Reservas con Photoshop

Por M. Montenegro.

Es curioso: la fuga de capitales y la dolarización récord de carteras no se refleja en una caída sustancial de las reservas del Banco Central. La clave está en un artilugio armado por la autoridad monetaria.

Las reservas, según informó ayer el Banco Central, ascienden a 46.050 millones de dólares. Néstor y Cristina Kirchner suelen mencionar el número como una conquista de su gestión y de la fortaleza de la economía doméstica. El dato de por sí es llamativo, si se tiene en cuenta que, pese la impresionante corrida al dólar del último año y medio, las reservas del Central se mantuvieron casi invariables: en enero de 2008, antes de la crisis del campo, llegaban a 46.500 millones de dólares. ¿Por qué la fuga de capitales y la dolarización récord de carteras no se refleja en una caida sustancial de las reservas?

El Balance 2008 del Banco Central, publicado con inusual demora recién la semana pasada (casi siete meses después de cerrado el ejercicio), aporta pistas para develar el misterio. Para decirlo sin rodeos: en las reservas que informa la autoridad monetaria hay cada vez menos divisas enteramente "propias". Y se anotan cada vez más préstamos de organismos internacionales (deudas) y dólares que depositan los bancos privados ante el Central. No es ilegal. Es una práctica que se ajusta a los principios contables internacionales. Pero encubre una porción grande de la realidad.

Veamos. El Banco Central difunde diariamente un concepto amplio de "reservas brutas" que, como se dijo antes, casi no variaron desde enero de 2008 (ver cuadro). Sin embargo, esa fotografía que Kirchner agitó durante la campaña electoral apela al "fotoshop" casi tanto como las tapas de Gente con la figura de Susana Giménez. Disfraza el paso del tiempo. Un año y medio en el que los argentinos con capacidad de ahorro volvieron a refugiarse en el dólar, temerosos de un nuevo cataclismo.

De ahí que los economistas prefieran últimamente posar la mirada en definiciones alternativas de "reservas netas", más cercanas a la definición popular: las divisas (u oro) del Banco Central que respaldan los pesos en circulación en la economía. La foto sin retoques.

Para ello es necesario restar a las "reservas brutas", primero, los "préstamos con instituciones financieras internacionales", fundamentalmente préstamos puente del Banco Internacional de Basilea, a los que se recurrió desde el año pasado para evitar el impacto en la opinión pública de un bajón de las reservas. Segundo, cuando los argentinos convierten sus depósitos en pesos en plazos fijos o cajas de ahorro en dólares (las colocaciones en moneda dura se duplicaron en el último año), paradójicamente, las "reservas brutas" no sólo no caen sino que incluso aumentan. Porque parte de esos dólares se computan como reservas bajo el concepto "cuentas corrientes en dólares de los bancos" (el encaje de esos depósitos) en el Banco Central.

Así, una primera definición de "reservas netas" se obtiene al detraer de las reservas que informa el Banco Central tanto los "préstamos con Instituciones Financieras Internacionales" como las "cuentas corrientes en moneda extranjera de los bancos" en el BCRA.

El resultado es que las reserves netas, según la definición más convencional, cayeron en el último año y medio casi U$S 6 mil millones y se ubican actualmente en 35.300 millones de dólares (ver Definición 1).

Pero esa cuenta todavía destila picardía. Bajo el concepto de "otros pasivos" u otros préstamos, el Central incluye en las reservas deudas contraidas –principalmente—con el BID (Banco Interamericano de Desarrollo) a partir del 23 de octubre último. No por casualidad, justo el mes de mayor fuga de divisas durante el año pasado.

En una segunda definición, entonces, que resta estos "otros pasivos" de la ecuación, las "reservas netas" se redujeron U$S 9.600 millones en los últimos 18 meses. Y suman en la actualidad poco menos de U$S 31.000 millones (ver Definición 2).

Aún en esta última definición de las reservas, el poder de fuego del Banco Central para defender sin sobresaltos la paridad cambiaria es indiscutible.

El titular de la entidad, Martín Redrado, buscó reforzar esa sensación en los últimos meses, al acordar un swap de monedas con China (equivalente a U$S 10 mil millones), que podría activarse en caso de crisis cambiaria. Y la ampliación del capital del FMI, que beneficiará a Argentina con unos U$S 2.300 millones (en DEG, moneda del Fondo convertible a dólares) serviría en agosto para contrarrestar la disminución de reservas producto, el lunes próximo, del pago de vencimiento de capital de los bonos Boden 2012 (U$S 2.250 millones).

Más allá de cualquier "blindaje", a diferencia de la Convertibilidad, el régimen de tipo de cambio flotante permite al Central valorizar las reservas frente a los pesos en manos del público a medida que, gradualmente, sube el dólar, achicando así la probabilidad de devaluaciones bruscas como en el pasado.

Sin embargo, las "cuentas claras" son necesarias para entender que las reservas son una fuente de financiamiento acotada para el pago de deudas en el futuro, si se pretende en simultáneo cuidar la estabilidad del peso. A causa de la desconfianza, las arcas del Central sufrieron el cimbronazo. Ya no están repletas con fondos propios. Aunque Kirchner hable de las reservas con una foto antigua en la mano, como si nada hubiera sucedido en los últimos dos años. Y trasmita la idea de que el Central desborda de lingotes de oro en los pasillos.

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