Reprime y desafía la dictadura de Honduras

Mientras el gobierno de facto de Micheletti intensifica la mano dura y desoye los llamados de la comunidad internacional, el presidente constitucional Manuel Zelaya prepara un viaje que realizará mañana a México.
Con 35 días de vida en su haber, la dictadura de Honduras desafió ayer al gobierno de Estados Unidos por insistir con la vuelta del presidente constitucional Manuel Zelaya (ver recuadro) y aseguró que el régimen de facto está firme en el poder. "No hay país ni pueblo en el mundo, por poderoso que sea, que pueda doblegarnos", aseguró el dictador Roberto Micheletti. La confianza de los golpistas en sí mismos no se expresó cualquier día: una nueva muerte ofició como telón de fondo. Ayer, otro profesor fue asesinado en horas de la madrugada cuando salía, precisamente, del velatorio del maestro Roger Vallejos, ejecutado de un tiro en la cabeza por fuerzas policiales durante una manifestación el pasado jueves.

Si bien el gobierno de facto ya apresó a un menor de 15 años por el crimen, en el Frente de Resistencia contra el golpe no dudan en contar la muerte como una acción más de la dictadura. "Martín Florencio Rivera murió de 27 puñaladas cuando salía del velorio de Vallejo. Es la misma forma en que mataron al compañero Pedro Muñoz, cuyo cadáver apareció con 42 puñaladas el último 25 de julio en una carretera rural de El Paraíso", aseguró ayer Eulogio Chávez, presidente del Colegio de Profesores de Educación Media de Honduras (Copemh).

Para Juan Barahona, dirigente sindical del Bloque Popular –frente que aglutina a diversas organizaciones en su resistencia al golpe–, tampoco hay margen de duda. "Se está queriendo justificar que fueron mareros (pandilleros juveniles) los que mataron al compañero. Pero éste no es un hecho aislado sino que es parte de los abusos de este gobierno golpista por frenar la resistencia. Ningún ladrón va a matar de 15 puñaladadas", argumentó el sindicalista.

La noticia del asesinato cruzó la frontera sur y la solidaridad, a su vez, también llegó por parte de Zelaya desde tierras sandinistas. "Quiero decir desde aquí a los diferentes miembros de la sociedad hondureña que se debaten en las calles contra este régimen de represión, que la sangre derramada no va ser en vano, porque vamos a luchar infatigablemente hasta revertir el golpe militar", aseguró el mandatario desde la localidad nicaragüense de Ocotal.

Pero si Zelaya se pasó la última semana en esa localidad fronteriza rodeado de campesinos que se fueron hasta allí para apoyarlo en su eventual regreso, ayer pareció dar un nuevo golpe de timón a su estrategia al partir rumbo a Managua. "Razones estratégicas", fue todo lo que le dijo uno de sus allegados a las decenas de hondureños que se preguntaron a dónde se había marchado su líder. Al poco tiempo, sin embargo, el plan se develó: la vía diplomática internacional, por fuerza o necesidad, volvió a cobrar impulso.

Según confirmaron voceros zelayistas, el hondureño partió rumbo a la capital nicaragüense para comenzar a preparar un viaje que realizará a México mañana. Felipe Calderón, presidente de ese país y presidente pro tempore, también, del Grupo Río, había invitado hace unos días a Zelaya a que lo visite para discutir en conjunto la mejor forma de relanzar el proceso de mediación iniciado por el presidente de Costa Rica, Oscar Arias.

El propio Zelaya había dado por muerta esa instancia luego de que los golpistas no respondieran a los puntos propuestos por Arias, dando a entender que su restitución en el cargo no era negociable.

Sin embargo, ayer, de manera tímida, la vía de la mediación parecía volver a instalarse. Enrique Iglesias, ex presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y hombre señalado por Micheletti como posible emisario de confianza para reanudar conversaciones, llegó a Costa Rica acompañado por la vicepresidenta española María Teresa Fernández de la Vega. De la Vega adelantó, a su vez, que hoy se les suma José Miguel Insulza, secretario general de la OEA, y los tres, junto con el mandatario anfitrión, Oscar Arias, comenzarán a discutir posibles soluciones negociadas a la crisis del país centroamericano.

Desde el campo popular hondureño, no obstante, apostaron ayer por seguir con las movilizaciones populares como arma predilecta para luchar contra la dictadura. El próximo paso, según se anunció, será emprender las dos mayores manifestaciones realizadas hasta ahora con el objetivo de copar las principales ciudades hondureñas. "Se van a realizar dos marchas con gente procedente de todo el país. Algunos se desplazarán a San Pedro Sula y otros a Tegucigalpa. Se prevé que se inicien las caminatas el miércoles 5 de agosto y que lleguen a esas ciudades el 10 de agosto", precisó ayer Barahona, dirigente de la resistencia.

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