La renuncia a los honores y a la gran lucha

La autolimitación impuesta por el gobernador Daniel Scioli en su carrera política, o la postergación de determinadas etapas que se creían propicias para avanzar, es tal vez la crónica de un desenlace anunciado por las aciagas circunstancias de un presente de gestión complicado y muy poco floreado por triunfos para incrementar el crédito personal.
La tan accesible llegada a la gobernación bonaerense con el impacto de una imagen de nuevo estilo político ha sido reprocesada en los últimos meses, al punto tal que la cercanía al kirchnerismo y determinados actos de gestión no impidieron la mimetización con la política tradicional. No abunda mucho de aquel Scioli académico y diplomático que oteaba el horizonte para superar las conflictivas discusiones que ofrecía el escenario más rutinario y apostar al diálogo. Tampoco las acciones de los últimos días no se complementan con ese pensamiento.

Las suspicacias se han comprobado en cuanto el mandatario deja hacer el juego que menos le gusta que es la confrontación con la oposición. Pero ni una sola palabra dice para detener eventuales cortocircuitos. La ley impositiva fue un ejemplo. Defendió su espíritu, pero hubo un "mutis por el foro" ante reclamo previo de modificaciones, aprovechando las últimas semanas de una favorable ventaja numérica en el senado. Una vez aprobada la norma, invitó al diálogo al campo, uno de los principales sectores que denunció haber comprado más castigos que premios por esta reforma.

Respecto de esta ley clave para la gestión Scioli vale resaltar un detalle. Fue muy comentada en los pasillos del senado la ausencia de dos senadores provinciales de la Unión Pro, circunstancia que facilitó el número para que el oficialismo pudiera conseguir la aprobación que aparecía al menos complicada. ¿Implica esto que Francisco de Narváez y Mauricio Macri firmaron un pequeño pacto de olivos con Scioli favoreciéndolo en aprobación de leyes de emergencia? En ese caso… ¿Se advierte coherencia en el empresario y diputado nacional que, con la ausencia de sus legisladores, permite una normativa denostada por su tan protegido mundo agropecuario?

La digresión por la reforma impositiva es tan importante como el anunciado alto en la carrera presidencial de Daniel Scioli.

Calificados voceros de su entorno niegan o disimulan toda expresión de sorpresa por tal renunciamiento del gobernador a las delicias del Sillón de Rivadavia y discutir los grandes temas nacionales con vista exclusiva hacia Puerto Madero.

A manera de un proceso mediático alegan que el jefe de Gabinete, Alberto Pérez, el funcionario que ofició de vocero acerca de la decisión de Scioli, ya había adelantado en el año 2008 a medios locales que había un claro proyecto "a ocho años" y que eso, en buen romance implicaba la apuesta por la reelección. Sin embargo, los memoriosos recuerdan por entonces las críticas que existieron hacia el periodismo que había hecho conjeturas a partir de una frase que, por aquél entonces, era una más de las que habitualmente, se dice, fue quitada de contexto.

Más allá de las anécdotas, los actuales portavoces señalan que nunca hubo una declaración pública certificada de funcionario alguno que hubiera lanzado la candidatura presidencial de Scioli, con lo cual, aluden hubo un exceso de creatividad e imaginación, en ese sentido, por parte del periodismo político. Esto más allá de que, como sucedió, corrieron caudalosos ríos de tinta sobre la aventura presidencial de Scioli con trascendidos de esa naturaleza que no fueron desmentidos durante meses.

El tan mentado "operativo despegue" (que la historia inscribirá en la lista de intentos frustrados), contactos con economistas nacionales y políticos de alto vuelo inducían a pensar en la plataforma con dirección hacia la escena nacional. Para el sciolismo, nada de esto existió y todo quedó como algún globo de ensayo para ingenuos. Tal vez más de un operador haya malgastado su crédito como fuente ante tamaña cantidad de exageraciones e inexactitudes.

Lo importante ahora para el sciolismo es reforzar el propio terreno en el cual se transita. "La Constitución es sabia y permite que se puedan completar en un período adicional obras que pueden quedar pendientes cuando hay verdadera gestión", se ufano el interlocutor oficialista.

Viene entonces una nueva etapa o, al menos, una certeza en el bienio que resta hacia el 2011, la de provincializar la expectativa, que antes se encontraba en otro nivel de expansión. Tiene dos frentes claros: la propia gestión y la arena partidaria dentro del justicialismo.

El tema vinculado a la administración, no es novedad se apuntala en débiles bastones que es menester fortalecerlos y se vinculan con la realidad financiera estatal. Las mil y una posibilidades de evitar los patacones son revisadas en tiempo real. Las semanas siguientes dirán si los cambios impositivos son herramientas tan suficientes como necesarias.

Los límites a la nocturnidad y algunas señales claras en materia de adicciones han surgido de manera muy favorable como ejes de preocupación de Scioli y han ganado la Meca de la gran agenda pública nacional. Pero por el momento sólo esto hay para balancear contra el temerario mundo de la inseguridad.

Todo esta relacionado. Scioli tiene la ventaja comparativa de poder exhibirse desde la gestión, algo que no cuenta a favor de su eventuales contendientes por el poder provincial. Porque lo cierto es que el renunciamiento no tuvo una recíproca gentileza del kirchnerismo que, por momentos, le ha perdido la confianza. Es una realidad a los cuatro vientos que no hay exclusividad en el desafío del 2011.

Los seguidores de Alberto Balestrini señalan que éste no se quedará de brazos cruzados y empezará a armar el andamiaje ideal para dar batalla. Lo mismo parece suceder con el jefe de Gabinete nacional, Aníbal Fernández. El Secretario General de la CGT, Hugo Moyano asegura en el frente interno algo que por ahora niega hacia la opinión pública y es su apetencia política hacia la gobernación. Si su paso por el gobierno nacional se complementa con algún viento favorable en su gestión como intendente de Tigre, Sergio Massa sería otro de los anotados.

Cada uno armará a su modo y el clima de debate y deliberación en el justicialismo bonaerense posiblemente domine el escenario político junto con posibles y similares situaciones en otras alianzas o partidos como el Acuerdo Cívico.

En el sciolismo no sólo que tienen en claro que no hay un elegido como en el año 2007, -oportunidad en que al menos cuatro rivales se bajaron ante el primer gesto de Néstor Kirchner- sino que algunos operadores de primera línea ya están evaluando armados y posibles alianzas para sustentar el proyecto de la reelección. En el plano del armado de estructuras tendrá fuerte competencia, como es sabido. En el interior, por ejemplo las cosas no andan de parabienes. Las intendencias municipales están con las arcas casi vacías. Como dato, vale resaltar que en muchas comunas de menos de 50 mil habitantes se recibe de coparticipación un 30 por ciento de la coparticipación que se recibía en época de bonanza o normalidad.

El camino hacia la reelección, parece ser una tarea titánica y por demás ambiciosa, pero que, por el momento, está asegurando un sueño de supervivencia política. (www.agencianova.com)

Comentá la nota