Los republicanos, ante su mayor desafío

La embestida de Cheney contra Obama por Guantánamo pareció "revivir" al partido, que debe optar entre los halcones o los moderados
WASHINGTON.- Convertido en el mayor cruce ideológico en los cuatro meses de administración demócrata, el reciente duelo verbal entre el presidente Barack Obama y el ex vicepresidente Dick Cheney marcó el primer contragolpe furioso de la oposición a la Casa Blanca y agudizó al mismo tiempo la crisis de discurso y de liderazgo del Partido Republicano.

La oposición se encuentra ahora ante un dilema de hierro: o se alinea con lo más impopular del gobierno del ex presidente George W. Bush, o construye una jefatura alternativa de modo urgente.

El jueves, mientras Obama ratificaba el cierre de la prisión de Guantánamo, donde se alojan los sospechosos de terrorismo, Cheney defendía la política antiterrorista de Bush y alegaba que la postura de la Casa Blanca vulnera la seguridad del país.

Defensor de la tortura "para salvar a los Estados Unidos del terrorismo", Cheney se ha convertido, según los analistas, en "la voz, el discurso y la cara" más valientes de la oposición, que se halla a la deriva ante el silencio en que se ha sumido Bush. Y que encuentra al ex candidato presidencial John McCain incómodo en la tarea de atacar a Obama en puntos con los que, en realidad, coincide, como es el cierre de la cárcel de Guantánamo, campo de batalla preferido de la embestida republicana.

Desde que asumió Obama, los republicanos - que hace tan sólo unos años alardeaban de tener una mayoría permanente en Estados Unidos- vivieron con un pie en la vergüenza. Y otro, en la peor crisis de las últimas décadas, enfrascados en reyertas internas y en un debate no resuelto de hacia dónde ir. El único que pareció sacar el coraje suficiente para enfrentar al popular presidente fue Cheney, un hombre sospechado de lo peor de la administración Bush. Eso incluye desde un supuesto enriquecimiento con negocios de petróleo en Irak hasta el apoyo decidido y declarado a métodos de tortura, a los que defiende como "legales, eficientes y correctos".

"Los republicanos tienen dos grandes problemas: el primero es su desconexión con el electorado, sobre todo, con influyentes minorías como los hispanos. El segundo, que carecen de un líder carismático", sintetizó David Stebenne, de la Universidad de Ohio. "Necesitan a otro Reagan, a otro Eisenhower", añadió el académico, para quien, si las políticas económicas de Obama funcionan, la derecha republicana se arriesga a pasar "años y años en la sombra".

Efectos

El papel estelar de Cheney en su duelo con Obama ha sido un revulsivo. Por un lado, aumentó la imagen del partido, que no hacía más que caer en popularidad en todos los grupos demográficos imaginables.

La estima popular del ex vicepresidente también aumentó, del 29 al 37%, según encuestas de la CNN. Y en un milagro del efecto "arrastre", también mejoró la imagen de Bush. Además de sacar al partido de la modorra, aunque muchos creen que el efecto perdure en el tiempo, por lo menos hasta el año que viene, cuando haya que salir a hacer campaña otra vez.

"Voy con él (por Cheney) a cualquier lado", dijo, entusiasta, el presidente del bloque republicano del Senado, John Cornyn. "Creo que tengo suficiente" con otros apoyos, dijo, en cambio, el senador por Utah Robert Bennett, cuando se le preguntó si le gustaría tener el respaldo de Cheney para la campaña. Algo similar contestaron otros legisladores que deben renovar sus escaños.

Muchos mantienen esperanzas en el popular Colin Powell, que fue jefe de la diplomacia durante el primer mandato de Bush. Powell, que hoy dará una esperada entrevista por TV en la cadena CBS, es un moderado que tiene excelente relación con Obama. Su figura podría encarnar el giro al centro que muchos creen que es la única salida que tiene la agrupación. Powell dijo recientemente que un nuevo Partido Republicano "está esperando para surgir"

"Pero la característica principal del ala moderada del Partido Republicano es que no existe", ironizó días atrás Roger Simon, analista de Político , una de las publicaciones especializadas más seguidas en Washington.

"El partido se está volviendo más y más pequeño y eso no es bueno para Estados Unidos", dijo Powell en una conferencia de prensa, en la que arremetió contra el ala más derechista del partido y que tiene en el periodista radial Rush Limbaugh a su máximo exponente.

La reciente deserción del senador republicano moderado de Pensilvania Arlen Specter -que se pasó al bando demócrata tras aducir que no le quedaba más remedio que abandonar un partido radicalizado- parece dar la razón a quienes defienden a Powell.

Cheney se ha quedado atragantado con el ex secretario de Estado. "No sabía que todavía fuera republicano", ironizó, hace poco. "Lo que tiene que hacer Powell es completar el círculo y pasarse de una vez al bando demócrata", apostilló Limbaugh.

El jefe del comité nacional del partido, Michael Steele, aseguró que los días de vergüenza y timidez "han quedado atrás". Y que la "luna de miel" con Obama "ha terminado". Pero muchos no saben, todavía, cómo salir del golpazo de las derrotas sufridas.

"Creo que lo que necesitan es olvidarse un poco de Obama y empezar a reorganizar el partido Estado por Estado", opinó Bruce Gronbeck, de la Universidad de Iowa.

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