Las reservas naturales en peligro

No cesa la tala de árboles y los basurales que se forman por los vuelcos clandestinos
Arboles que caen, basurales que crecen; montes que son talados con fines comerciales, usurpaciones, obras de alto impacto ambiental. La actualidad de las principales reservas naturales de la Región muestra señales de deterioro y una degradación que avanza, sin prisa y sin pausa, mientras las autoridades no encuentran los mecanismos que permitan revertirla.

En las últimas semanas recrudecieron las quejas por el estado del Parque Pereyra Iraola y la Selva Marginal de Punta Lara, y organizaciones no gubernamentales manifestaron preocupación por el monte ribereño ensenadense. En todos los casos, se trata de áreas protegidas por disposiciones provinciales o municipales, pero altamente vulnerables a todo tipo de agresiones.

"Durante el verano, en plena sequía, el parque se prendió fuego tres veces; ahora nos encontramos con que están dragando el arroyo Pereyra, e increíblemente secaron el lago, arruinando uno de los principales ambientes de la Reserva" relata Pedro Martino. El vecino de Arturo Seguí, que visita cotidianamente el Pereyra con grupos de observación de flora y fauna, explicó que "las retroexcavadoras arrasaron las riberas de los arroyos, dejando montañas de barro y arcilla. Las especies van emigrando y se pierden árboles que no se vuelven a plantar. En treinta años, a este ritmo, no queda nada".

En setiembre de 2007, el Consejo de Coordinación del Programa sobre el Hombre y la Biosfera (MAB), que funciona en el seno de la UNESCO, incorporó al Pereyra a su Red Mundial de Reservas de Biosfera. Sin embargo, el predio -a diferencia de la Reserva Natural Selva Marginal- no está bajo jurisdicción de la dirección provincial de Areas Protegidas, sino del Ministerio de Asuntos Agrarios, que lo gestiona a través de una Oficina de Recuperación Integral.

Su administrador, Gastón Oregioni, subraya: "tal como se planteó inicialmente la canalización de parte del arroyo Pereyra -para evacuar el agua que se concentra en El Pato desde la construcción de la autovía-, el Parque muy probablemente se inundara con cada lluvia. Finalmente logramos evitarlo, y el canal cruzará todo el parque, pero es cierto que el impacto visual de los trabajos es fuerte".

Oregioni precisa que "si bien es cierto que el lago está seco, es porque se abrió la compuerta que lo contiene para poder limpiarlo; no va a desaparecer. Todo es parte de un proyecto que contempla la preservación de los embarcaderos originales, la restauración de los puentes -hay dos en desuso hace años-, y la reforestación de las riberas del arroyo, de las que se extrajeron especies invasoras, respetando las pertenecientes al parque".

La riqueza forestal del Parque Pereyra Iraola viene sufriendo ataques desde hace años, especialmente en los lugares en que limita con áreas urbanas -frente a las localidades de Ingeniero Allan y El Pato-; talas perpetradas por saqueadores de madera, fogatas y la extensión irregular de las áreas cultivadas deterioran el mayor pulmón verde del Conurbano, que también sufre vuelcos clandestinos de basura -en la franja que se extiende a la vera de la ruta 2- y el avance de especies vegetales "invasoras".

UN PATRIMONIO INVALORABLE

El Parque Provincial Pereyra Iraola, creado hace seis décadas, cuenta con más de diez mil hectáreas de superficie, distribuidas en dos grandes triángulos -entre los caminos Belgrano, Centenario, la Ruta 2 y el límite entre los distritos de Berazategui y La Plata- y un cuadrilátero aún más extenso -entre las vías del ferrocarril Roca, la ribera del Río de La Plata, el canal Baldovinos y el límite entre Ensenada y Berazategui-.

Con sólo 800 hectáreas de "uso público intensivo", tiene 2.200 que corresponden a la ex estancia Santa Rosa; otras 2.000, a la ex estancia San Juan -que aloja a las escuelas policiales Dantas y Vucetich-; y otras 5.900 a bañados ribereños y selva marginal en galería.

Allí se concentra la riqueza forestal de más alto valor en una amplísima región: coexisten ejemplares de eucalipto, araucaria, pino, roble, acacia, cedro, tilo, alcanforero, palmera y ciprés, entre otros. Más de 132 especies exóticas o introducidas, algunas muy poco comunes en América -como el mítico "árbol de vidrio"-, que se suman a la flora autóctona del sotobosque o bosque bajo -talas, espinillos, blanquillos, ceibos, lianas, sauces, helechos y plantas rastreras.

BASURALES EN LA SELVA

Los vuelcos clandestinos de basura también amenazan la Reserva Natural de Punta Lara. El relicto de selva marginal, reconocido por expertos internacionales como único en el mundo, recibe año tras año decenas de toneladas de residuos que se esparcen a lo largo de la ex ruta provincial 19, que une la estación Villa Elisa con Boca Cerrada.

Al amparo de la noche y la falta de vigilancia, particulares y empresas arrojan desechos de todo tipo. Pañales, bolsas, cajas, telgopor, animales muertos, escombros, maderas, rezagos industriales son indicios de un fenómeno que se acentúa durante los fines de semana largos, cuando miles de vehículos transitan el "Camino Negro" hacia Punta Lara, con fines turísticos.

"Se trabaja periódica e intensamente en operativos de limpieza, junto con el municipio y Vialidad, pero aún así lo único que resolverá el problema es un cambio en la mentalidad de la gente" admite Oscar Taborda, director de residuos del Organismo Provincial Para el Desarrollo Sostenible (OPDS): "apelamos a la conciencia, porque es imposible controlar el lugar permanentemente en las horas nocturnas".

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