Retamar se presentó al juicio con un profundo corte en el rostro

La sorpresa del día fue el rostro de Cócaro. Se lo vio con marcas de golpes en el pómulo izquierdo y una enorme cicatriz desde la nariz y hasta la parte superior del cráneo, pasando por la frente. La explicación oficial de la Unidad 4, donde permanece detenido, fue leída por el Tribunal. Sus autoridades dijeron que el sábado protagonizó una pelea con otro interno, David Crespo, y que a raíz de ello se abrió una causa en la justicia federal. El médico de la Colonia Penal certificó que estaba en condiciones de presentarse a la audiencia.
Otra fuente oficial detalló que la pelea fue con un preso de Buenos Aires y que éste reaccionó porque Cócaro estaba alterado por el juicio. "El otro también quedó muy golpeado", agregó. Gómez, el abogado de Retamar, ofreció una versión diferente. Sostuvo que salió en defensa de otro interno y que "le pegaron con un banco de hierro en la cabeza y, en el suelo, lo patearon".

Cócaro pidió ayer declarar, pero los jueces dispusieron trasladar ese acto para hoy. El dirá su verdad luego de escucharse al médico forense Juan Carlos Toulouse -su testimonio fue pedido por la defensa- y al oficial de Criminalística, Luis Marcelo Ignacio, quien fue requerido por la fiscalía.

El Tribunal, en cambio, negó otro pedido de Gómez para que declaren el pastor evangélico Héctor Villegas y un policía de la Federal. El abogado había manifestado que Villegas sabe quiénes habían prometido vengarse de Martín.

La viuda y un policía identifican la voz

La viuda María Rosa Gauna y el jefe de la subcomisaría de Doblas, Marcelo Raúl Vidoret, reconocieron que la voz que pidió 150.000 pesos por el rescate del consignatario de hacienda, Norberto Martín, a través de su propio celular, fue la de Daniel Horacio Cócaro Retamar; mientras que el jefe de la Brigada de Investigaciones, Carlos Alberto Chico, aseguró que todos los testimonios "refirieron a una sola persona, un psicópata no muy inteligente".

Esas tres declaraciones fueron las más trascendentes del anteúltimo día del juicio oral y público que se le sigue a Cócaro por el crimen de Martín, ocurrido el viernes 16 de marzo del año pasado en la ruta provincial 3, a pocos kilómetros de Alpachiri. El cuerpo fue hallado cuatro días después y en ese lapso el imputado se cortó el pelo y se quitó la barba.

Gauna testificó sin la presencia de Cócaro en la sala del Tribunal Oral Federal. Dijo que después de no atenderle varios llamados a su esposo ("porque teníamos una peleíta de matrimonio"), lo hizo a pedido de su hija cuando estaba en la subcomisaría. Ahí fue que le exigieron 150.000 pesos en billetes de 100 para liberar a Martín y le dijeron que no fuera a la policía y que se quedara en su casa esperando una próxima comunicación. También le sugirieron que vendiera la camioneta Chevrolet y un camión para juntar la plata.

- ¿Usted reconoció la voz?

- Es imposible olvidarla, como es imposible olvidar lo último que me dijo mi marido. En ese momento pensé: yo a esa voz la conozco.

- ¿Qué le dijo su marido?, preguntó el defensor Augusto Lino Gómez.

- Hace lo que te digan... o lo que te diga.

- ¿Lo que te digan?, insistió Gómez pensando que en el homicidio pudo participar más de una persona.

- ... O lo que te diga. No recuerdo exacto. Yo en ese momento hablé mucho y le pregunté si no tenía hijos, padres... Ahí fue como que le quitaron el teléfono a mi esposo.

- ¿El llevaba dinero?, quiso saber el fiscal Jorge Bonvehí.

- Siempre andaba con dinero, aunque no sé cuánto llevaba ese día.

Once días sin nada.

La mujer declaró que mientras hablaba por el celular le hizo escuchar la conversación a Vidoret. Este, un rato antes, había declarado que Gauna comentó al escuchar la voz: "Es Matilla, es Matilla... te conozco, sé quien sos". Juan Eduardo Matilla -un testigo del caso- es el encargado de la estancia La Concordia, ubicada a la salida de Doblas, en un camino por donde habría circulado la Chevrolet de Martín un rato antes del crimen, y quien supo darle trabajo allí a Retamar.

El jefe policial de Doblas ratificó el pedido de dinero y agregó que la voz, que él también identificó como la del imputado, expresó: "Callate atolondrada. Hace lo que te digo. Te estoy vigilando y te voy a matar a voz y a tu hija". Ese contacto fue a las 17.04. Después hubo tres más. En uno de ellos, siempre de acuerdo al policía, Martín le pidió a su mujer: "Hacé lo que te digan".

Vidoret se comunicó inmediatamente con localidades vecinas y puestos camineros y dispuso un operativo cerrojo. Pero el dispositivo no dio resultados porque poco después de las 18 la camioneta de Martín había sido estacionada en contramano en una calle de Alpachiri, con la billetera y las tarjetas de la víctima en su interior. Del lugar del crimen hasta el pueblo, dijeron los testigos policiales, no hay más de 10 minutos.

