Respaldo a un estilo mesiánico

Por César González-Calero

CARACAS.- En más de una ocasión, Hugo Chávez ha reconocido que una de las fuentes de inspiración de su socialismo del siglo XXI, esa mezcolanza de populismo castrense y paternalismo social, es Victor Hugo y, más concretamente, su obra Los miserables .

Como el escritor francés, Chávez también ha hecho de su vida una reivindicación constante de los oprimidos. Pero en el caso del comandante, con la indiscutible condición de que nadie más, salvo él, pueda ser el redentor de los pobres.

Como animal político incombustible, y después de diez años en el poder, Chávez ya no está "programado" para ser otra cosa que ese guía espiritual locuaz, ese faro de los millones de desheredados que durante décadas fueron invisibles a los ojos de los políticos.

Desde el comienzo de su mandato, pero con más ímpetu en los últimos años, Chávez ha lanzado sobre los venezolanos la disyuntiva de su permanencia en el poder o el caos.

Y ese discurso de confrontación constante del comandante ha hecho mella en una sociedad que, como dice el veterano dirigente de la izquierda venezolana Teodoro Petkoff, sufre una "patología de hiperpolitización" que le dejará secuelas durante años.

La cansina retórica populista de Chávez ha originado deserciones en sus propias filas. No sólo referentes históricos de la izquierda, como el propio Petkoff o Luis Miquilena, huyeron de su excesivo personalismo. Algunos compañeros de viaje hasta hace poco, como el partido Podemos (una escisión del Movimiento al Socialismo de Petkoff), han roto con él por el perfil "caudillista" del que Chávez no puede desprenderse, con el riesgo de quedar desollado.

Pero más allá de la deserción de una parte de la izquierda y del distanciamiento de la intelligentsia , el "pueblo de Chávez" lo considera imprescindible.

Muchos no olvidan en Venezuela que Chávez y su llamada revolución bolivariana surgieron como respuesta al bipartidismo clientelista de la IV República, que había conducido al país a un callejón sin salida. Tras la dictadura de Marcos Pérez Jiménez (1948-58) y hasta 1998, Acción Democrática y Copei se repartieron el poder amañando elecciones e ignorando a las clases más desfavorecidas.

El "Caracazo" (levantamiento popular) de 1989 contra Carlos Andrés Pérez fue la gota que colmó el vaso de una población empobrecida en un país que flota sobre petróleo. Una década después de su llegada al poder, el principal opositor de Chávez es él mismo. Los partidos tradicionales se borraron del mapa por su filibusterismo político, y las organizaciones que han surgido en los últimos años no han sido capaces de moldear un candidato que pudiera hacer frente al carisma de Chávez.

El hecho de que la reelección ilimitada incluyera todos los cargos públicos ha llevado a que algunos dirigentes opositores apenas hubieran movido un dedo durante la campaña. La hipótesis no es descabellada. Sólo un dirigente de la oposición podrá ser candidato presidencial en 2012. Y habrá trampas en el camino. Amarrar la postulación ilimitada para el cargo de alcalde o de gobernador puede ser una baza mucho más tentadora para algunos.

De ahí que el movimiento estudiantil haya puesto la cara nuevamente en la campaña por el no, como ya ocurriera en diciembre de 2007. Pero su continuidad, con líderes que aprovechan la proyección mediática para saltar a la política profesional en menos que canta un gallo, genera más incógnitas que expectativas.

Ayer, Chávez se alzó con una victoria contundente, y su "pueblo", ese que derrama lágrimas desde los cerritos de Caracas por haber recobrado la dignidad gracias al asistencialismo del Estado, sigue á siendo visible.

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