"Que se respete la democracia"

En declaraciones a Página/12, el presidente legítimo advirtió a sus aliados que no abandonen el barco, pero cada vez más países se muestran dispuestos a reconocer al gobierno surgido de las elecciones bajo el régimen golpista.
"No se pongan la soga en el cuello." Con voz tensa y, por momentos, enojado, el presidente legítimo Manuel Zelaya lanzó un ataque preventivo desde la embajada brasileña a sus colegas que están pensando en reconocer al nuevo gobierno electo. Los gobiernos de Brasil, España, El Salvador y la Unión Europea comenzaron a moderar sus posiciones. El canciller español, Miguel Angel Moratinos, habló por teléfono ayer por la mañana con el presidente electo el domingo pasado, Porfirio Lobo, mientras que desde la Cumbre Iberoamericana, el asesor de política internacional brasileño, Marco Aurelio García, había pedido un tiempo. "Por ahora hay que esperar, hay que discutir con la comunidad internacional", había señalado el lunes el hombre de Luiz Inácio Lula da Silva. Sin embargo ayer, Lula fue categórico: "¿Reconocer?, no, no y no. Esa persona (por Lobo) tiene la posibilidad de hacer todas las gestiones posibles, y nosotros evaluaremos después, pero nuestra posición es no reconocer esas elecciones". Desde el bunker zelayista, el mandatario derrocado advirtió a quienes reconocieron a Lobo: "Respeto la decisión de cada país, pero tienen que entender que sentarían un precedente en América latina", aseguró en diálogo con este diario.

Zelaya intenta mantenerse dentro del libreto de la diplomacia, pero por momentos pierde la calma. Pasaron menos de 48 horas de las elecciones organizadas por la dictadura y el rechazo internacional ya no parece tan sólido y mayoritario como hace unos días. Antes de los comicios del domingo, sólo cuatro gobiernos apoyaban el proceso electoral: Estados Unidos, Panamá, Perú y Costa Rica; ayer ya se había sumado Colombia con un respaldo contundente y Brasil, España, la Unión Europea, El Salvador y República Dominicana, con una renovada esperanza de abrir un diálogo para restaurar la democracia en el pequeño y empobrecido país centroamericano. Para todos ellos, el próximo presidente hondureño personifica la posibilidad de un nuevo acuerdo nacional y una solución pacífica. "Esperamos que haya una respuesta adecuada del presidente Zelaya, que permita pasar la página", se esperanzó ayer el mandatario dominicano Leonel Fernández, uno de los llamados presidentes progresistas del Caribe. El Departamento de Estado norteamericano también había aprovechado las relativamente tranquilas elecciones del domingo para tirar la pelota al patio de la embajada brasileña en Tegucigalpa. Zelaya, indignado, no la recogió. "Yo no uso las armas; yo soy un líder democrático. Los que no quieren un diálogo son los que dieron un golpe de Estado y después utilizaron las elecciones para ratificarlo. Estados Unidos propuso un diálogo con el presidente (Oscar) Arias y terminaron siendo ellos mismos los que violaron ese diálogo,", se quejó el mandatario.

Zelaya está enojado con el gobierno norteamericano y con la dictadura hondureña, pero nunca descarta totalmente un nuevo diálogo. Cuando se le pregunta por su próximo paso o su estrategia de ahora en más, el mandatario repite su promesa de seguir luchando por la democracia hondureña. "Quiero que se respeten la ley, la democracia y la voluntad popular. Eso es lo que hay que pedir", respondió.

Eso fue lo que repitió ayer a los dos enviados de la OEA que lo visitaron ayer en la embajada brasileña en Tegucigalpa. "Seguimos solicitando la anulación de las elecciones y el repudio de toda la comunicación internacional", contó más tarde Rasel Tomé, el asesor que lo acompañó en la reunión con el ex gobernador de Mendoza, José Octavio Bordón, y el chileno Enrique Correa.

El encuentro fue amigable, según relató Tomé. Los dos representantes del secretario general José Miguel Insulza le informaron a Zelaya que el viernes fue convocada una sesión extraordinaria para discutir la situación en el país centroamericano y consensuar una posición única frente al nuevo presidente electo, Porfirio Lobo. Cada vez más aislados, los zelayistas intentarán evitar quedar en minoría en la región.

"Los presidentes tienen que entender lo que significa apoyar estas elecciones. ¿Cuál es el ejemplo que le estamos dando a América latina, que uno puede violentar la democracia y después llamar a elecciones como si nada hubiese pasado?", aseguró Zelaya. Su tono era casi desesperado. Al presidente hondureño no le quedan más que sus argumentos y cada vez parecen pesar menos.

Mientras la comunidad internacional discute el futuro de Honduras, como reconoció el asesor brasileño Marco Aurelio García, en Tegucigalpa los golpistas podrían asestar hoy un nuevo golpe a Zelaya. El Congreso hondureño tiene planeado debatir hoy su restitución. La Corte Suprema había declarado ilegal la vuelta del mandatario derrocado, pero una fuente zelayista aseguró a este diario que Porfirio Lobo, el presidente electo, estaría presionando para conseguir la aprobación en el Parlamento.

Públicamente Zelaya rechazó varias veces volver al poder solamente para legitimar el traspaso del mando a Pepe Lobo, un adversario político al que también define como un amigo personal. Pero a pesar de sus palabras, anoche los diputados zelayistas se habían reunido para volver a contar porotos. Los esperaba otra larga noche de negociaciones, adrenalina e incertidumbre.

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