Más respeto que soy tu padre.

RIVER 2 - INDEPENDIENTE 0: River tuvo la actuación más convincente del año y su hinchada festejó como si un título estuviera cerca. Fue ante lo que queda de un lamentable Independiente.
Entre el hambre y las ganas de comer, River quedó con la panza llena y, al menos por unas horas, el corazón contento. Independiente sigue famélico.

Si el derechazo de un tal De Souza que le agujereó el arco a Abbondanzieri fue una caricia para un público maltratado, el 2-0 a Independiente resultó un mimo de 90 minutos que se festejó como una victoria de ésas que te dejan husmeando un título y no, como es el caso, como un triunfo que redunda en apenas un paragua sencillito en medio del diluvio.

Si Gallego continúa con sus cambios, un día se va a sacar él mismo. O se va a poner. El Tolo tira manotazos, no aguanta decisiones (Churín ayer) pero todos sus jugadores deberían revisar algún video de cómo jugaba para aprender lo que es el amor propio.

Sin estridencias juega Mauro Díaz. Parece fiaca, aunque es desde esa postura paciente que engaña rivales. Hace todo simple y da la impresión de tener un GPS en la frente para orientar su juego. A un toque, a un quiebre de cintura, a un pase entre líneas, al tranco... No quedará en la historia de este clásico venido a menos como un Bochini o un Francescoli, pero es una bandera que River puede izar para su necesaria reconstrucción.

Bajo su estilo empezó el dominio y lo materializó Barrado, quien como Abelairas con Simeone da la impresión de haber en contrado su lugar y su momento. Venía aceptable en medio de los tropezones generales y esta vez rompió el partido con un golazo y una asistencia a Falcao.

Atajó todo lo que le tiraron Vega (hasta un penal), debutó con presencia Orban (tiene que seguir de titular), corrió y recuperó Ahumada (como siempre), desniveló Buonanotte afuera del área y falló en la definición (buen síntoma igual), la metó de cabeza y tiró un penal increíble Falcao (a lo Palermo) y levantó algo Fabbiani (a cada jugada le pone un lujo). Así, simpre intentó jugar River y tuvo la actuación más convicente del semestre. Es una buena, y tardía, señal. Y debe agradecerle puntualmente a Independiente, que le dio una muestra gratis de que se puede estar peor.

Entre tantos males, al Diablo le meten la cola por todos lados. Su emblema y capitán despilfarra un penal y, al menos ayer, no se hace cargo del juego. Sin laterales naturales, a Gavilán y Rodríguez los desbordan todos sin ser Martínez. El medio es una zona desprotegida por Machín y Pusineri. Ríos resulta desconcertante. El ataque, incalificable por Núñez, el Pipita Higuaín y el reconocimiento en la semana del propio Montenegro de que no hacen goles. Tuzzio vuelve al Monumental y al menos cumple el elemental principio de no asistir rivales... Titánica será la tarea de Gallego para otra necesaria reconstrucción.

Algunos guantazos de Assmann y la ineficacia local impidieron una diferencia mayor en el resultado. El hincha de River lo lamentó en el momento pero disfrutó, se desahogó y aplaudió como hacia mucho no pasaba al final. Para que esa satisfacción no sea efímera, deberá mantener lo positivo de ayer y entender que no todos los rivales son Independiente y los tenés tan de hijo.

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