Se resquebraja el diálogo, resurgen los superpoderes

Por Hernán de Goñi

En los últimos días, la gestión del Gobierno parece haber entrado en un laberinto borgeano de senderos que se bifurcan. El diálogo iniciado el 9 de Julio perdió todo el ímpetu inicial y, ante la falta de un objetivo explícito que le diera un sentido global, la agenda que se fue armando en el mano a mano con cada uno de los sectores se transformó en un ideario disperso.

Pero eso no es todo. Desde que emergió la idea de estatizar la televisación del fútbol, se hizo más visible la reaparición del espíritu indomable de Néstor Kirchner (que en los hechos nunca se fue). El funcionamiento del Poder Ejecutivo otra vez se imantó con sus impulsos, y si bien eso no le resta trascendencia a la actuación de la Presidenta, que incrementó su dosis de protagonismo público, el balance final se alteró.

Por ejemplo, el plan de empleo que se anunciará hoy parece más un reflejo de la campaña electoral bonaerense que de un gobierno al que le convendría medir más sus acciones para evitar pasos en falso. Después de mostrarse débil en la gestión de un tema sensible como el aumento de las tarifas, el deseo de crear un ente que maneje $ 10.000 millones para obras que creen empleo social suena poco realista. Es otra forma de demostrar que, más allá del 28-J, los superpoderes siguen habitando en Olivos.

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