Resarciendo la historia

Dicen que los pueblos que no hacen justicia con su propia historia, no pueden aspirar a un futuro de grandeza. Dicen también que en las grandes discusiones suelen aflorar las grandezas y las miserias mas profundas de aquellos que participan. Algo de esto tiene, y tendrá, la discusión por la flamante Ley de Servicios Audiovisuales.

Fue una larga construcción, de la que formaron parte vastos sectores de la sociedad. Sectores que en muchos casos fueron los que habían quedado postergados luego de más de 20 años de políticas neoliberales. Organizaciones sociales, de Derechos Humanos, Universidades, grupos intelectuales, artísticos y demás. Y por supuesto Las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, íconos de la lucha democrática de nuestra querida Argentina. Aunque canallescamente intenten apuntalar la idea de que no se debatió, la realidad dice otra cosa.

Fue una especie de parto, como un trabajo que comenzó hace mucho tiempo, y que viene a hacer justicia con una democracia que, en muchos aspectos, se diferencia poco de aquella última feroz dictadura. Y una de esas semejanzas era, precisamente, aquella ley de Radiodifusión firmada por el genocida Jorge Rafael Videla. Ley que sirvió de base para la conformación de estos grandes grupos oligopólicos multimediáticos, que se expandieron a lo largo y a lo ancho del país, como tentáculos de un pulpo que tenía su cabeza en la Capital Federal.

Ninguna economía funciona cuando la mayoría de sus mercados son monopólicos u oligopólicos. Los empresarios que se desempeñan en mercados que presentan esta característica tienen la capacidad de adaptarlo en base a su exclusiva conveniencia, fijando precios y pautas laborales que maximizan sus ganancias. En el tema de los medios, esto tiene un aditamento mayor: la mercancía con la que trabajan es la palabra, y la utilización monopólica de ella es capaz de moldear la opinión pública de toda sociedad que se exponga bajo sus influjos.

Por eso era preciso terminar con el marco legal que servía de sustento a esta realidad. Mucho se ha dicho y mucho se dirá de esta nueva ley: que es una Ley "K", que amordaza el ejercicio del periodismo, que atenta contra la libertad de la gente, etc, etc, etc. Tomémoslo como de quien lo emana: son ataques de las empresas que, evidentemente, verán afectadas sus ganancias con la flamante ley. Pero nada de lo que digan es cierto. Absolutamente nada. Basta con leer detenidamente el articulado de la nueva norma para darse cuenta de que, efectivamente, es todo lo contrario a los argumentos que utilizan para defenestrarla. La mas penoso, son lo profesionales de los medio que prestaron su cuerpo para la defensa empresarial de sus patrones.

Celebremos este triunfo de la democracia. Pensemos, por un momento, que aquellas verdades que en los ´90 parecían absolutas e incuestionables, en los últimos años han empezado a resquebrajarse. Y tomemos conciencia de lo que significa: nunca los intereses empresariales son los intereses de las mayorías. Aunque intenten convencernos de lo contrario. Y esto, en el mundo de los medios de comunicación, es mucho mas claro, y quedó evidenciado en esta jugada que dejó a la Argentina a mano con la historia.

Y tengamos en cuenta que la libertad de expresión es mucho más que la existencia o no de TN.

(www.agencianova.com)

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