El resentimiento, un mal consejero

Realmente cuesta comprender la forma de conducirse del Gobierno del matrimonio presidencial, al que así calificamos sin ninguna clase de intención peyorativa ya que ambos se comportan y actúan como presidentes en ejercicio. Cristina por efectivamente ocupar el cargo, y Néstor por continuar ejerciendo el poder de hecho y sin preocuparse por disimularlo.
Hace unos días viajó a un acto partidario a Avellaneda con un helicóptero de la presidencia y unos días después a otro en Jujuy con el Tango, aeronaves estas que le habían sido negadas al vice Cobos cuando trató de viajar a Tartagal en ocasión del desastre, aún estando en ejercicio de la presidencia en ese momento. Una demostración evidente del arbitrio con el que se manejan, que incluye -por ejemplo- quitar los granaderos de Yapeyú el miércoles próximo, pues allí estará participando de un acto el vice Cobos. Actitudes que, por cierto, los sitúa en una consideración intelectual bastante opaca.

Lo que vienen haciendo con el campo es de un contenido difícil de buscarle calificativos, roza lo incomprensible, salvo que haya una vocación suicida de por medio. El país necesita del campo como cada uno de nosotros del aire para respirar, de todas las crisis la Argentina logró salir a flote con la producción agropecuaria, que es la de más fácil y rápida respuesta. Y sino, volvamos la vista al 2001, ahí nomás, bien cerquita. Estábamos incendiándonos, sin moneda, en default, con el dólar que podía llegar a cotización extraordinaria, el aparato productivo semidestruido, la gente sin trabajo. Para qué continuar, cualquiera con un poco de memoria lo recuerda. Pero apareció el campo - soja mediante, es verdad- y en menos de lo que canta un gallo el país comenzó una recuperación vertiginosa.

Ahora estamos otra vez en crisis, pero el Gobierno en lugar de facilitarle las cosas a los chacareros, que sería nada más que dejarlos trabajar en paz, les pone todas las trabas imaginables, lo confronta tratando de destruir su organización, le creó mil y un obstáculos burocráticos, busca confundir a la gente para quitarle el respaldo popular que tuvo en lo más duro del conflicto el año pasado. En pocas palabras, quiere matar a la gallina de los huevos de oro, la misma que le permitió a Kirchner, aún con todas sus limitaciones y también sus excesos, hacer un gobierno aceptable.

El tiempo de la abundancia quedó atrás, la sequía y el Gobierno se encargaron juntos de pegarle flor de mazazo en la nuca. Una perversidad que no se entiende, pues con el barco que se hunde nos vamos todos a pique. Pero parece ser que lo ocurrido en el Senado aquella madrugada de julio del año pasado cuando el voto no positivo de Cobos, nunca dejó de generar ánimos de desquite en la Rosada.

Cada uno de los pasos que se viene dando está perfectamente calculado.

Han pasado tantos meses y todo continúa igual que cuando el año pasado se estaba en la cresta de la crisis. La convocatoria al diálogo es sólo una muestra más de los maquiavélicos manejos, siempre dilatando, confundiendo, tratando de llevar al campo a un callejón sin salida.

Buscando los titulares "el Gobierno convoca al paro y el campo le responde con un paro". Este encuentro del martes con la Giorgi parece ser más de lo mismo. Pero nadie come vidrio. Quién le dice que en octubre, toda esa gente clientelista de los colchones, chapas, subsidios y zapatillas, al momento de votar no paguen esa factura con su voto.

El anuncio -con vocero oficial y todo- sobre los encuentros de De Vido con Biolcati es una clara demostración de la forma de conducirse. Claro que para prosperar con un intento destruccionista así hay que encontrar un perejil como el presidente de la Rural, quien -según dijo- respetó códigos de silencio. ¿A cuáles códigos habrá aludido? Acaso no fueron suficientes las experiencias de todo este tiempo. Salvo que haya podido más el ego de cortarse solo.

Todo indica que por delante tendremos tiempos mucho más complicados que el presente, el cual será difícil enfrentar con planes para comprar autos, heladeras o hacer turismo. Hace falta producir. No es tan difícil buscar una salida cuya puerta de acceso tiene un cartel colgado que dice: sensatez. Claro, a veces es tan escasa que asusta.

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