T odo resulta ya muy poco serio

Por Fernando Laborda

Días atrás, durante su homenaje a Raúl Alfonsín, Antonio Cafiero admitió que el peronismo ha dado para todo. Por eso, tal vez muchos argentinos hayan perdido la capacidad de asombro y no se inmuten ante el dramático pedido de Néstor Kirchner a gobernadores e intendentes de su partido para que se inmolen junto con él en las elecciones de junio, postulándose para bancas de diputado nacional o de concejal que nunca asumirán.

La jugada del ex presidente suena tan absurda como si el actual DT del seleccionado argentino de fútbol, Diego Maradona, decidiera volver a ponerse la casaca albiceleste número 10 frente a las dificultades de sus dirigidos. Con un agregado: que ante el temor de convertirse en el mariscal de una eventual derrota, le pida a Carlos Bilardo, manager del equipo, que lo escolte en la defensa.

La desesperación es hija de la angustia. En los últimos días existieron sigilosos contactos entre gobernadores del PJ para evaluar pedirle a Kirchner que deje la presidencia del partido.

Ni la gobernabilidad ni el fin del mundo están en juego en los próximos comicios legislativos. Pero Kirchner trata de convencer a todos de que efectivamente es así y de que la oposición, junto con el campo, se ha convertido en un poder destituyente.

El hombre es esclavo de sus palabras y Kirchner está encerrando al gobierno de su esposa en su propio laberinto. No hace más que sugerir que si el oficialismo pierde las elecciones no estará en condiciones de gobernar, mas no por conspiraciones opositoras sino por su incapacidad para buscar consensos que vayan más allá de la mesa cada vez más chica que toma las grandes decisiones en Olivos.

Kirchner vive desde hace algunas semanas asustado. Las encuestas que le hacen llegar distan de ser las que espera. Un sondeo de la consultora Analogías, concluido en marzo entre 1200 ciudadanos de la provincia de Buenos Aires, le dio una exigua ventaja frente al sector encabezado por Francisco de Narváez y Felipe Solá: 27,6 contra 24,8 por ciento. Con un agravante: el 41,6 por ciento de los bonaerenses jamás votaría por él, en tanto que sólo el 9,9 por ciento dijo que nunca apoyaría a De Narváez. En el primer cordón del conurbano, Kirchner perdería por más de seis puntos ante sus principales rivales y en el interior de la provincia caería por unos cuatro puntos. La diferencia favorable a Kirchner se lograría en el segundo cordón, donde ganaría por 11 puntos.

Para ahuyentar fantasmas y alinear a un partido en dispersión, Kirchner recurrió a otro pase de alquimia, que paradójicamente le dejó servido en bandeja el macrismo al postular como diputada a la vicejefa de gobierno porteña, Gabriela Michetti, ante la aparente falta de figuras de peso para encabezar la lista. Tanto las candidaturas testimoniales como el incumplimiento de los mandatos populares son una estafa al electorado. Todo resulta ya muy poco serio y ni la oposición es inocente.

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