Resiste Moreno (aunque sólo por poco tiempo)

Por: Carlos Burgueño

• EVITA ASÍ EL GOBIERNO AVALAR PEDIDO DE RENUNCIA DE COBOS Y SOLANAS

Durante tres horas, Guillermo Moreno sintió ayer que había dejado de ser secretario de Comercio Interior. A las 18, el ministro de Planificación, Julio De Vido, llamó al funcionario para anunciarle que debía renunciar, acompañando la salida de Ricardo Jaime. Lejos de acatar la orden de quien hasta hace pocas semanas era su principal referente en el gabinete, el funcionario cruzó la calle para participar en la Casa Rosada de la asunción del ministro de Salud, Juan José Manzur. Su intención era que fuera personalmente la jefa de Estado, o más bien Néstor Kirchner, quien le explique su salida del Gobierno. Por eso se acercó lo más que pudo a la seguridad que rodea a Cristina de Kirchner.

-Vengo a hablar con la Presidenta -dijo.

-¿Tiene audiencia? -le preguntaron.

-No, no tengo -respondió.

-Entonces espere.

Así, por primera vez, Guillermo Moreno se sintió humillado, y en condiciones de pedirles explicaciones a los Kirchner sobre su situación en el Gobierno. Pasadas las horas, sería el jefe de Gabinete, Sergio Massa, quien tranquilizaría al secretario asegurándole que su salida no sería inminente y que, en todo caso, acompañaría el recambio general que se espera para dentro de unos 10 días, cuando se apague el ruido por las declaraciones de Pino Solanas y Julio Cobos.

La orden de dar marcha atrás con las renuncias, salvo la de Jaime, fue dada desde Olivos por Néstor Kirchner.

Para Moreno, la sorpresa de ayer fue doble. Primero porque no esperaba ninguna renuncia, ya que había considerado que la frase de Cristina del lunes, asegurando que no habría cambios en el gabinete porque el resultado de las elecciones del domingo no lo ameritaba, era un apoyo explícito a su gestión. Segundo, porque mantenía desde hace varias semanas una sórdida pelea con De Vido por lo que consideraba falta de apoyo en la interna que tenía con la presidenta del Banco Nación, Mercedes Marcó del Pont, por la falta de dinero disponible para sus aventuras rescatadoras en la Papelera Quilmes, ex Massuh. La titular de la entidad financiera, con apoyo de gran parte del gabinete, colocó desde un primer momento el emprendimiento en el mismo lugar que el resto del mercado, limitando sus giros al descubierto. Moreno pidió apoyo explícito a De Vido (y que éste traslade la inquietud a Néstor Kirchner), lo que nunca obtuvo. Según su visión, el ex presidente nunca se enteró del problema y eso le trajo dificultades para la explotación de la papelera.

Para su futuro reemplazo se mencionaba ayer a la ex directora de Defensa de la Competencia, Patricia Vaca Narvaja. La ex diputada nacional por Córdoba había sido sondeada los últimos días, antes de las elecciones del domingo, por la propia Cristina de Kirchner para un eventual reemplazo de Moreno. Antes se le había ofrecido la embajada en México, en reemplazo de Jorge Yoma, que asumirá como legislador nacional en diciembre.

Moreno, el lunes durante todo el día, y ayer por la mañana, continuó ejerciendo a pleno su cargo con las características y los modales que lo hicieron famoso. Sucesivamente se comunicó con los directivos de tres cadenas de supermercados (Carrefour, Walmart y Coto) para notificarles que en los próximos días debían concurrir a su oficina para firmar el próximo acuerdo de precios. Por las dudas, las tres empresas aceptaron el convite y mostraron su predisposición para hablar con Moreno cuando éste lo desee. También se comunicó con al menos dos empresas de fabricación de electrodomésticos, para notificarlas de que no habría ningún tipo de cambio en la política de prohibición de las importaciones y que las únicas autorizados para introducir bienes al país serían las empresas en las que la Secretaría de Comercio detecte que también están exportando.

Luego del mediodía, mientras escuchaba los primeros rumores sobre la salida de su colega Ricardo Jaime, Moreno recibió el llamado fatal desde el despacho de De Vido, con la noticia que no esperaba pese a la derrota del domingo.

Moreno sobrevivió, siempre con el amparo del ex presidente, a los ministros de Economía Roberto Lavagna, Felisa Miceli, Miguel Peirano, Martín Lousteau y Carlos Fernández. A estos casos hay que sumarles unos treinta de funcionarios de segundo y tercer nivel, incluyendo cinco directores del INDEC, dos secretarios de Agricultura y dos de Industria. En tiempo de descuento se esperaba la tercera deserción en ese cargo, ya que Fernando Fraguío aguarda en su escritorio pacientemente la promesa presidencial de encontrarle un reemplazante. Hasta anoche ya habían sido cuatro los candidatos que rechazaron la oferta, ya que ninguno quería asumir en una Secretaría de Industria.

El Gobierno, cuando Moreno ya no esté en el gabinete, deberá comenzar a desmantelar el dominio morenista en el INDEC, desempolvando quizás el viejo proyecto de Sergio Massa de crear una «comisión de notables» que normalice el instituto y el eventual regreso de los más de 20 técnicos expulsados del organismo por el ex secretario de Comercio. Tendrá luego el Gobierno de Cristina de Kirchner que asumir que la inflación es al menos el doble que la oficial, con la consecuente influencia en los intereses de los títulos públicos que indexan con el índice del IPC. En medio de esto se deberá resolver qué se hace con los mediáticos, y poco efectivos, acuerdos de precios que Moreno anunciaba con casi nula efectividad, pero que eran tomados como la Biblia por sus técnicos del INDEC.

El Gobierno deberá, además, decidir qué hace con la decisión de impedir que se importe si no se exporta, una medida que amenaza con paralizar varios de los sectores más productivos del país y que se mantenía con Moreno como vigilante cercano.

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