Repudios y acusaciones cruzadas después de la agresión a Scioli

Todo el arco político se solidarizó con el gobernador, agredido por ruralistas en Lobería. Pero no tardaron en llegar los reproches: el Gobierno acusó al peronismo disidente. Y desde allí cargaron contra el propio Scioli por "inducir a la violencia".
La agresión a Daniel Scioli y el escrache como metodología de protesta fue repudiado por el arco político que va desde la oposición hasta el Gobierno. Podría haber sido un día de paz, un impasse en medio de la campaña, pero ocurrió todo lo contrario: los incidentes en Tandil y Lobería recalentaron la pelea electoral. En el Gobierno acusaron a Unión-PRO y a la Sociedad Rural de ser los autores ideológicos y materiales de los incidentes y Néstor Kirchner habló de "bandas fascistas". La réplica de Francisco de Narváez y Mauricio Macri no fue menos virulenta: acusaron a Scioli de "irresponsable" y de "inducir a la violencia".

Hasta el gobernador bonaerense, que suele escapar de las polémicas y apela a las frases mesuradas, ayer abandonó por un instante su particular estilo y dijo: "Me van a tener que pegar un tiro en la cabeza para que deje de trabajar". No paró ahí. "Hay que desenmascarar a los que empezaron con estos métodos. Se sabe para dónde están militando", agregó.

Scioli hizo responsable a la Sociedad Rural y dio a entender que quienes el jueves le tiraron huevos, naranjas y piedras durante un acto proselitista juegan electoralmente para el frente del PJ disidente y el macrismo. Scioli lo dio a entender, pero el ministro del Interior, Florencio Randazzo lo aseguró con todas las letras: "Son fiscales y militantes de Unión-PRO".

"No van a lograr amedrentarnos con estas actitudes de violencia", indicó Alberto Pérez, jefe de Gabinete de Scioli. "La estrategia de PRO en la provincia se sostiene en patotas y marketing", pegó el vicepresidente del Banco Provincia, Gustavo Marangoni.

Las voces kirchneristas se apilaban desde temprano en los despachos de las agencias de noticias y la dirección de los dardos obligó al comando de campaña de Unión-PRO a salir al cruce. El descargo se hizo por escrito, acaso para exhibir una muestra de unidad frente a los roces que aún hay entre los socios. Los operadores de De Narváez, Macri y Felipe Solá se cruzaron llamados y emitieron un texto conjunto. Repudiaron el hecho, pero escribieron un párrafo duro contra el compañero de lista de Kirchner.

"Lanza acusaciones falsas que pueden inducir a la violencia y que crean un peligroso clima de tensión en medio del proceso electoral", dice el escrito. El presidente de PRO, José Torello insistió ante Clarín: "Scioli ofende a la institución de gobernador". Pese al embate mediático, De Narváez llamó ayer varias veces a quien será uno de sus rivales el 28 de junio para expresarle su solidaridad. El gobernador le devolvió el llamado cuando anochecía. "Sabés que mi sentimiento hacia a vos no tiene nada que ver con lo que te pasó", le dijo el empresario.

"Mi repudio es total", había afirmado Kirchner, por la mañana, también en un acto de campaña. "Este es el problema de las bandas fascistas —acotó— por la impotencia que tienen ante el resultado que se va a dar en las próximas elecciones". Y se la agarró de nuevo con "cierta prensa que tendría que haber condenado estos hechos desde siempre".

Sin inmiscuirse en la pelea de los integrantes de las dos listas del justicialismo, desde el Acuerdo Cívico y Social se acoplaron al repudio por el ataque que el jueves cometió un grupo de ruralistas en Lobería. "No me gustan las agresiones", opinó Margarita Stolbizer, rival de Kirchner y de De Narváez, aunque advirtió: "En el interior sienten que sus gobernantes les han dado la espalda".

Elisa Carrió, la líder del espacio, habló poco del tema pero fue contundente: "Nosotros repudiamos las formas violentas. No es forma de tratar a un gobernador. Basta con no votarlos nunca más".

El ataque lo cometieron, según el Gobierno, un integrante de la Federación Agraria, otro de la Sociedad Rural y "un estanciero importante", que fueron detenidos cuando se acercaban al helicóptero de la gobernación. Sin embargo, Joaquín Ibarbia, uno de los implicados —luego liberado, junto con los otros manifestantes— desmintió que trabajen para el PRO. Por separado, las entidades agrarias CARBAP y Federación Agraria también se despegaron del asunto y repudiaron el escrache.

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