, que hiciera conocer esa decisión a la prensa como medida de independencia, lo enfureció. El desaire expuso el desgranamiento del poder kirchnerista.

Aviso de cita. Antes de viajar a España, el gobierno comunicó a la Casa Gris que al regresar Cristina recibiría al gobernador. Se restablecería así un diálogo cortado. Se anunció el día que Binner volvió de México y fue más duro que nunca al acusar a su antecesor. De dar la orden de reprimir durante el fatídico diciembre de 2001 en que murieron siete rosarinos. "Me trata de asesino", estalló Reutemann, e instruyó a sus abogados para que demanden al mandatario. Luego desistió de ir a Tribunales pero le quedó la sospecha de que detrás del endurecido discurso del gobernador estaba la mano invisible de Kirchner.

Sea o no, un crecimiento electoral de Reutemann solo le suma problemas al gobernador. El único socialista en condiciones de enfrentar en las urnas al senador peronista es el propio Binner. Y el no será candidato este año. Si aquel gana con margen, se agranda como potencial adversario a vencer en la presidencial del 2011 en la que el PS —lo dijo Rubén Giustiniani en Salta al hablarles a los jóvenes en enero— quiere ver compitiendo a Binner.

Necesidad para dos. Desgastar y frenar a Reutemann es una necesidad actual que comparten Binner y Kirchner. El gobernador ha desdoblado las elecciones. Es leal decir que las razones expuestas han sido parte del discurso de los partidos que integran la coalición gobernante desde hace mucho. Eso no invalida que también haya una cuota de conveniencia. La elección nacional separada de la municipal neutraliza los arrastres recíprocos. La candidatura Reutemann no incidiría en ciudades y pueblos aunque los candidatos locales de los partidos oficialistas tampoco arrimarían a Giustiniani. En lo inmediato el socialismo necesita otro triunfo provincial para que no se debilite su presente ni se opaque su futuro.

Darle gobernabilidad a Cristina será la orden (y la urgencia) de Kirchner que le impide confrontar abiertamente con Reutemann. Con tres años por delante, Reutemann y Binner saben que es muy prematuro para que Kirchner salga derrotado frente al conjunto de la sociedad santafesina y del país.

Son apenas los primeros movimientos estratégicos de los tres dirigentes que hasta ahora se evidencian como actores centrales del 2011. Claro que la crisis mundial es tan inédita que para entonces pudo haber puesto todo patas arriba, pero hoy en día eso son Kirchner, Binner y Reutemann.

El dilema de Kirchner es que no tiene a nadie con quien ganar o salir airoso en Santa Fe. La opción es perder o entregarle la provincia al reutemismo. Si juega abiertamente con Binner fortalece al Lole. Y con éste no puede pelearse. Binner no puede pelearse con Kirchner porque necesita los fondos que libera la firma de su esposa. Pero no puede dejar de pelearse con Reutemann por que es su adversario y porque le disputa la bandera de defensa de los intereses del agro. Reutemann no ira a internas en su partido. No aceptará voluntariamente exponerse a ningún desgaste. Quiere ser candidato a senador y entiende que además debería serlo para mantener fueros que podrían serles útiles ante ataques de kirchneristas y socialistas, pero quiere preservarse para el 2001. Kirchner no se resigna a que su era esté terminando.

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