Una repetición incomprensible

Por: Ricardo Roa

Cristina Kirchner remachó que las retenciones a la soja no se tocan. Y pasó lo que todo el mundo sabía, incluido desde ya el propio Gobierno: volvieron el paro y los cortes de ruta en el campo

Más de un año después, la misma película. El mismo día en que el campo llevaba su propuesta a Diputados y reunía a más de 100 diputados aunque sin alcanzar el quórum, la Presidenta dobló la apuesta. Le escapó a todo debate en el Congreso y decidió por decreto que el 30% de las retenciones vaya a provincias e intendentes. Lo hizo en Olivos, con el aplausómetro de los funcionarios a todo vapor. Kirchnerismo puro.Con el trajinado argumento de la crisis internacional, unos 1.700 millones de dólares irán para obras sin duda necesarias. Pero que nadie puede desvincularlas de la campaña electoral. El grueso del dinero será para Buenos Aires y el Conurbano, donde Kirchner juega buena parte de su destino político. Hace tiempo que para él los barones del GBA dejaron de ser una mafia duhaldista. Ahora son su principal línea de defensa.

En los fundamentos del decretazo, el Gobierno pretende que asignarle al Interior una parte de las retenciones es "una inédita descentralización federal de recursos". Lo es sólo en este caso. Por lo demás, pasa todo lo contrario: de cada $100 de impuestos nacionales, $70 se quedan en la caja del poder central. Nada que se diga muy federal. Y una buena explicación de la asimetría entre el superávit nacional y el rojo de muchas provincias. Que haya pasado más de un año y no se pueda encontrar siquiera un cauce para el conflicto con el campo resulta incomprensible. Hay responsablidades de los dos lados. Pero la que le cuadra al Gobierno es incomparablemente mayor. Sencillamente porque es el Gobierno.

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