Renunció Gustavo Mena y lo reemplaza Diana Larraburu.

El cambio se produjo por el alejamiento del ex funcionario, "por razones personales y de su profesión particular".
Se conoció, ayer, públicamente, la renuncia del doctor Gustavo Mena, quien ocupara la secretaría de Gobierno desde diciembre de 2007 y cuyo alejamiento se mencionaba desde finales del año último, aunque fuera descartado reiteradamente.

Oficialmente, se informó que el jefe comunal, Cristian Breitenstein, firmó, el lunes último, el decreto que designa en dicho cargo a la doctora Diana Larraburu, quien se desempeñaba como subsecretaria en dicha área.

La abogada y escribana, de 34 años, se hizo cargo, en la víspera, de la cartera más importante dentro del gobierno local y participó de una reunión con el jefe comunal, el secretario de Economía, Hugo Borelli; el director de Tránsito, Maximiliano Celendano; el también nuevo subsecretario de Gobierno, Andrés Ombrosi, y el actual titular de Coordinación, Ramiro Villalba.

Al término del encuentro, Breitenstein, acompañado por Borelli, se refirió informalmente al cambio de funcionarios, indicando como "comprensible" el alejamiento de Mena, destacando la juventud de su actual gabinete, el rol político que tendrá el secretario de Economía, "por su vasta experiencia", y aseverando la importancia que han alcanzado en otros estamentos ex funcionarios de su gobierno.

"Era su reemplazo natural", respondió el intendente, cuando se le consultó por el nombramiento de Larraburu en el cargo dejado por Mena.

Larraburu cultiva el perfil bajo y ocupa cargos, desde hace algunos años, en el Concejo Deliberante y en la Municipalidad.

Ahora, tomó las riendas de la secretaría que, precisamente, también ocupase Mónica Grimberg, en el último tramo del gobierno de Rodolfo Lopes.

"Diana Larraburu me acompaña en todas las etapas de la función pública desde hace casi 10 años", dijo, ayer, el intendente, al presentar a la funcionaria en su nuevo cargo.

"De alguna manera, es el reemplazo natural --de Mena--, conjuntamente con un equipo joven, que me parece que es una apuesta hacia adelante", agregó.

"Si bien obviamente --en la gestión pública-- se requiere de experiencia, también se necesita renovar permanentemente. El área de Gobierno es un área de gestión, que requiere de mucho dinamismo, mucha entereza y templanza para luchar con los obstáculos. Pero también tenemos gente que tiene ganas, como Andrés Ombrosi, Ramiro Villalba o Maximiliano Celendano, que tienen compromiso con la función pública, tienen vocación y, por lo tanto, hay que darles el espacio para trabajar", subrayó.

--¿Lo sorprendió la renuncia de Gustavo Mena?

--No. Desde hace casi tres años que gestiono yo, llevo cambios de más de 100 funcionarios, mil planes de desarrollo y 500 empleados públicos. Esto lo hablamos con Gustavo; se debió a un tema estrictamente familiar y de su profesión privada. Ha desempeñado muy bien su tarea y seguimos trabajando conjuntamente para que, desde el lugar que cada uno ocupa, se puedan resolver los temas de Bahía.

--Resta aún cubrir el cargo que dejó Budassi, en la secretaría Legal y Técnica...

--Para eso, vamos a esperar, porque está a cargo Eugenia Tella; básicamente, durante todo el mes de febrero, en esta reorganización que implicó la ida de Iván Budassi a la AFIP, que nos llena de orgullo.

"Hoy, estuve con Otharán --Jorge--, que fue secretario de Gobierno y tiene responsabilidad en el puerto y pudo haber tenido una responsabilidad pública en algún ministerio de la Provincia. Eduardo Conghos es el segundo en Medio Ambiente de la Provincia; Sandra Reñones está en el Instituto Cultural.

"De alguna manera, generar gente joven, que rinda, que sea idónea y que pueda crecer en su actividad pública o privada, me parece beneficioso".

--Se mencionaba a Borelli como reemplazante de Mena. ¿Por qué se decidió por Larraburu?

--No sé quién lo mencionaba, el que designa y menciona soy yo. Hugo Borelli está aquí, a mi lado; obviamente es, probablemente, el hombre más experimentado que tengamos en la tarea, y va a tener un rol importante, tanto desde lo político como de gestión. Valoramos su experiencia y su vocación pública y va a servir para equilibrar el ímpetu juvenil.

Mena renunció el viernes último. Ayer, cerca de las 12, el gobierno municipal hizo conocer un comunicado relacionado con el tema, en el que se señala que Breitenstein firmó el decreto, por el cual se designa, a partir del lunes, como secretaria de Gobierno, a Diana Larraburu.

Tras pasar revista al currículum de la nueva secretaria, sólo los dos últimos renglones del bando hacen alusión a Mena: "En tanto, el Dr. Gustavo Mena, quien ocupara ese cargo hasta la fecha --martes--, se alejó de la función pública por motivos estrictamente familiares y profesionales, vinculados a su actividad privada", se señala.

Pocos minutos después de conocida la comunicación escrita, se tejieron conjeturas, ya que, de acuerdo con el texto oficial, la designación de Larraburu se produjo antes de la renuncia de Mena, lo cual configuraría un escenario en el cual al secretario saliente no le quedaba otra opción que dimitir, ya que otra persona había pasado a ocupar su cargo.

Pero, en realidad, Mena había presentado su renuncia por escrito el viernes 23, poco después del mediodía.

