Repercusiones después del anuncio sobre el bingo

Desde el espacio que funciona en un salón de la Basílica acompañan el pedido realizado por Rosso la semana pasada.

Sin embargo, marcaron la necesidad de trabajar con la Municipalidad en la prevención y atención de la ludopatía.

Después del pedido público que la intendenta Graciela Rosso realizó al gobernador Daniel Scioli para que evalúe la posibilidad de cerrar Bingo Luján, aparecieron las primeras repercusiones.

Desde Jugadores Anónimos “Grupo Fénix”, uno de los dos en su tipo que funciona Luján, expresaron su satisfacción por la solicitud efectuada por la jefa comunal. Así lo manifestó Leonardo, un jugador en recuperación que conoce en detalles los problemas sociales que genera la sala de apuestas local.

“A mí me sorprendió gratamente. Uno ve lo que hace el bingo, lo que hizo conmigo. Una hora antes de abrir, la gente hace cola, con la bolsita de los mandados en la mano. Ves chicos afuera esperando a los padres que están adentro”, comentó.

Sobre la posibilidad concreta de lograr el cierre del bingo, Leonardo dijo que “eso es una cuestión política y legal que desconozco. Va a ser una lucha difícil. Creo que hay intereses de por medio, no sé si políticos, pero sí económicos. Esperemos buenas noticias”.

Si bien desde Jugadores Anónimos consideran que el cierre de Bingo Luján no es la solución definitiva al problema de la ludopatía debido a la cercanía de otras salas de juego, saben que resultaría un paso fundamental.

Carlos, otra persona que forma parte del Grupo Fénix, contó que “la gente que va al bingo es de clase media para abajo. La mayoría va con 50 o 60 pesos por día. Con ese dinero no van a poder ir a jugar a Moreno, o a la esposa que se le ‘escapa’ al marido para ir a jugar no le van a dar los tiempos para ir a un bingo lejos”.

“La gente que vive en las localidades también va a tener más restringido el acceso al juego. El que gana 1500 pesos por mes, no puede jugar 600 o 700 pesos por mes. A fin de año empezás a teclear, al segundo te fundís y al tercero empezás a robar para jugar. Así perdés todo. Es la cárcel o la muerte, en ese camino no hay otra posibilidad”, reflexionó Carlos.

Sobre la juntada de firmas que por estos días lleva a cabo el Departamento Ejecutivo para sumar adhesiones al pedido de cierre (ver recuadro), Carlos marcó que “fui a firmar el libro, pero está cerrado como si fuera un cuaderno más”. Por esta razón, consideró decisivo buscar apoyo entre los vecinos y comunicó la predisposición del grupo que integra para juntar firmas.

“Queremos que quede en claro que no tenemos nada en particular contra los trabajadores del bingo. Eso es un tema independiente de nosotros. De ese tema se tiene que ocupar la Intendencia o el Concejo Deliberante”, aclaró Carlos.

PREVENIR Y CURAR

Al margen de la intención del gobierno encabezado por Rosso, las personas que integran el Grupo Fénix entienden como imprescindible la puesta en práctica de diferentes actividades con el propósito de generar conciencia en la sociedad lujanense sobre los problemas que puede acarrear el juego.

“Queremos hacer llegar a la Intendencia y a la sociedad en su conjunto nuestro granito de arena para ayudar a las personas que quieran salir de su adicción al juego. Queremos ver si podemos aportar algo, lograr mayor difusión y que se conozca un poco más todo esto”, explicó Leonardo.

Desde el grupo se solicitaron audiencias con la intendenta Rosso que hasta el momento no fueron respondidas. Carlos aclaró que “nosotros no tenemos un fin político, de lucro ni de controversia, sino que tratamos de abrir el abanico para que este flagelo de la ludopatía pueda ser combatido”.

“Tengo una hija de siete años. Esto lo hago por mí, pero también miro para atrás. No quisiera que mi hija se enferme de esto. A título personal, he cometido errores. Asumimos nuestra responsabilidad. Ahora queremos transmitir nuestras experiencias”, agregó.

Para Leonardo, “la sociedad lujanense sigue siendo pacata con estos temas, sigue juzgando al jugador como una mala persona”. Por esta razón, explicar que el juego compulsivo es una enfermedad y no una elección resulta prioritario para los miembros de Jugadores Anónimos.

“Además de ser una de las más caras, esta adicción también trae deterioro físico, porque vos restas importancia al cuidado personal. También te enfermás porque estar adentro de un bingo te produce nervios. De la misma manera descuidas el trabajo y la familia. En el alcohol y en la droga el deterioro físico es más evidente, pero con el juego también se produce un deterioro”, puntualizó Leonardo.

Por lo pronto, desde el Grupo Fénix se encuentran abocados a la realización de una charla abierta para abril o mayo próximo. También comenzarán con charlas en colegios y escuelas para alumnos y docentes.

DÍAS Y MOTIVOS

Jugadores Anónimos “Grupo Fénix” funciona en un salón de la Basílica, ubicado en el sector que da a la esquina de Mitre y Padre Salvaire. Las reuniones se realizan lunes y jueves a partir de las 20.

“Cuando uno ingresa al grupo cree que su historia es la más dura y la única. Después encuentra afinidades. Hay historias tan o menos terribles que las propias, pero todas duras y con un deterioro económico y moral”, explicó Leonardo.

“El juego es un fraude”

Osvaldo tiene 63 años. Es un jugador en proceso de recuperación con una carrera de 40 años en el mundo de las apuestas. Esta semana, se comunicó con la redacción de EL CIVISMO con la intención de dar a conocer su testimonio.

En primer término aclaró que sus palabras eran “a título personal”, y no como representante de Jugadores Anónimos.

A Osvaldo el mundo de los bingos siempre le fue familiar: “Prácticamente conozco todos los bingos de la provincia de Buenos Aires”.

Los fines de semana encontraba el tiempo para viajar a San Martín y acercarse a un mundo que poco a poco lo atrapó. Cuando Luján pasó a contar con bingo propio, las frecuencias se multiplicaron tantas veces que llegó a ser un cliente diario de la sala de apuestas local.

“Mi relación con el juego era los fines de semana, porque no podía viajar a San Martín todos los días. Es decir que tenía una tregua. Cuando se instaló el bingo en Luján verdaderamente empecé a ir todos los días. Un día llegué a estar 24 horas adentro. En ese momento el bingo no tenía restricciones de horario”, contó Osvaldo.

A la distancia, analiza aquellos años como “de ceguera mental”. Osvaldo explicó que dentro del bingo se olvidaba de la hora, de alimentarse. “Salía destruido, con la idea de eliminarme. Siempre trataba de inventar una mentira para justificar lo que había hecho. Hay cosas que no me perdono. No lo quiero hacer patético, pero mi madre vivió conmigo hasta hace un año. Yo voy todos los días al cementerio para pedirle perdón por lo que hice”, dijo Osvaldo.

“Reconozco que hay jugadores sociales, pero yo soy un jugador compulsivo. ¿Se entiende bien lo que es compulsivo? En esto días desde el bingo salieron a decir por una radio que ellos no llaman a la gente. Eso es increíble. La compulsión es el deseo irrefrenable a algo. Yo tengo un deseo irrefrenable a jugar. Siempre que está el bingo está la usura. Yo he visto a señoras mayores, que después de trabajar 40 años, sacaron un crédito para seguir jugando.

“Todos los que somos jugadores tenemos la idea de que en un momento dado nos va a tocar a nosotros. Pero jamás le podemos ganar a una máquina inteligente. El juego es un fraude”, agregó.

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