El policía dijo que hasta el martes 27 -once días después del homicidio- no hubo novedades sobre el eventual sospechoso y que él trató de pensar qué persona de Doblas podía haber participado del hecho. "Ese día a las 8 de la mañana, saliendo por el acceso, vi a Cócaro caminando con campera de jean y vaquero nuevo. Cuando volví a la tarde, lo llamé a declarar porque (dos días antes del crimen) le había ido a pedir trabajo a Martín. Le expliqué que como era foráneo necesita sus huellas digitales. Se las tomé sin problemas. Le pregunté si tenía antecedentes y me dijo que sí, y que había estado preso. ¿No lo habrás matado vos?, le dije. Ahí le salió como un tic en la voz. Lo fiché y entregué su declaración a la Brigada de Investigaciones".

"El jueves 29 al mediodía -continuó Vidoret- lo vi en la calle y, apenas me vio, pegó la vuelta. Esa reacción me llamó la atención. Le pedí a un agente que miraba qué iba a ser y comprobamos que se entrevistó con Matilla".

El jefe policial contó que estudiando el identikit observó que "aunque no había similitudes exactas, si se le tapaba la boca, y teniendo en cuenta que se había cortado el pelo, la parte de arriba tenía relación. Sabiendo de sus antecedentes (NdeR: estuvo 16 años preso por un homicidio que cometió en 1990 en La Lucila del Mar) y viendo el identikit, coincidimos en que había participado del homicidio".

Ante preguntas de la defensa, Vidoret admitió que en el allanamiento a su casa no secuestraron bermudas (muchos testigos describieron al sospechoso vestido con esa prenda) y negó que la División Antisecuestros de la Policía Federal, que llegó especialmente para colaborar con la pesquisa, haya hablado de una camioneta blanca. El abogado Gómez insiste con ese vehículo, aunque la declaración de uno de esos policías no está incorporada al expediente como prueba.

Una sola persona.

A su turno, Chico explicó que rastrearon las llamadas del celular de Martín y por informes de una compañía telefónica supieron que a las 17.20 había sido activado cuando la Chevrolet estaba sobre la ruta 20, o sea antes de doblar hacia la ruta 3. "Si a esa hora estaba allí y a las 18.15 abandonaron el vehículo en Alpachiri, el cuerpo no podía estar a más de 10 minutos del lugar. Por eso rastreamos a caballo y en moto 10 minutos hacia un lado y el otro de la ruta 3". Así fue como dos policías dieron con el cuerpo de Martín.

"En el lugar, según Criminalística, había dos huellas de entrada y una sola de salida y éstas coincidían con las zapatillas secuestradas en la casa de Cócaro", remarcó el jefe de la Brigada.

Chico insistió con que "todos los testigos refirieron haber visto a una sola persona", en alusión a los taxistas que llevaron al sospechoso de Alpachiri a Macachín y de Macachín a Doblas ese mismo viernes y a las personas que vieron a ese hombre de bermudas en varios lugares de Alpachiri.

"Pensamos que no se trataba de un delincuente común porque la indefensión de Martín fue notable, ya que lo ataron de pies y manos; pero también que no era muy inteligente porque abandonó la camioneta, no tenía apoyo y tampoco un plan de contingencia -remarcó-. A tal punto que se hizo ver durante una hora en Alpachiri y se volvió a Doblas en remís".

El policía fue más allá y dijo que "buscábamos a un psicópata, alguien sin demasiada capacidad intelectual, ya que en el mismo día salió y volvió a Doblas". No obstante, admitió que el homicida "se tomó el trabajo de dejar el cuerpo debajo de una planta, en una ondanada, por lo que no había forma de verlo si hubiéramos rastreado la ruta con un vehículo. Por eso fue que lo hicimos a caballo. También pensamos que debía conocer a Martín, porque sino no tenía sentido matarlo".

Chico detalló que cuando el 31 de ese mes allanaron la vivienda de Retamar junto a la fiscal federal Marta Odasso, aquel "empezó a gritar, mostrando su personalidad violenta. No se achicó y hasta amenazó a la fiscal con que perdería su trabajo".

Otros tres testimonios.

¿Qué dijeron los demás testigos? Juana Bucatari, una amiga íntima de Gauna que estuvo en la subcomisaría, confirmó los términos del diálogo telefónico que la viuda mantuvo con el secuestrador y agregó que "pienso que Vidoret también lo oyó". Con esta frase complicó al defensor Gómez, quien pensaba que iba a testimoniar lo contrario.

El subcomisario de Alpachiri, Héctor Darío Erazun, manifestó que sospechó de Cócaro "por la forma en que quedó estacionada la Chevrolet (en contramano y chocada contra el cordón) y porque se fue en taxi", y acerca de la camioneta blanca que, según Gómez, la Policía Federal vio estacionada detrás de la de Martín en esa misma cuadra, explicó que determinaron que se trataba de un vehículo perteneciente a un vecino de Alpachiri.

Finalmente, María Eugenia Flach aseguró que Rubén Oscar Ruiz, el cuñado de Cócaro, se quedó solo en su casa viendo televisión ese viernes a la noche. Ruiz habría declarado que ese día vio un partido de fútbol por tevé con Cócaro.

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