De acuerdo con las fuentes consultadas, en el texto de dimisión Mena, efectivamente, aduce estrictas razones de carácter particular que le hacen imposible seguir desempeñando la función para lo cual lo había "distinguido" Breitenstein.

En esa misiva, expresa al jefe comunal su más profundo agradecimiento "por haberme permitido participar en un proceso histórico de gobierno en la ciudad, que se manifiesta no sólo por las obras y servicios de carácter inédito que se están brindando a los vecinos bahienses, sino, también, por generar las condiciones necesarias para una construcción de nuestra comunidad democrática y participativa".

En otro de los párrafos de la renuncia, el funcionario renunciante habría consignado que "lo esencial es invisible para los ojos, escribió hace ya muchos años Antoine de Saint Exupéry, y en ese camino de pensamiento, lo esencial a su tarea ha sido y es despertar a Bahía Blanca a un futuro de desarrollo, dejando de lado atávicas costumbres y políticas que se caracterizaron por la inacción, desesperanza, aislamiento y la crítica mezquina".

También le hace saber que está convencido de que "el camino que ha elegido, privilegiando el consenso, síntesis y respeto por la diversidad de ideas, y los intereses generales por sobre los particulares será el modelo que nos permita avanzar hacia un futuro venturoso que incluya el necesario desarrollo político y ético".

En los tramos finales la nota a Breitenstein, destaca que "como vuestro nombre lo indica, lo reconozco como una persona de profunda fe cristiana; quiera Dios darle la sabiduría y templanza necesarias para enfrentar los obstáculos futuros y continuar realizando una obra de gobierno que se distingue por la acción y los resultados concretos a favor de los vecinos.

"Llevo en lo más profundo de mi persona el inmenso honor de haber tenido la responsabilidad de ejercer las funciones de secretario de Salud y de secretario de Gobierno en la ciudad que vio nacer cuatro generaciones de mi familia, y de haber realizado un humilde aporte a su gestión de transformación", concluye.

Final anunciado.

La renuncia de Mena constituye el segundo abandono de un secretario al gobierno de Breitenstein, en el transcurso de un mes.

El anterior había sido el doctor Iván Budassi, quien se fue de la secretaría Legal y Técnica del municipio, entre Navidad y Año Nuevo, convocado por el titular de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), Ricardo Echegaray.

Mena había llegado al gobierno de Bahía Blanca como secretario de Salud, en abril de 2007, área en la que actuó hasta pasado el turno electoral de ese año.

Ya consagrado intendente, Breitenstein rearmó su gabinete.

Jorge Otharán, quien venía al frente de la secretaría de Gobierno, se hizo cargo de la presidencia del Consorcio de Gestión del Puerto y Mena tomó a su cargo la posta.

A partir de ese momento, Mena rápidamente se convirtió en el articulador y negociador de las principales políticas públicas encaradas por el municipio, aptitud que, aunque desde una esfera más acotada, ya había preanunciado en su paso por Salud.

Partidario de los consensos, la persuasión, la toma de decisiones racionales y posibles, desconfiado de los lineamientos emergentes del marketing y las encuestas de imagen, tuvo una estrecha relación con los concejales opositores, uno de los flancos débiles que presenta el gobierno de Breitenstein, ya que el bloque oficial, por la escasez de su número, no está en condiciones de imponer su criterio de manera automática.

Durante su año y medio al frente de la secretaría política del municipio, no hubo tema en el que Mena no se involucrase.

Cuestiones relacionadas con la preservación ambiental, reconversión y negociación con los prestadores de los servicios más importantes de la comuna, como la recolección domiciliaria de residuos y el nuevo sistema de transporte público del pasajeros, y todo lo relacionado con la política del personal municipal y la consecuente, y generalmente tensa, relación con el Sindicato de Trabajadores Municipales, formaron parte de su agenda.

Por sus manos, también pasó la controversia que involucró al secretario de Obras Públicas, Rubén Valerio, en el contexto del denominado "corralito urbano", la creación del Cuerpo Unico de Inspectores Municipales (CUIM) y el diálogo con las autoridades de la fuerza policial de la ciudad en todo lo relacionado con los esfuerzos por atemperar la ola de inseguridad.

Ya a mediados de noviembre último, Mena había manifestado a Breitenstein su intención de alejarse del gobierno, aduciendo motivos de orden particular, a lo que obtuvo como contestación que demorase su partida hasta mediados de diciembre.

Para esa época, se produjo un segundo intento de renuncia de Mena, el que fue virtualmente pulverizado por Breitenstein, cuando, según comentaron fuentes allegadas, el jefe comunal dijo, en privado, "los funcionarios los elijo yo y también soy yo el que decide cuándo deben alejarse".

Horas después, Breitenstein confesó a sus allegados que se debía una reunión con Mena, la que, seguramente, se produciría en la primera semana de enero, y que, finalmente, no se realizó.

No obstante, el pedido, en este caso, fue que permaneciese en el cargo hasta principios de febrero.

Pero la decisión del secretario de Gobierno estaba tomada desde mucho antes y sólo se trataba de seguir dando señales codificadas que hiciesen entender a Breitenstein que su postura no era caprichosa, sino definitiva, pero cuidando que la misma no alcanzase ribetes controversiales que, de alguna manera, derivasen en una crisis de gabinete.

El primer día hábil de enero, Mena ya no concurrió a su oficina, sabiendo que no regresaría más; al menos, en condición de secretario de Gobierno.

La decisión tomada en noviembre se estaba comenzando a concretar de manera gradual. Su pedido de licencia por 30 días (es decir, todo enero) fue una señal clara hacia Breitenstein de que no se trataba de chicanas de palacio, sino que su intención de fondo era no regresar.

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