El resumen que no hubiésemos querido hacer

Raro e inesperado. Así se puede sintetizar este 2008 que comenzamos a abandonar. Largamos con toda la fuerza y la esperanza que traían el arrastre de cinco años de una economía creciendo arriba del ocho por ciento (mientras el mundo demandaba y pagaba los mejores precios de la historia de nuestros productos), y el inicio de una nueva gestión presidencial que "prometía" dotar de más institucionalidad y previsibilidad al país.
Pero las páginas de resumen anual que presenta este suplemento deben hablar de otras furias. En rigor, comenzamos el año anunciando las megainversiones de las automotrices que volvían a apostar a Córdoba, mientras la producción no lograba responder a tiempo con la gran demanda, y lo cerramos contando los días de suspensiones y despidos que esas mismas empresas deciden en tanto ven la forma de capear la crisis, por sólo tomar un hecho de un sector económico emblemático.

Ya en marzo nos sorprendió el primer batacazo. Los hombres de campo se revelaron y los K prefirieron entrar en "guerra" antes que lograr el acuerdo y la conciliación. Así pasaron cuatro meses de freno y desgaste que, en verdad, nunca cerraron. Con el parate de las ventas que generó aquello, también se fueron a mejor puerto las esperanzas de que Cristina ofreciera una gestión superadora a la de su marido.

Pasada la primera mitad del año, como teníamos poco con nuestros desencuentros internos, llegó la crisis internacional, ésa que parecía que no nos iba a tocar, pero que nos tocó y cuyos efectos (aún no del todo dimensionados) sobrevolarán durante 2009.

A los indeseados efectos "importados", les sumamos algunos condimentos propios (el traspaso al Estado de los fondos ahorrados por los trabajadores en las AFJP, por ejemplo) que hirieron una confianza que ya venía resquebrajada. El clima de negocios, sin duda, no es bueno por estos tiempos.

Con todo esto como base, 2009 pinta como un año incierto, con final abierto. Están quienes dicen que hay que hacerse fuerte para pasar el primer semestre, pero también quienes aseguran que lo más duro llegará después.

Lo único seguro es que el viento a favor, que en los últimos años traccionó con ganas para que las empresas y nuestros bolsillos marchen a buen ritmo, ya no será igual.

Por eso, y ahora más que nunca, serán tiempos de mirarse para adentro y mejorar. Una caída después de varios años de bonanza es más fácil de digerir y, además, por más "ajustadito" que uno haya venido trabajando (y en épocas de fuerte expansión esto no suele ocurrir), hay elementos para mirar y mejorar por dentro, y así estar a tono cuando regresen los buenos tiempos.

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