La retracción en la actividad económica y en el crédito condicionarán el año laboral

Por Julián A. de Diego. Consultor laboral de empresas. Profesor titular de Derecho del Trabajo de la UCA

La creación de puestos de trabajo se detuvo y hay ajustes en los planes de las empresas para 2009. Será clave mantener la paz social y evitar las sumas fijas de aumento, que terminan castigando a los sectores más deprimidos de la actividad

La recesión global y la errática economía local condicionan el año 2009 con una clara desaceleración del crecimiento, y con reducciones claras del nivel de actividad en industrias claves. De las demandas y conflictos por aumentos de salarios los gremios pasaron a las huelgas y otras medidas de acción directa en procura de alguna garantía de estabilidad. De las reformas laborales de fondo pasamos a la derogación de la Tabla de Machinea para mejorar el ingreso de los salarios altos, y a ajustes por decreto con la asignación para los que cobran el Salario Mínimo Vital y Móvil y al adicional por aguinaldo para los jubilados para los que tienen menores ingresos.

Los planes de crédito para mantener vivo el consumo, el plan del automóvil económico, y otras iniciativas en el mismo sentido demuestran que estamos frente a un nuevo desafío: cómo amortiguar los efectos de una incomparable reformulación de los mercados en donde se construirá el nuevo orden económico local, regional y mundial. La globalización interconecta a todos los países y regiones entre sí, de modo que es poco serio considerar por ejemplo que el precio del barril de petróleo, y en general la caída del valor internacional de las commodities, o el congelamiento de muchas exportaciones no afectará nuestra economía y nuestro crédito.

Veamos entonces los efectos sobre el empleo, los salarios y eventualmente, sobre la disyuntiva de la recesión, la inflación y el crecimiento.

En el mercado interno, se detuvo la creación de nuevos puestos de trabajo, y lentamente se están produciendo ajustes en la ocupación de las empresas en relación con el nivel de actividad previsto para el año 2009. Basta con observar la caída vertiginosa de los avisos requiriendo personal. No hay despidos masivos ni son esperables en breve, pero es cierto que todos ajustan las dotaciones, pocos en forma pro-activa, la mayoría planificando en torno de la reposición de bajas o de la reacomodación de los turnos. En otros términos, todos visualizan una política de empleo restrictiva. Si bien el Gobierno niega el regreso a la ‘doble indemnización’ la herramienta está disponible. Por ello, es poco probable que se reimplante, salvo que el nivel de desocupación trepe a los dos dígitos nuevamente, lo que podría verificarse -tomando los datos actuales del INDEC- en el segundo cuatrimestre del 2009.

Los aumentos de salarios juegan un papel complementario con la estabilidad en el empleo. Muchas actividades pronostican congelamiento de las remuneraciones, por lo menos para el primer cuatrimestre. Algunas, como la petrolera, fijó un congelamiento de empleos y de salarios hasta mediados del 2009. En cualquier caso, resulta claro que a partir de mayo o de julio volverán los escarceos de la negociación, subordinado al nivel de actividad y en su caso, al curso de la inflación, que han sido en los últimos cuatro años los parámetros en base a los cuales se jugaron los incrementos.

La estimación de inflación ronda el 15% para el 2009, de modo que recostado sobre el segundo semestre se generarán aumentos en torno de ese nivel, seguramente utilizando los mecanismos habituales de negociación colectiva pautadas, con ajustes por escalonamiento, y empleando prestaciones no remunerativas que luego se convertirán en salariales a todos sus efectos. Sin dudas que en materia salarial jugará un papel importante el gobierno nacional, ya que un incremento anti-cíclico en recesión puede ser distorsivo e implica per se un aumento correlativo del desempleo. En cambio, sería una política adecuada de salarios, si se ponderara la productividad como causa concomitante de un incremento real de ingresos, y que los mismos se asuman en forma selectiva conforme al poder de recuperación de cada sector, abandonándose así a los aumentos generales que castigan a las actividades deprimidas y son irrelevantes para las que mantienen niveles de crecimiento razonables.

A su vez, parece razonable y hasta prioritario activar aquellas actividades que tengan mano de obra intensiva como la hotelería y el turismo, y los centros de atención al público (‘call centers’). En cambio, no tendrán efectos reales sobre la sociedad en general la incentivación de inversiones de capital intensivo.

Por último, es esencial para afrontar un año con tantas incógnitas, que se preserve la paz social para que aflore el imperativo de la productividad. Si las medidas de fuerza y las huelgas vuelven a fisurar la vida cotidiana con paros salvajes o con reivindicaciones de imposible cumplimiento, todos los buenos augurios se ahogarán en enfrentamientos inconducentes. En cualquier pronóstico serio el conflicto social y el enfrentamiento entre la clase media y los más necesitados, o entre los protagonistas más relevantes de la economía y el Gobierno, puede desencadenar choques y violencia irreconciliables.

En un mundo en retracción global, solo sobrevivirán los que resulten competitivos, y entre ellos nosotros tenemos oportunidades que no deberíamos dejar pasar, aprovechando todas las exportaciones posibles, para lo cual es imprescindible resolver en lo posible todos los conflictos internos.

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