Resignación ante un doble fracaso

Que después de casi 30 años de implementado el régimen de promoción industrial la provincia todavía necesite "incentivar" radicaciones implica otro fracaso rotundo del sistema político, porque significa que durante esos años se hizo muy poco para generar las condiciones para un desarrollo integral de la sociedad, lo que depende casi exclusivamente de la sabiduría en la conducción estatal. El primer fracaso es no lograr garantizar la continuidad del régimen.
Que el régimen de promoción industrial no continúe después del año 2011 es un problema no resuelto, desde ya; un fracaso político del Gobierno provincial podría decirse, que por sus estrambóticos enrolamientos ni siquiera alcanza lo que otras provincias ya alcanzaron, gestiones mas avanzadas y mayor posibilidades que Catamarca de lograr la continuidad del régimen; La Rioja por ejemplo.

Pero que después de casi 30 años de implementado el régimen en Catamarca, la provincia todavía necesite "incentivar" radicaciones industriales en su territorio implica otro fracaso, rotundo en este caso, porque significa que durante todos esos años se hizo muy poco, mas bien nada, para generar las condiciones para un desarrollo integral de la sociedad, algo que depende casi exclusivamente de la sabiduría en la conducción estatal. Otro fracaso del sistema político.

En la actual economía globalizada, el cambio tecnológico constante es la base de sustentación de la productividad y la calidad es la única garantía de la capacidad competitiva. Las condiciones para una exitosa inserción de una economía como la nuestra en el mercado nacional y mundial son complejas, más seguramente que en otras épocas. El reto de la eficiencia es mayor y múltiple.

Supone transformaciones en la conducción macroeconómica, el desarrollo de una nueva cultura microeconómica y un entorno social e institucional distinto, con mayor equidad y estabilidad. En eso consiste el fracaso rotundo de las sucesivas gestiones del FCS.

Cumplir esas condiciones implica modernizar en serio el Estado, la empresa y el sistema político; reducir la pobreza y mejorar la calidad de los sistemas educativos, de capacitación y de innovación científico-técnica, mediante la asociación estrecha entre los entes públicos y privados. Deberá aceptarse que en esto se hizo poco, más bien nada, los últimos años.

Bajo el común denominador de la calidad, en el mercado de bienes y servicios compiten niveles nutricionales y educacionales, diversos tipos de relaciones obrero-patronales, sistemas de innovación y adaptación tecnológica, culturas cívicas e instituciones; claro, todo muy difícil de entender para un gobernante, como los nuestros, que se encaprichan en sostener funcionarios con experiencias solo en el fracaso. Krapp, Martínez, Galera, los ejemplos sobran.

Por ello, nunca como hoy la eficiencia y la eficacia económica han dependido tanto de la sabiduría en la conducción estatal; en eso también fracaso el FCS, sino no se explica la recurrente necesidad del favor de la Casa Rosada.

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